Cuánto ha evolucionado la comunicación humana. Desde las pinturas rupestres hasta el inglés de Shakespeare, pasando por el chino mandarín o el código morse, el ser humano ha desarrollado distintos lenguajes que le han permitido formar sociedad, evolucionar, adaptarse al medio o esquivar sus limitaciones y alcanzar conceptos como el de la globalización. El caso es que la era tecnológica ha traído consigo nuevos lenguajes que los hombres se han visto obligados a integrar en la cotidianidad casi sin pensarlo, empujados por la falta de tiempo y la inmediatez, que además están en constante evolución y cuya universalidad en ocasiones es dudosa. Para ser más claros: no hay botón, banner o emoticon al que los seres humanos se resistan, pero deben asegurarse de haber hecho la última actualización de la aplicación y no esperar a usar todos los iconos disponibles si no son japoneses.

Con estos códigos, tanto visuales como textuales, se reduce la información a símbolos cuya significación se asume tan fácil por tenerla integrada que mantienen su sentido y significado incluso fuera de sus contextos habituales. La prueba de esto es el trabajo de la artista ucraniana Nastya Nudnik, quien ha insertado símbolos propios de la era del Internet en obras de arte clásicas, ofreciendo una relectura de estos cuadros adaptada a los lenguajes más universales y cotidianos del momento.

En la serie denominada Emoji-nation, Nastya integra de manera inteligente y humorística los motivos digitales en las escenas clásicas, aprovechando la composición visual, la temática o el sentido de las mismas para que su breve intervención sobre ellas tenga la capacidad de traducirlas a momentos del día a día, cercanas a la realidad, abierto el sentimiento representado y creando metáforas de lo más irónicas.

Entre las obras pictóricas elegidas por la autora se encuentran El Jardín de las Delicias de El Bosco, Ceci n’est pas une pipe de Magritte, La creación de Adán de Miguel Ángel o Summer Evening de Edward Hoppe, mientras que sus añadidos forman parte de los iconos de Emoji, de las alertas pop-up de Windows (manteniendo la antigua interfaz, así por dramatizar), de los servicios de Google o de los reconocibles botones de Instagram.
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La autora deja latente su gusto por los contrastes y la dualidad, y sin duda ha conseguido con este proyecto demostrar cuánto más vale la simplicidad.


