Parece que en pleno 2026, el mundo todavía no está listo para ver a una mujer siendo, simplemente, una mujer. Recientemente, unas fotografías de Gal Gadot captadas “al natural” y sin una gota de edición se volvieron virales, pero no por las razones correctas.
En lugar de celebrar la autenticidad de una de las actrices más icónicas de nuestra generación, las redes sociales se llenaron de comentarios cargados de odio, críticas sobre su piel y juicios sobre su aspecto físico. ¿El “pecado” de Gal? Aparecer sin maquillaje, sin luces de estudio y sin el filtro de Instagram que todos estamos acostumbrados a consumir. La reacción del público fue inmediata y, lamentablemente, dejó ver el lado más oscuro y cruel de internet.
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¡Con nuestra reina no! Las fotos de Gal Gadot al natural que sacaron el lado más tóxico y horrible de internet

Estamos tan intoxicados por la perfección artificial de la IA y los filtros de TikTok que, cuando vemos una textura real o líneas de expresión, el internet entra en crisis. Gal Gadot, quien ha encarnado la fuerza y la belleza idealizada en la pantalla, fue el blanco de ataques por no cumplir con esa expectativa de “perfección 24/7” en su vida cotidiana.
Lo que vimos en esas fotos no fue un descuido, fue realidad. Vimos a una mujer de carne y hueso, una madre, una profesional y un ser humano que no vive para complacer el algoritmo del mundo real. Sin embargo, los comentarios no tuvieron piedad, cuestionando su edad y su “descuido”, como si envejecer o tener un mal ángulo fuera un delito en Hollywood.

Lo verdaderamente preocupante no es cómo se ve Gal Gadot (que por cierto, sigue proyectando una seguridad envidiable), sino cómo nos sentimos nosotros al verla. El ataque masivo hacia sus fotos al natural revela una inseguridad colectiva: nos aterra la normalidad. Hemos normalizado tanto el retoque digital que la piel humana nos parece “descuidada”.
El internet sacó sus peores inseguridades y las proyectó en ella, es más fácil criticar la textura de la piel de una actriz que aceptar que nuestros propios cuerpos también cambian, también tienen marcas y también son válidos sin necesidad de un retoque de 30 segundos en una app.

Gal Gadot no necesita defensa, su trayectoria y su seguridad hablan por sí solas pero nosotros, como audiencia, sí necesitamos una intervención. Seguir exigiendo que las mujeres en el ojo público mantengan una estética de maniquí las 24 horas del día es violento y, sobre todo, irreal.
Estas fotos “al natural” deberían ser un recordatorio de que la belleza no es un estado estático de perfección, sino la libertad de ser uno mismo sin pedir permiso. Si te ofendieron o te sorprendieron las fotos de Gal sin filtro, el problema no es ella, son tus prejuicios. Es momento de dejar de atacar la naturaleza y empezar a cuestionar por qué nos molesta tanto ver la verdad.
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