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La razón por la que los hombres violentan a las mujeres

9 de enero de 2018

Atawallpa Oviedo


Desde algunas teorías feministas, la causa de la violencia de los varones hacia las mujeres está en el paradigma patriarcal. Esta es una verdad a medias, pues las víctimas del patriarcalismo también son los hombres, los que de manera posterior descargan su frustración sobre las mujeres. Los niños y adolescentes que han sido afectados y deformados en su masculinidad dejan de ser personas sanas y equilibradas para convertirse en machos agresivos y prepotentes. Así, los que son obligados a demostrar que son "hombrecitos", que deben batirse con los otros para demostrar cuán fuertes son, que deben esconder sus sentimientos, ya que caso contrario son unos débiles, etc.; todos ellos se ven alterados en su condición natural y devienen en machos-alfa que compiten por ser el mejor, el más poderoso, el más rico, el más grande. Pero como dentro del sistema patriarcal obligatoriamente tiene que haber un ganador y no la ayuda mutua como establece el paradigma de equilibrio varón-mujer —integralidad—, surgen frustraciones y decepciones que les provoca sentirse perdedores o derrotados. Todo esto los lleva a buscar culpables y responsables en los otros, reaccionan con cólera contra sus hijos y su compañera.


Por otra parte, el patriarcalismo ha deformado su sexualidad, los presiona a iniciarse lo más pronto para comprobar su virilidad y por lo general lo hacen con prostitutas. Esto se convierte en una primera y decepcionante experiencia que luego trae consecuencias, al descubrir así la sexualidad se derrumba todo lo que había imaginado que sería la primera vez, el primer beso, el primer amor, etc. Le lleva a desvalorizar la sexualidad y pierde la magia de la expectativa y de la satisfacción. El sexo se convierte en algo profano o mundano, ya no en algo sagrado o especial, como lo creía aquel adolescente soñador que se abría al mundo. Luego tomará a las demás mujeres como a la prostituta con quien descubrió su sexualidad, como a un objeto que utiliza para saciar sus impulsos. A partir de esto, ha dejado de ser un varón y se ha vuelto un semental que riega su infortunio en todas las mujeres que encuentra en su camino.




Al no hallar plena satisfacción en los cabarets, lo intenta a través de la pornografía, en la que observa a esos hombres capaces de resistir exageradamente el acto sexual, así como a esas mujeres exuberantes con cuerpos que destilan sensualidad, su instinto sexual se amplifica y quiere poseer mujeres hermosas, pierde el control y se lanza a violar a alguna mujer cercana para satisfacer su ansia; aquella que no se calma al no existir amor de por medio, tan sólo la reacción de ira por no tener a esa mujer anhelada y de no ser como esos hombres de prominentes miembros.


Luego se casan por miedo a la soledad, por economía, por estatus, por agradecimiento, por tener un cuerpo a quien poseer, etc., pero de inmediato se dan cuenta de que esa relación no funciona, de que no la aman. Los hijos que nacen no son producto del amor, por lo que vienen sin esa fuerza primordial y se crían en un hogar donde no hay respeto, comprensión, o armonía, sino en uno en el que papá y mamá son seres frustrados, amargados, enervados. Así será con los hijos de sus hijos, lo que se convierte en una cadena de generaciones desnaturalizadas y desvirtuadas de su masculinidad y feminidad auténtica.


Pero lo más grave es el patriarcalismo religioso, que le dice al varón que la mujer es la culpable del pecado original, que ella es la causante de haber sido expulsados del paraíso, de que fue débil y se dejó atrapar por las tentaciones del diablo; y como consecuencia fue castigada a parir con dolor y a que su menstruación la vuelve impura. ¿Cuál es la imagen que recibe ese niño sobre la mujer?, ¿qué es lo que se queda en su inconsciente?, ¿quién es la responsable de sus desgracias? Luego todo eso se hace presente en la vida juvenil y adulta a través de culpabilizaciones y castigos inconscientes hacia ellas, de quienes se expresan de muchas maneras. En el inconsciente colectivo del mundo patriarcal se ha transmitido por más de 5 mil años esta visión pecaminosa de la sexualidad, en el sentido de que es sucia y mala, lo cual le ha conducido a maltratar la suya y la de ellas. La energía sexual es la energía más poderosa, es la fuerza creadora, germinadora y dadora de vida, cuando esta energía no es tomada ni canalizada se vuelve una conciencia del mea culpa, que necesita castigarse y castigar a todo, en especial a esa mujer que representa el arquetipo de la traidora y la cómplice del mal (Diablo).


A esto se añade la frustración social cuando observa que no puede tener lo que ciertos varones afortunados tienen, que lo que gana no le alcanza; por otro lado, se da cuenta que hay hombres que roban en altos puestos dentro del Estado, que con el dinero se puede conseguir todo lo que se quiera, etc. Ese hombre frustrado que no puede vivir una vida digna, descarga toda esa rabia en su mujer y sus hijos. El patriarcalismo del capitalismo es el que más desengaños trae, por ello es que cada vez son más altos los niveles de feminicidios, de violaciones, de acoso sexual, de violencia intrafamiliar, etc.



Este el tipo de varones que ha creado el patriarcalismo, llenos de fracasos, culpabilidades e iras que han sido acumuladas histórica y genéticamente, y ante la impotencia la canalizan de manera destructiva en guerras de conquista, en invasiones, en atentados, en ataques, en competiciones, etc. Y los perdedores de todo ello, que son casi la totalidad de los varones, descargan su pesar entre los miembros más cercanos de su entorno.


Para que este patriarcalismo funcione y se consolide, los patriarcas —si empezamos desde Abraham— han enseñado cómo dominar al otro, pero para que lo aprendan primero lo hacen en casa al someter a su mujer e hijos. Esto es lo que cada padre descendiente de las religiones monoteístas ha hecho en su hogar desde hace unos 6 mil años en Medio Oriente, unos 2 mil 500 años los europeos y los asiáticos, y desde hace 500 años los padres de todo el mundo. Entonces es necesario ir a las causas que lo provocan: el problema está en el sistema patriarcal que genera un tipo de varones, los que luego desatan sus pérdidas con ellas. Por otra parte, las leyes de protección de la mujer siguen la lógica patriarcal, que lo único que hacen es reprimir, ya que no educan ni sanan, por el contrario, aumentan la violencia contra las mujeres de distintas maneras.


Los varones tenemos que hacer nuestra sanación personal, entender que somos los portadores de la frustración y la rabia de todos los hombres antes de nosotros. Que llegamos a este mundo y heredamos el dolor, el sufrimiento y la tristeza de nuestros ancestros; los cuales no sabemos manejar de manera adecuada y lo que hacemos es destruir a nuestras parejas, no precisamente por ellas, sino porque no sabemos qué hacer con esa carga que portamos. Así que lo que solemos hacer es rechazar, juzgar y criticar a nuestros padres, abuelos y demás varones de nuestro linaje; con ello lo único que hacemos es afirmar y fortificar todo lo que no queremos ser.



Nuestra sanación y cambio vendrá cuando seamos comprensivos, respetuosos, agradecidos, con todo lo que ellos fueron, aunque no lo entendamos ahora. Cuando seamos capaces de honrar todo su malestar, su desaliento, su cólera, sólo así podremos cortar con el pasado y esa nueva conciencia la trasmitamos genética y culturalmente a nuestros hijos e hijas; los que ya serán fruto del amor y no de un momento de aburrimiento, de un vacío, de un miedo, de una decepción. Cuando amemos a todos y todo en su condición actual viene el cambio; si esperamos que cambien para amarlas, entonces eso no llegará. Sólo desde el amor viene la transformación, lo que viene del odio, la venganza o el juzgamiento sólo genera más de lo mismo. Esa la historia mundial desde el patriarcalismo hasta su cúspide máxima en nuestros días con sus diferentes ramas políticas, sociales, económicas, familiares, conceptuales, etc.


Tantos hablan de cambios, revoluciones, liberaciones, pero estas no llegan solas, pues todas siguen las mismas estructuras patriarcales, y desde ahí sólo hay nuevas formas de dominación y sometimiento. Salir del capitalismo sin salir del patriarcalismo en todas sus facetas sólo genera capitalismo de Estado. Si no hay cambio personal, todo cambio social es una falacia y viceversa; si el cambio personal no está encaminado a un cambio social sólo es una ilusión.


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Como hombre, ¿alguna vez te has preguntado si eres parte de la cultura de la violación? Aquí respondemos todas tus dudas.


TAGS: Feminismo Mujeres violencia
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Atawallpa Oviedo


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