Una de las películas que todos recordamos es la de Los pequeños traviesos (1994), donde el actor principal era Bug Hall, quien le dio vida al icónico personaje de Alfalfa. Lo que no sabíamos es que después del éxito de sus películas en la infancia, su vida se convertiría en algo muy oscuro.
Después de Los pequeños traviesos, Bug Hall no desapareció de inmediato. Durante los años noventa y principios de los dos mil siguió trabajando en cine y televisión, participando en películas que muchos niños de esa generación también recuerdan con cariño, como The Big Green (1995) y Honey, We Shrunk Ourselves (1997). Aunque nunca volvió a alcanzar el nivel de fama que tuvo como Alfalfa, su rostro seguía siendo reconocible y su carrera parecía avanzar con normalidad.
Se volvió radical: Así vive ahora Bug Hall, el actor de Alfalfa
Sin embargo, conforme pasó el tiempo, los papeles importantes dejaron de llegar. Bug Hall comenzó a alejarse de Hollywood y, poco a poco, su presencia en la industria se fue diluyendo. Lo que parecía un retiro discreto terminó tomando un giro más oscuro en 2020, cuando su nombre volvió a aparecer en los titulares, pero no por un nuevo proyecto.

Ese año, Hall fue arrestado en Texas luego de ser encontrado inhalando sustancias químicas de latas de aerosol cerca de un contenedor de basura de un hotel. El incidente lo llevó a enfrentar cargos relacionados con posesión de drogas y marcó un punto de quiebre en su vida pública. Para muchos, ese momento confirmó que el exactor infantil atravesaba una crisis profunda lejos de las cámaras y la nostalgia que rodeaba su imagen.
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Tras ese episodio, Bug Hall prácticamente desapareció del radar de Hollywood. Fue entonces cuando comenzó a compartir una nueva narrativa sobre su vida. Decidió unirse a una conversión religiosa radical y al rechazo total a la sociedad moderna. Hall se convirtió al catolicismo tradicional, adoptó un voto de pobreza y se mudó con su familia a una granja en Michigan, donde vive bajo un estilo de vida austero inspirado en San Francisco de Asís. Él mismo se ha descrito como un “campesino medieval católico”, centrado en la oración, el trabajo manual y el aislamiento.

Este cambio extremo ha provocado que muchas personas describan su entorno como una comuna o incluso una secta, no tanto por una afiliación formal, sino por el nivel de radicalización de su discurso y su ruptura absoluta con la vida contemporánea.
Uno de los momentos más polémicos que ha tenido el exactor fue en 2024, cuando Bug Hall anunció el nacimiento de su primer hijo varón con un mensaje que generó indignación inmediata. En la publicación se refirió a su hijo como su “heredero”, mientras que a sus hijas las llamó “lavaplatos”. El comentario fue duramente criticado por su carga misógina y sexista, al reducir a sus hijas a roles domésticos y jerarquizar a su hijo como figura de poder dentro de la familia.
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Lejos de disculparse, Hall defendió sus palabras y reafirmó su visión tradicional de género, lo que reforzó la percepción de que no se trataba de un error aislado, sino de una postura ideológica profundamente arraigada. Para muchos, estas declaraciones evidencian cómo su extremismo religioso ha derivado en una visión restrictiva y preocupante sobre el rol de las mujeres, incluso dentro de su propio hogar.
La historia de Bug Hall es un recordatorio incómodo de cómo la fama infantil no garantiza estabilidad en la adultez, y de cómo el aislamiento, las crisis personales y las creencias radicales pueden transformar por completo a una figura que alguna vez fue sinónimo de ternura y nostalgia. El Alfalfa que el público recuerda poco tiene que ver con el hombre en el que se ha convertido hoy.
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