No todas las historias de amor son perfectas, hay algunas en las que los problemas ni siquiera son con la pareja, sino con la familia, en especial con la suegra. Lo sé, suena bastante cliché pensar en la suegra que odia a la nuera, o la que no deja que el yerno visite a su hija, pero hay que aceptarlo: si pasa y es más difícil de lo que te imaginas.
Tener una suegra que parece odiarte no siempre el algo que se note a la primera, sino en las acciones constantes: en cómo invalida tu opinión, te compara con cualquier persona o en cómo intenta marcar territorio como si el amor fuera una competencia.
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Esta carta no es para decirte que “todo va a estar bien” ni para pedirte que seas la persona más madura de la habitación todo el tiempo. Es para recordarte algo más simple y más real: no estás exagerando si sientes que tu suegra te está haciendo a un lado, porque cuando alguien se empeña en hacerte sentir incómoda, pequeña o fuera de lugar, es normal que duela.

Sería increíble que todas tuviéramos a esa suegra que te pregunta cómo estás, que se preocupa por ti, que se alegra por tus logros como si fueran de ella, que te recibe en su casa como a un miembro de la familia más, que te aconseja y hasta te enseña a hacer el agua de horchata que tanto le gusta a su hijo. Pero desafortunadamente no es así y si estás aquí, probablemente es porque no eres parte de es club.
Hay suegras que no te odian por quien eres, sino por lo que representas: representas un cambio, un vínculo que ya no les pertenece, un lugar que antes sentían suyo y que ahora no controlan. Eso no justifica nada, pero sí explica muchas cosas, pues a veces el problema no eres tú, sino el miedo de alguien más a perder protagonismo en una historia que ya no gira solo a su alrededor.

Cuando alguien quiere hacerte la vida imposible, suele hacerlo de formas muy específicas: te pone a prueba, te hace sentir que nunca eres suficiente, te obliga a demostrar cosas que nadie más tiene que demostrar. Y lo más desgastante es que muchas veces lo hace con una sonrisa, como si estuviera disfrutando del momento.
No es tu responsabilidad ganarte el cariño de alguien que decidió no dártelo, no es tu trabajo caer bien, agradar, adaptarte o convertirte en una versión más cómoda de ti para que otra persona esté tranquila. Esta carta no es una invitación a pelear, pero tampoco a quedarte callada para siempre, es una invitación a poner límites, aunque incomoden.
Si estás en una relación donde tu pareja no ve, no escucha o minimiza lo que pasa, hay que tener cuidado, pues eso también importa. No se trata solo de una suegra difícil, sino de cómo se maneja el conflicto en equipo. No estás sola, no deberías sentirte sola y no es exagerado querer ser defendida cuando alguien cruza límites.

Y si algún día decides alejarte emocionalmente, poner distancia o priorizarte, no te sientas culpable, elegirte no te convierte en la villana. Te convierte en alguien que aprendió que su bienestar también cuenta.
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