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Razones por las que la religión necesita hacernos sentir culpables

21 de marzo de 2018

Cultura Colectiva

¿Por qué confesar que has hecho tal o cual cosa? ¿Con qué autoridad moral ellos te pueden recetar la penitencia perfecta para redimir tus desatinos?



Antes de cierta edad, es normal que las personas no cuestionen lo que ven o aquello que sucede a su alrededor. Se podría decir que la conciencia crítica nace a partir de la adolescencia. Antes de adquirir este sentido crítico —o como le quieran llamar—, parece que todas las cosas se hacen en automático o por pura obligación; casi como si necesitáramos que alguna autoridad dirigiera nuestros actos y pensamientos.


Por su parte, la Iglesia católica es una institución, como muchas otras, que están sujetas al escrutinio público. Muy probablemente, sus creyentes no empezarán a adquirir ese sentido crítico sino hasta la edad de 18 ó 20 años, por decir algo. Hay varios pilares filosóficos que rigen a esta organización tan criticada: el sentimiento de culpa o la idea de que Dios es un ser castigador, y la idea de que si no vives conforme a sus reglas irás al Infierno.





Todas estas ideas que tiene la Iglesia católica son aterradoras y hasta repugnantes. Seguro que muchos jóvenes sintieron un gran alivio cuando sus padres ya no los obligaron a asistir a misa, esa ceremonia tan tediosa y monótona como ver el canal del Congreso. A los ojos de un niño, siempre hay cierto dejo de curiosidad alrededor de la gente que no comulga; porque en el fondo, cada que te quedas sentado en tu banca y no comulgas, el sentimiento de culpa te ataca de una u otra forma. El ritual de la comunión tenía dos aristas: los que comulgan son vistos como buenas personas, y probablemente los que no lo hacen sienten una gran presión sobre sus hombros, un agudo sentimiento de culpa. La confesión, como parte del ritual católico, tiene un doble sentido; por una parte está el alivio por haberlo hecho —en un confesionario, ante un desconocido—, y por otra parte está la obligación de hacerlo por presión social.


Justamente la confesión es algo que suscita mucha polémica. ¿Por qué confesar que has hecho tal o cual cosa? ¿Con qué autoridad moral ellos te pueden recetar la penitencia perfecta para redimir tus desatinos? ¿Por qué la obsesión por satanizar el cuerpo humano y todo lo que emane de él? Todos estos temas son tabú para la agenda de la Iglesia católica. En los mandamientos dice "no matarás"; sin embargo, durante la Inquisición ellos mataron a miles y cometieron atrocidades que años después condenarían. Por si fuera poco, desde hace algunos años han empezado a surgir los casos de pederastía en el seno de la iglesia —como ejemplo de ello, recordemos al nefasto Padre Maciel.





La posición de la Iglesia católica en temas como la diversidad, el comportamiento sexual, los métodos anticonceptivos, la eutanasia y la masturbación, dan mucho de qué hablar. Siempre han mantenido estas posturas desde el inicio. Lo interesante aquí son las contradicciones en las que se cae. Por ejemplo, en el tema sexual, ellos mismos cometen los crímenes que descalifican y denuncian como impuros. Además de esto, se sabe perfectamente el enriquecimiento ilícito al que ha recurrido esta institución a lo largo de los años. Otro tema en el que surgen discrepancias es el de la fe. Es un poco difícil creer que tanta gente tenga puesta su fe en algo que no es palpable o que no tenga una razón lógica o científica. Si la humanidad quiere avanzar, debemos de desprendernos de todas estas ideas y prejuicios, que funcionan como lastres para nuestra propia evolución. Las ciencias y la tecnología han avanzado a pasos agigantados; y no podemos seguir censurándola por simples dogmas o ideas religiosas no fundamentadas. Otra de las cosas que la religión estigmatiza es el cuerpo humano, que se encuentra confinado, como si su único fin fuera la reproducción. Lo demás es impuro y debes arrepentirte de ello, porque así dice en los mandamientos. Debes desprenderte de la sensualidad inherente que deriva del mismo.





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El texto anterior fue escrito por Adrián Espinosa.


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La historiografía y las investigaciones arrojan que la mayor parte de lo que dice la Biblia es tanto histórica como científicamente incierto; algunas personas existieron, pero todo el contexto y los hechos sobrenaturales, son producto de la imaginación y de la participación de más personas de las que pensamos.



TAGS: Religión crítica Iglesía Católica
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