Friedrich Nietzsche menciona que “sin música la vida sería un error”. En casi todos los momentos de nuestra vida ha existido una canción detrás, para los músicos y compositores es un reto mantenerse vigentes con el crecimiento potencial de nuevos grupos, canciones y géneros. Juntos conforman una escena muy distinta a la de hace algunos años, ya que la tecnología ha permitido que el contenido se masifique de manera directa en un abrir y cerrar de ojos.
Esa transición ha conseguido que muchos ya no escuchen un disco completo, nos encontramos en la era del sencillo, del playlist, donde sólo muy pocos se disponen a ponerle atención a todo el trabajo de los compositores; por eso, el argentino Andrés Calamaro ha optado por nuevas alternativas para llegar al público que tiene cautivo desde hace más de 30 años de carrera.
En entrevista previa a sus presentaciones en el Teatro Metropólitan como parte de su gira “Licencia para cantar” –un show acústico e íntimo– y el estreno de su más reciente producción “Volumen 11”, comentó su situación actual en el mundo de la música.
Sus más recientes presentaciones en vivo se han caracterizado por una petición desde el inicio del show: no celulares. El formato que lleva es acompañado tan sólo por un trío de piano, contrabajo y percusiones que genera una atmósfera que podría romperse con el simple y pequeño destello de una luz.
“Digamos que en un teatro, sentados y escuchando, se podría proyectar una mayor intimidad ‘musical’ que en otro tipo de conciertos de sonido más expansivo”.
Menciona que siempre pide a la gente que guarde silencio y disfrute del momento. A pesar de que la naturaleza de los aficionados sea beber una cerveza, estar de pie, cantar y sacar algunas fotos, Calamaro piensa distinto, ofrece un repertorio que permite escuchar dentro de otra dinámica. Toca sus éxitos, el público canta, pero no es un ritual catártico todo el tiempo.
“En los conciertos de música culta y en las obras de teatro el uso del teléfono con luz está perfectamente prohibido. A mí un destello en la oscuridad me distrae un poco y es muy posible que esté molestando a alguien sentado en la penumbra, otro que pagó la entrada y quizás quiera vivir el momento sin un teléfono a todo trapo a centímetros de la cara …”
En su más reciente producción “Volumen 11” Calamaro retoma el sonido rockero que hace años lo caracterizó. En sus presentaciones en vivo sigue haciendo mención a las bandas que lo vieron comenzar en la escena musical “Los Abuelos de la nada” y “Los Rodríguez”, pero ahora, tras diversas circunstancias, decidió arriesgarse a un nuevo reto para complacer a sus seguidores que han convertido canciones como “Flaca”, “Crímenes perfectos” y “Tuyo siempre” en verdaderos clásicos del rock en español.
El reto comienza con esos éxitos, ahora sabe que el hecho de que una de esas piezas perdure como aquéllas que la gente pide a gritos depende por completo de ellos, ya que no todas quedarán grabadas en sus cabezas, sin embargo, “El Salmón” –como también es nombrado el argentino– no duda que alguna de las canciones se conviertan en una más de ese catálogo.
“Todo depende de la suerte que tenga el disco. Según el público quiera complicarse escuchando el álbum y ‘adoptándolo’ como algo habitual. Es de contenidos interesantes. Tiene frases para tatuarse y melodías para cantar toda la vida”.
Él considera a la música como un medio donde las posibilidades son interesantes y le permiten vivir como un ciudadano de la burguesía dinamitera, por eso sigue en este camino a sus 55 años. Ahora retoma el rock como estandarte y enfrenta un nuevo reto: la indiferencia.
“El reto de la indiferencia: Que exista gente interesante dispuesta a escuchar el disco entero con disciplina, como se escuchan los discos. Conociéndolos enteros”.
En otras entrevistas, Andrés ha comentado que por desgracia no se le puede dar gusto siempre al público, siempre habrá quien espere recordar algún momento pasado. Genera expectativas con las que es complicado cumplir, sin embargo, Calamaro siempre busca cantar inspirado.
“Cantar siempre inspirado es una responsabilidad. Yo busco en la interpretación dinámica el mejor concierto posible. No sé qué me inspira hasta el momento que estoy cantando en escena. La inspiración para cantar responde a una serie de mecanismos sutiles”.
“Me gustan mis próximos proyectos. Si no hiciera música, la seguiría escuchando”.
Tras más de tres décadas de carrera, 14 álbumes de estudio, 6 en vivo, recopilaciones y múltiples colaboraciones, Andrés Calamaro no se ve lejos de la música por mucho tiempo porque sabe que es importante la fidelidad a sí mismo y a sus ideas.
