Este 19 de febrero, el mundo se despertó con una noticia que parecía imposible: Andrés Mountbatten-Windsor, el hermano menor del Rey Carlos III, fue arrestado. Sí, leíste bien, la policía de Thames Valley confirmó que tienen bajo custodia a un hombre de unos sesenta años y, aunque ya no lo llamamos “Su Alteza Real”, el impacto de ver a un miembro de la familia real (o exmiembro, pues) enfrentando a la justicia es algo que no veíamos desde hace siglos.
Para nosotros, que crecimos cuestionando las jerarquías y exigiendo que el privilegio no sea una excusa para saltarse las reglas, este arresto se siente como un “check” histórico. Ya no se trata solo del chisme de sus amistades dudosas o de las fiestas en islas privadas; el asunto escaló a un nivel penal súper serio bajo el cargo de “mala conducta en un cargo público”.
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Ya no es solo que su reputación esté en el piso (donde ha estado desde hace rato), sino que ahora hay una investigación oficial que busca determinar si usó su poder para beneficiar a alguien tan turbio como Jeffrey Epstein.
Andrés, el hermano del Rey Carlos III fue arrestado

Lo que llevó a la policía a realizar redadas en Berkshire y Norfolk no fueron solo las acusaciones pasadas de Virginia Giuffre, sino un paquete de documentos revelados este 11 de febrero que sueltan aún más detalles del caso de Epstein. Resulta que aparecieron correos electrónicos de cuando Andrés era representante de Comercio Internacional (entre 2001 y 2011).
En esos correos, se ve que el ex duque supuestamente le enviaba a Jeffrey Epstein informes confidenciales sobre oportunidades de inversión en lugares como Afganistán, China y Singapur. Imagínate: mientras él tenía el encargo oficial de representar al Reino Unido, le pasaba información “top secret” a su amigo multimillonario solo cinco minutos después de recibirla. Eso, en términos legales, es un abuso de poder masivo.
Para que lo entendamos fácil: este delito no es cualquier cosa. Se refiere a cuando alguien que trabaja para el Estado usa su posición de forma intencional y grave para hacer algo ilegal o negligente. En el Reino Unido, este cargo es tan serio que la pena máxima puede ser cadena perpetua.

Lo que la policía está investigando es si Andrés cruzó la línea entre ser un amigo imprudente y ser un facilitador de información privilegiada para un delincuente sexual.+
La turbia relación del ex príncipe Andrew con Jeffrey Epstein
Lo que hace que el nombre de Andrés Mountbatten-Windsor cause tanto rechazo es que su conexión con Jeffrey Epstein no era una simple “amistad incómoda”, sino un vínculo que parece sacado de una pesadilla.
Durante años, se ha señalado al ex duque no solo por frecuentar las mansiones de Epstein en Nueva York y su isla privada en las Islas Vírgenes, sino por ser parte activa de un círculo donde el abuso y la explotación de menores eran la moneda de cambio. La acusación más fuerte llegó de Virginia Giuffre, quien aseguró que fue “prestada” al príncipe para tener encuentros íntimos cuando ella apenas tenía 17 años, todo bajo la logística de una red de tráfico que operaba a plena luz del día entre palacios y jets privados.

Pero el horror no se detiene en las acusaciones de agresión sexual. Lo que realmente indigna a nuestra generación es la supuesta complicidad y el silencio que Andrés mantuvo mientras Epstein construía su imperio de terror. Se cree que el ex príncipe utilizó su estatus real para darle un “sello de aprobación” y una capa de respetabilidad a un delincuente sexual, permitiéndole acceso a círculos de poder donde Epstein podía cazar nuevas víctimas y expandir su red de chantaje.
Ver a un miembro de la monarquía conviviendo en esas fiestas, rodeado de chicas que claramente no estaban ahí por voluntad propia, es la prueba de que el privilegio a veces se usa como un escudo para ocultar lo más podrido de la sociedad.
Ahora, con los nuevos documentos revelados, la sospecha es que ese intercambio de favores fue mucho más allá de lo social. Se dice que Andrés no solo disfrutaba de los “beneficios” del estilo de vida de Epstein, sino que también pagaba su deuda compartiendo información confidencial del gobierno británico. Estamos hablando de una estructura de impunidad donde se cree que Andrés se sintió intocable mientras participaba en una de las tramas más oscuras de la historia moderna.
Según informaron de medios británicos, el ex príncipe Andrés fue visto saliendo de una comisaría en Norfolk unas hrs después, luego de permanecer varias horas bajo custodia para responder a cuestionamientos relacionados con presuntas irregularidades en un cargo público y supuestas filtraciones de información sensible vinculadas al caso del financiero Jeffrey Epstein. Tras las diligencias, el hijo de la reina Isabel II fue puesto en libertad, sin que hasta el momento se hayan anunciado cargos formales en su contra, mientras continúan las investigaciones correspondientes.
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