Estilo de vida

Razones por las que nos cuesta expresar nuestros sentimientos

Estilo de vida Razones por las que nos cuesta expresar nuestros sentimientos



Frecuentemente -y como seres racionales- motores externos e intrínsecos a nosotros nos despiertan emociones y posteriormente sentimientos. Es una reacción natural que nos hace humanos. Sin embargo, muchas veces por cuestiones sociales o de mera costumbre nos vemos reticentes en cuanto a expresarlos se trata.

No decir “te quiero”, no permitirnos quejarnos con alguien por algo que hizo e incluso contener el llanto en momentos de extrema tristeza o felicidad, se han convertido en prácticas cada vez más frecuentes en muchos de nosotros, quienes actuamos así sin pensar en la fuente de esa actitud.
¿Por qué sucede esto? A continuación te presentamos seis razones por las que nos cuesta trabajo expresar nuestros sentimientos.



Perfeccionismo.
todo lo que me mata me hace sentir viva henn ki

A lo largo del tiempo nos han bombardeado con una idea equivocada hacia la naturaleza del ser humano: “Los sentimientos negativos son malos y, por lo tanto, no deben sentirse”. Este falso lineamiento ha llevado a muchos a tragarse disgustos, tristezas y enojos, dañando su salud y conteniendo  sentimientos a través de un acto antinatural. No "tenemos" que ser; estamos acostumbrados a escuchar que las mejores personas son las fuertes, que logran todo y buscan y encuentran la perfección. Eso no es real ni posible, siempre nos equivocaremos y está bien hacerlo; aceptar que somos vulnerables y tenemos errores engrandecerán nuestro autoestima y hará más fácil expresar lo que sentimos y queremos.



Miedo al rechazo.

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Esto aplica tanto con sentimientos positivos como negativos. Por ejemplo, muchas veces tememos “llegarle” a alguien por miedo a que nos rechacen, sin tomar en cuenta que el "no" ya lo tenemos, digamos o callemos lo que sentimos. Por el otro lado, tal vez te suenen familiares frases como “ahí viene el enojón”, o “si vas a llorar, mejor ni te me acerques”. Debido al deseo de evitar estas hirientes expresiones, tendemos a guardar silencio y no expresar cómo nos sentimos.



Evasión al conflicto.

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En muchas ocasiones nos guardamos lo que sentimos por miedo a que los demás se molesten o enfaden. ¿Qué nos ganamos con esto? Una relativa paz con los demás, a pesar de no estar contentos por dentro. Esta razón puede implicar incluso cuestiones de autoestima, ya que le estamos dando prioridad a otros en lugar de estar bien con nosotros mismos.



“No sé, tú sabrás”

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Esto pasa seguido con las personas cercanas a nosotros, ya sean nuestros familiares, parejas o incluso mejores amigos; creemos que -justo por estar tanto tiempo con nosotros y por la cercanía- están obligados a saber qué nos pasa exactamente. Esta es una práctica errónea, ya que nadie está obligado a saber qué sentimos ni cuándo ni cómo exactamente tienen que ayudarnos.



“Ya para qué”

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Tendemos a esconder nuestros sentimientos debido a que, gracias a un pensamiento negativo, creemos que expresarlos no cambiará nada de la situación que estamos enfrentando en ese momento. Esta falta de esperanza, puede acarrear grandes malestares y tristezas, porque sin una visión positiva y esperanzadora, se cae en el estancamiento. La persona se deja llevar por la corriente sin poner nada de su parte, porque piensa que nada se puede hacer.



Baja autoestima.

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La base de este problema es un pensamiento como “a nadie le importa”, lo que prácticamente se traduce a “no tengo derecho a expresar lo que siento”. Si uno mismo no se siente valioso, seguramente no expresará lo que siente. Debemos recordar que cada persona puede aportar algo a los demás y viceversa, pues la mayoría de las veces siempre hay alguien que nos pueda apoyar en momentos duros.


Recordemos que expresar lo que pensamos y sentimos es una gran posibilidad de conocernos a nosotros mismos y a los demás, ya que al abrirnos permitimos que las personas se acerquen y puedan ver todo lo que tenemos para ofrecerles con nuestra compañía, pero no es sólo por simpatizar, eso viene por añadidura. Si estamos contentos con quienes somos, reconocemos nuestro interior y lo aceptamos y queremos, no habrá nada que no podamos resolver.




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