–Maldito viejo asqueroso, hágaselo a su madre, a su hermana, a ver si les parece, Cabrón–.
Paulina tomaba vuelo con su bolso para ensartarle un golpe certero al viejo. Eran las 7 de la mañana y ya había acosado a siete mujeres en el transporte y la calle. Reía como si lo que hubiera hecho fuera una travesura de la infancia.
–Está loca, señorita, ni la he tocado–, recitaba como si supiera las palabras perfectas después de tantas acusaciones recibidas.
Era una avenida tranquila en medio de Periférico y Cafetales. No el transporte, no en soledad, la gente circulaba mientras el pleito tenía lugar. La furia invadió el rostro de Paulina, dispuesta a no dejar que las cosas se quedaran como siempre. Se paró en seco pero el viejo de unos sesenta años, cabello cano, ropa deportiva y risita disimuladamente hipócrita, continuó caminando.
Ella lo agarró de la chamarra con tanta fuerza que los botones a presión se abrieron. Traía una playera blanca sucia, casi café. Su sonrisa se hizo menos disimulada y más intensa. –Qué le pasa, vieja psicópata, pendeja, ¡Policía!– recitó el desagradable sujeto que decidió cambiar su rumbo y acercarse a un policía que intentaba proteger a los ciudadanos en el entronque con Tenorios.
Paulina asestó un golpe fúrico pero él la esquivó. Una patada entonces, pero pareció no dolerle, ni siquiera inmutarlo.
–¡Policía!– gritó de nuevo él, mientras un sujeto encorvado, moreno y con uniforme azul desgastado, se acercaba a prisa. –Esta mujer histérica intentó golpearme en repetidas ocasiones, yo sólo caminaba por aquí, no sé qué le pasa, seguro está en sus días–. Ella intentaba explicarle lo que había ocurrido con calma, sin alterarse pero el policía no la escuchó. La llevaron a prisión. Hoy es su segundo día en el ministerio público y nadie ha logrado comprobar su inocencia.
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Que te saluden en la calle
Ya es bastante molesto cuidarte de las miradas. En México es tan común que un extraño en la calle te salude para hacerte sentir incómoda y vista, que no dudarías en seguir por tu camino e ignorarlo, evidentemente con un poco de miedo, rubor en las mejillas y en tu mente, cientos de respuestas que hubieran matado el ímpetu misógino de tu agresor.

Que te toquen
El relato de inicio es sólo un ejemplo. Para las mujeres mexicanas es indispensable subir en los vagones destinados para mujeres si no quieren sentir miembros calientes y erectos rozando sus nalgas. No sólo los miembros, antes de cualquier cosa, una mujer debe mirar a su alrededor para ver la ubicación de las manos de quienes están junto a ella. Si por casualidad están justo a la altura de sus nalgas, la mujer debe vigilar bien para que no exista un malintencionado toqueteo.

Que te vean
Un escote, pantalones ajustados, vestido, falda o cualquier cosa que haga resaltar la piel debe usarse con cuidado y con limitantes porque el trayecto puede convertirse en un martirio con miradas penetrantes llenas de lujuria capaces de intimidar más que cualquier cosa.

Que te callen
Mansplaining es una nueva palabra que se usa cuando un hombre considera que sabe más que una mujer e intenta explicar con condescendencia o simplemente la calla. Ocurre en todo el mundo y en México es tan fuerte que las discusiones familiares acaban con un hombre sentado en la cabeza de la mesa dando golpeteos e interrumpiendo a su pareja. Las juntas donde una mujer ha decidido exponer su idea, sufren sentencias como “lo vemos después” o simplemente con un interlocutor que comienza otra idea para evitar llegar al punto que ella busca.
Que te digan que tu humor depende de tu menstruación
Si estamos volubles, aseguran que se debe a que atravesamos por “nuestros días”, como si fuera suficiente motivo para volvernos débiles, lloronas e irritables. Aunque sea o no así, este un argumento se convierte en un acto machista por el simple hecho de considerar que nuestro sexo y sus procesos naturales son una carga culpable para nuestras acciones.

Un piropo malintencionado
En la calle, los piropos de conductores veloces que los dicen y huyen, o los transeúntes que consideran que no recibirán castigo, son cosa de todos los días. Buscamos una buena respuesta pero a veces la impotencia es más e intentamos ignorarlos.

Que te maten
Hace unos días ocurrió la marcha contra feminicidios en toda Latinoamérica. México es uno de los países en los que la violencia hacia la mujer es insoportable. Como reflejo de una sociedad decadente, en México son asesinadas seis mujeres al día y ocupa el lugar 16 en el mundo por la tasa de feminicidios. Entre 2012 y 2013 ocurrieron 3 mil 892, fueron investigados 613 y de esos el 1.6 % recibió sentencia.
Ahora puedes entender por qué México es un país decadente, y si no, te recomendamos estas 8 películas mexicanas.

