“Discreto amigo es un libro:
¡qué a propósito habla
siempre en lo que quiero yo,
siempre en lo que yo no quiero…!”
– Calderón de la Barca
Para leer un libro necesitas tiempo para ti. A veces es difícil que entre tantas ocupaciones y preocupaciones lo consigamos, cuando lo hacemos, nos sumergimos inmediatamente entre sus páginas y queremos devorar las hojas que poco a poco vemos. Imaginamos un mundo nuevo, olemos las hojas y nos encanta, lo cuidamos y a veces lo rayamos para hacerlo nuestro, para darle vida más allá de sus páginas, porque un libro se convierte en un compañero entrañable, en nuestro mejor confidente y el único que conoce las lágrimas de tristeza y alegría que puede provocar la imaginación.Aquellos que sentimos un aprecio enorme por ellos, no necesitamos viajar para lograr conocer lugares y mucho menos ver una película para emocionarnos por la vida ajena de un nuevo héroe. Un libro nos da todo y nos vuelve especiales, porque hay cosas que nos caracterizan a los amantes de los libros, pequeñas manías que enloquecen a los demás y también nos enloquecen poco a poco. Aquí algunos puntos con los que seguro estarás de acuerdo.
Prestar un libro

Ese presentimiento de que el libro nunca regresará o estará maltratado al volver, nos hace un tanto paranoicos. No sabemos cómo lidiar con eso y quisiéramos tener un corazón más frío para no caer en las súplicas de nuestros amigos que nos piden un libro. Tenemos una selección de personas a las que le hemos prestado libros y con responsabilidad los entregan tal y como los recibieron, y sabemos a quién, por nada del mundo, debemos darle uno de nuestros valiosos tesoros.
Romper un libro o maltratarlo
Ya sea una mancha de café, que las costuras se estiren demasiado y el tomo comience a deshojarse o simplemente se doble en alguna página, los libros significan tanto para nosotros que nos sentimos como estúpidos por haber permitido que eso ocurra. Nos remuerde la consciencia y creemos que con tan sólo recorrer unos instantes el día, hubiéramos podido evitar tremendo desastre.
No tener tiempo para leer
La escuela, el trabajo, los compromisos familiares y con los amigos, nos dejan un espacio muy pequeño para nuestra autocomplecencia, para disfrutar de lo que realmente nos gusta: leer. Así que cuando no estamos demasiado cansados u ocupados, aprovechamos para abrir nuestro libro favorito y comenzar a internarnos entre sus páginas, sin embargo, esos momentos se reducen a una vez a la semana o menos, lo que nos hace sentir un poco vacíos.
No saber qué libro leer
Acumulamos libros, nos encanta tener tomos de sobra para comenzar a leerlos en la oportunidad que tengamos. Cuando estamos a punto de finalizar el libro que estamos leyendo nos enfrentamos al librero y los libros todavía en su plástico. ¿Cuál escoger? Todo depende de nuestro estado de ánimo y la capacidad que tengamos en ese momento para enfrentarnos a las páginas de algunos que están formados en la lista de espera, pero sin duda es una definición complicada.
El sentimiento de vacío al acabar un libro
Ya sea que los personajes tengan un final feliz o no, cuando una historia termina, algo sucede en nuestro interior. Quisiéramos conocer más de sus vidas, de lo que ocurrió después de que las páginas terminan, pero es imposible, es el final de nuestra historia con la del libro.
Encontrar el libro que tanto buscabas y no llevar suficiente dinero
Mucho de nuestro dinero está destinado a enriquecer a las librerías porque queremos tener todos los libros que deseamos leer aunque la vida no alcance para hacerlo. A veces codiciamos un tomo muy difícil de encontrar, el que tal vez ya no se edita en nuestro país o simplemente hay escasas ediciones por el poco éxito comercial que tuvo, pero lo anhelamos tanto que daríamos cualquier cosa por tenerlo en nuestras manos. Buscamos en cada rincón de las antiguas librerías y preguntamos, pero nunca está. Un día no llevamos dinero y el destino es tan cruel que mágicamente aparece y nos queremos matar.
Entrar a la librería y salir con libros aunque no pensabas comprar ninguno
A veces, aseguramos que sólo queremos entrar a la librería a ver las novedades y hojear los libros, pero ese plan nunca nos funciona porque salimos del lugar con volúmenes de libros que no conocíamos. Abandonamos la librería sin un centavo, con un poco de culpa pero felices por nuestras adquisiciones.
No dormir por querer terminar la novela
Sentir que los ojos pesan como nunca pero no querer cerrarlos para poder acabar nuestra novela preferida es algo que todos los amantes de los libros hemos experimentado. La emoción de la historia nos sumerge en las páginas y con el pretexto de sólo leer una más, continuamos hasta acabar el tomo o hasta que amanece.
Que la gente se enoje porque no pones atención mientras lees
Muchas personas creen que podemos leer y escucharlos al mismo tiempo porque no saben la concentración que necesitamos para adentrarnos en la historia. Quieren tener una conversación con nosotros mientras ven que estamos leyendo, como si se tratara de mirar la televisión o escuchar música, pero, recuérdenlo, amigos de lectores, no es lo mismo; y cuando leemos queremos paz y tranquilidad.
Personas a las que no les gusta leer
No es que seamos intolerantes, pero a veces no logramos comprender cómo una persona puede decir que no le gusta leer, porque los libros son nuestros mejores amigos y amamos la idea de viajar a través de sus páginas.
Perder la página en la que ibas
A veces, cuando viajamos en el transporte público, no tenemos las herramientas adecuadas para leer nuestro libro y, para no doblarlo o maltratarlo, intentamos dejar una pista y recordar la página en la que íbamos pero de repente se nos olvida. En otras ocasiones simplemente se cae el separador y nuestra página desaparece. Sabemos que nunca más encontraremos el lugar exacto, sobre todo si es un tomo grande, por lo que en una aproximación, leemos algunas páginas que nos recuerdan que eso ya lo leímos.
Malas traducciones
Sabes que ese tomo que compraste en una editorial cuyo desempeño por la traducción es pésimo, no lo apreciarás igual. Entiendes que el autor no quiso decir lo que quien lo tradujo entendió y así, el libro te deja un mal sabor de boca.
Reír o llorar por un libro mientras viajas en autobús
La trama es tan interesante que muchas veces no importa ir en el camión leyendo, porque vivimos atados al tomo y cualquier instante es el ideal para pasar las páginas. Pero el poder de sumergirnos en la historia muchas veces provoca que ríamos descontroladamente o soltemos una lágrima y nuestros compañeros de camino nos miren de manera extraña.
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