I’ve never seen a diamond in the fleshI cut my teeth on wedding rings in the moviesAnd I’m not proud of my addressIn the torn up townNo post code envy…And we’ll never be royals.
Es lo que dice Lorde en la canción que le diera fama mundial. Básicamente, la canción es una reflexión de todo eso que no necesitamos para ser felices y que, aunque nunca tengamos coches de lujo y una vida de privilegios más vale pasarla bien con unas cuentas monedas que estar aburridos de ser realeza. ¿Cuántas revistas no compramos porque queremos vernos como las modelos de la portada? sin darnos cuenta que lo que todo ese hermoso material provoca es que estemos a cada momento y cada página deseando lo que no tenemos. Aspirando a base de invertir miles y miles de pesos en tener una vida perfecta, aunque sea por fuera, para entonces conducirnos por un camino rodeado de otra gente hermosa que suele asistir a lugares caros, y posicionarnos como gente de “elite”. Tal vez estemos hartos de la típica historia de Hollywood en la que los ricos son infelices con su vida porque no saben disfrutar de los placeres simples. Pero, en el fondo, daríamos lo que fuera por estar un momento en sus zapatos y ser perseguidos por paparazzis por el simple hecho de ser famosos porque sí; por tener una vida de excesos gracias al dinero, como la mayoría de las estrellas que todos seguimos en Instagram o Twitter: el fenómeno Kardashian.
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