Una mujer que cumple condena tras las rejas en México es consecuencia de muchos factores. Pobreza es uno de los principales, seguido del desempleo y la obligación impuesta por parte de un familiar o su misma pareja de participar en tráfico de drogas, un asalto o un secuestro. Cerca de un 90 % de ellas son madres. Las edades oscilan entre los 18 y los 40 años. Nueve de cada 10, al momento de su detención, no están armadas.
Los motivos que llevan a una mujer a estar encarcelada en otras latitudes del planeta seguramente son distintos. Quizás los mismos. Da igual. Finalmente son mujeres que han perdido la dignidad y la libertad, que han sido separadas no sólo de su familia, sino también de sus sueños. Han quedado listas para la peor de las vulnerabilidades. Lo peor se viene todos los días para sobrevivir.


Sus vidas suelen transcurrir en el tedio que ofrece el hecho de estar tras cuatro paredes de un peso terrible. El tiempo transcurre de manera lenta. Hay suficientes horas para pensar en todos los actos de sus vidas que las han llevado a destruir su futuro a cambio de un puñado de promesas falsas.
El silencio de sus celdas es opresivo. Seguramente hay lágrimas cada tanto al recordar la sonrisa de un hijo, los juegos de una hija, la voz de una pareja y los recuerdos familiares en general. Inimaginable debe ser el sufrimiento de perderse los cumpleaños, los aniversarios, las fechas importantes que les recuerdan de manera cruel que la libertad es un concepto que han perdido. A veces por completo, otras por los siguientes 10, 15 o 20 años.


Tras las rejas, a pesar de contar con compañeras, la soledad debe ser terrible. El peso de un calendario sobre la pared debe ser tormentoso y agobiante cuando ellas lo observan y echan cuentas de lo que se les viene en los siguientes años. No queda más remedio que intentar que los días pasen lo más pronto posible. Dedicarse a alguna actividad más allá de fumar y contemplar el tiempo a través de las rejas se vuelve un imperativo para vencer la nostalgia y el dolor de la pérdida.


Entonces los libros, las manualidades, el estudio, la oración y las actividades de limpieza o trabajo son un salvavidas que las aparta de la locura y la infinita tristeza que lapidan sus corazones. Seguramente también maldecirán a quienes las llevaron a cometer los actos por los que están recluidas. Padecer del tedio y un infinito tiempo libre no es algo sano: los demonios comienzan a acechar la mente y el alma para transformarla en algo retorcido. Algunas reclusas tendrán la oportunidad de redimir sus actos. Otras, de amargarse más de la cuenta. La prisión es una universidad que ofrece diferentes visiones y lecciones para los que tienen el infortunio de vivir en ella.
Debe ser trágicamente fácil romper en lamentos cuando las visitas familiares se suceden en momentos delicados. Cuando una mujer es notificada de la enfermedad de un familiar o de la exitosa graduación de sus hijos, los reproches a la vida se vienen como una salvaje cascada. «Por qué carajos no estoy presente». «Señor, por favor, déjame estar con mi familia». «No quiero perderme los mejores momentos de mis hijos».


En tiempos de calor, sus celdas deben ser una especie de tormentoso infierno que les recuerda su situación. Cuando es temporada de invierno, el frío debe ser tan fiero como sus anhelos de libertad. En el día, la luz ilumina sus rostros tristes, desencajados; otras, en cambio, enfrentan cada jornada de manera valiente, determinadas a no dejarse asustar por los sólidos barrotes que las tienen encerradas. Saben que la vida es cruel pero que también da revanchas cuando ésta se busca con determinación.
Por otro lado, las noches son el espacio en que tal vez se sientan más frágiles. Las tinieblas que las envuelven les deben recordar que un día más ha transcurrido con su cuerpo y su alma encarcelados. Debe ser un recordatorio de la muerte que nos espera a todos de manera inevitable.


Viajero incansable, Tomer Ifrah se ha dedicado desde 2007 a hacer fotografía documental alrededor del mundo. Nació en Israel en 1981. Las causas sociales, las historias cotidianas, los protagonistas de la vida diaria que se sumergen en tragedias de todos los tipos son su inspiración para sacar una fotografía. Ifrah es un narrador de historias por excelencia que nos transporta al alma más pura y trágica del ser humano. Conoce su obra completa en su página personal.
**
A través de la historia, las mujeres han tenido que pelear contra diversas injusticias sociales, discriminaciones y problemas psicológicos. Muestra de ello son las fotografías de mujeres fuertes que luchan contra un trastorno alimenticio. En ocasiones, ganarse la vida y ser mujer no es nada fácil. Esto queda patente en las fotografías de la vida entre burdeles que sufren las mujeres y madres de Colombia.
*
Referencia
Animal Político
Una mujer que cumple condena tras las rejas en México es consecuencia de muchos factores. Pobreza es uno de los principales, seguido del desempleo y la obligación impuesta por parte de un familiar o su misma pareja de participar en tráfico de drogas, un asalto o un secuestro. Cerca de un 90 % de ellas son madres. Las edades oscilan entre los 18 y los 40 años. Nueve de cada 10, al momento de su detención, no están armadas.
Los motivos que llevan a una mujer a estar encarcelada en otras latitudes del planeta seguramente son distintos. Quizás los mismos. Da igual. Finalmente son mujeres que han perdido la dignidad y la libertad, que han sido separadas no sólo de su familia, sino también de sus sueños. Han quedado listas para la peor de las vulnerabilidades. Lo peor se viene todos los días para sobrevivir.


Sus vidas suelen transcurrir en el tedio que ofrece el hecho de estar tras cuatro paredes de un peso terrible. El tiempo transcurre de manera lenta. Hay suficientes horas para pensar en todos los actos de sus vidas que las han llevado a destruir su futuro a cambio de un puñado de promesas falsas.
El silencio de sus celdas es opresivo. Seguramente hay lágrimas cada tanto al recordar la sonrisa de un hijo, los juegos de una hija, la voz de una pareja y los recuerdos familiares en general. Inimaginable debe ser el sufrimiento de perderse los cumpleaños, los aniversarios, las fechas importantes que les recuerdan de manera cruel que la libertad es un concepto que han perdido. A veces por completo, otras por los siguientes 10, 15 o 20 años.


Tras las rejas, a pesar de contar con compañeras, la soledad debe ser terrible. El peso de un calendario sobre la pared debe ser tormentoso y agobiante cuando ellas lo observan y echan cuentas de lo que se les viene en los siguientes años. No queda más remedio que intentar que los días pasen lo más pronto posible. Dedicarse a alguna actividad más allá de fumar y contemplar el tiempo a través de las rejas se vuelve un imperativo para vencer la nostalgia y el dolor de la pérdida.


Entonces los libros, las manualidades, el estudio, la oración y las actividades de limpieza o trabajo son un salvavidas que las aparta de la locura y la infinita tristeza que lapidan sus corazones. Seguramente también maldecirán a quienes las llevaron a cometer los actos por los que están recluidas. Padecer del tedio y un infinito tiempo libre no es algo sano: los demonios comienzan a acechar la mente y el alma para transformarla en algo retorcido. Algunas reclusas tendrán la oportunidad de redimir sus actos. Otras, de amargarse más de la cuenta. La prisión es una universidad que ofrece diferentes visiones y lecciones para los que tienen el infortunio de vivir en ella.
Debe ser trágicamente fácil romper en lamentos cuando las visitas familiares se suceden en momentos delicados. Cuando una mujer es notificada de la enfermedad de un familiar o de la exitosa graduación de sus hijos, los reproches a la vida se vienen como una salvaje cascada. «Por qué carajos no estoy presente». «Señor, por favor, déjame estar con mi familia». «No quiero perderme los mejores momentos de mis hijos».


En tiempos de calor, sus celdas deben ser una especie de tormentoso infierno que les recuerda su situación. Cuando es temporada de invierno, el frío debe ser tan fiero como sus anhelos de libertad. En el día, la luz ilumina sus rostros tristes, desencajados; otras, en cambio, enfrentan cada jornada de manera valiente, determinadas a no dejarse asustar por los sólidos barrotes que las tienen encerradas. Saben que la vida es cruel pero que también da revanchas cuando ésta se busca con determinación.
Por otro lado, las noches son el espacio en que tal vez se sientan más frágiles. Las tinieblas que las envuelven les deben recordar que un día más ha transcurrido con su cuerpo y su alma encarcelados. Debe ser un recordatorio de la muerte que nos espera a todos de manera inevitable.


Viajero incansable, Tomer Ifrah se ha dedicado desde 2007 a hacer fotografía documental alrededor del mundo. Nació en Israel en 1981. Las causas sociales, las historias cotidianas, los protagonistas de la vida diaria que se sumergen en tragedias de todos los tipos son su inspiración para sacar una fotografía. Ifrah es un narrador de historias por excelencia que nos transporta al alma más pura y trágica del ser humano. Conoce su obra completa en su página personal.
**
A través de la historia, las mujeres han tenido que pelear contra diversas injusticias sociales, discriminaciones y problemas psicológicos. Muestra de ello son las fotografías de mujeres fuertes que luchan contra un trastorno alimenticio. En ocasiones, ganarse la vida y ser mujer no es nada fácil. Esto queda patente en las fotografías de la vida entre burdeles que sufren las mujeres y madres de Colombia.
*
Referencia
Animal Político
Una mujer que cumple condena tras las rejas en México es consecuencia de muchos factores. Pobreza es uno de los principales, seguido del desempleo y la obligación impuesta por parte de un familiar o su misma pareja de participar en tráfico de drogas, un asalto o un secuestro. Cerca de un 90 % de ellas son madres. Las edades oscilan entre los 18 y los 40 años. Nueve de cada 10, al momento de su detención, no están armadas.
Los motivos que llevan a una mujer a estar encarcelada en otras latitudes del planeta seguramente son distintos. Quizás los mismos. Da igual. Finalmente son mujeres que han perdido la dignidad y la libertad, que han sido separadas no sólo de su familia, sino también de sus sueños. Han quedado listas para la peor de las vulnerabilidades. Lo peor se viene todos los días para sobrevivir.


Sus vidas suelen transcurrir en el tedio que ofrece el hecho de estar tras cuatro paredes de un peso terrible. El tiempo transcurre de manera lenta. Hay suficientes horas para pensar en todos los actos de sus vidas que las han llevado a destruir su futuro a cambio de un puñado de promesas falsas.
El silencio de sus celdas es opresivo. Seguramente hay lágrimas cada tanto al recordar la sonrisa de un hijo, los juegos de una hija, la voz de una pareja y los recuerdos familiares en general. Inimaginable debe ser el sufrimiento de perderse los cumpleaños, los aniversarios, las fechas importantes que les recuerdan de manera cruel que la libertad es un concepto que han perdido. A veces por completo, otras por los siguientes 10, 15 o 20 años.


Tras las rejas, a pesar de contar con compañeras, la soledad debe ser terrible. El peso de un calendario sobre la pared debe ser tormentoso y agobiante cuando ellas lo observan y echan cuentas de lo que se les viene en los siguientes años. No queda más remedio que intentar que los días pasen lo más pronto posible. Dedicarse a alguna actividad más allá de fumar y contemplar el tiempo a través de las rejas se vuelve un imperativo para vencer la nostalgia y el dolor de la pérdida.


Entonces los libros, las manualidades, el estudio, la oración y las actividades de limpieza o trabajo son un salvavidas que las aparta de la locura y la infinita tristeza que lapidan sus corazones. Seguramente también maldecirán a quienes las llevaron a cometer los actos por los que están recluidas. Padecer del tedio y un infinito tiempo libre no es algo sano: los demonios comienzan a acechar la mente y el alma para transformarla en algo retorcido. Algunas reclusas tendrán la oportunidad de redimir sus actos. Otras, de amargarse más de la cuenta. La prisión es una universidad que ofrece diferentes visiones y lecciones para los que tienen el infortunio de vivir en ella.
Debe ser trágicamente fácil romper en lamentos cuando las visitas familiares se suceden en momentos delicados. Cuando una mujer es notificada de la enfermedad de un familiar o de la exitosa graduación de sus hijos, los reproches a la vida se vienen como una salvaje cascada. «Por qué carajos no estoy presente». «Señor, por favor, déjame estar con mi familia». «No quiero perderme los mejores momentos de mis hijos».


En tiempos de calor, sus celdas deben ser una especie de tormentoso infierno que les recuerda su situación. Cuando es temporada de invierno, el frío debe ser tan fiero como sus anhelos de libertad. En el día, la luz ilumina sus rostros tristes, desencajados; otras, en cambio, enfrentan cada jornada de manera valiente, determinadas a no dejarse asustar por los sólidos barrotes que las tienen encerradas. Saben que la vida es cruel pero que también da revanchas cuando ésta se busca con determinación.
Por otro lado, las noches son el espacio en que tal vez se sientan más frágiles. Las tinieblas que las envuelven les deben recordar que un día más ha transcurrido con su cuerpo y su alma encarcelados. Debe ser un recordatorio de la muerte que nos espera a todos de manera inevitable.


Viajero incansable, Tomer Ifrah se ha dedicado desde 2007 a hacer fotografía documental alrededor del mundo. Nació en Israel en 1981. Las causas sociales, las historias cotidianas, los protagonistas de la vida diaria que se sumergen en tragedias de todos los tipos son su inspiración para sacar una fotografía. Ifrah es un narrador de historias por excelencia que nos transporta al alma más pura y trágica del ser humano. Conoce su obra completa en su página personal.
**
A través de la historia, las mujeres han tenido que pelear contra diversas injusticias sociales, discriminaciones y problemas psicológicos. Muestra de ello son las fotografías de mujeres fuertes que luchan contra un trastorno alimenticio. En ocasiones, ganarse la vida y ser mujer no es nada fácil. Esto queda patente en las fotografías de la vida entre burdeles que sufren las mujeres y madres de Colombia.
*
Referencia
Animal Político
Una mujer que cumple condena tras las rejas en México es consecuencia de muchos factores. Pobreza es uno de los principales, seguido del desempleo y la obligación impuesta por parte de un familiar o su misma pareja de participar en tráfico de drogas, un asalto o un secuestro. Cerca de un 90 % de ellas son madres. Las edades oscilan entre los 18 y los 40 años. Nueve de cada 10, al momento de su detención, no están armadas.
Los motivos que llevan a una mujer a estar encarcelada en otras latitudes del planeta seguramente son distintos. Quizás los mismos. Da igual. Finalmente son mujeres que han perdido la dignidad y la libertad, que han sido separadas no sólo de su familia, sino también de sus sueños. Han quedado listas para la peor de las vulnerabilidades. Lo peor se viene todos los días para sobrevivir.


Sus vidas suelen transcurrir en el tedio que ofrece el hecho de estar tras cuatro paredes de un peso terrible. El tiempo transcurre de manera lenta. Hay suficientes horas para pensar en todos los actos de sus vidas que las han llevado a destruir su futuro a cambio de un puñado de promesas falsas.
El silencio de sus celdas es opresivo. Seguramente hay lágrimas cada tanto al recordar la sonrisa de un hijo, los juegos de una hija, la voz de una pareja y los recuerdos familiares en general. Inimaginable debe ser el sufrimiento de perderse los cumpleaños, los aniversarios, las fechas importantes que les recuerdan de manera cruel que la libertad es un concepto que han perdido. A veces por completo, otras por los siguientes 10, 15 o 20 años.


Tras las rejas, a pesar de contar con compañeras, la soledad debe ser terrible. El peso de un calendario sobre la pared debe ser tormentoso y agobiante cuando ellas lo observan y echan cuentas de lo que se les viene en los siguientes años. No queda más remedio que intentar que los días pasen lo más pronto posible. Dedicarse a alguna actividad más allá de fumar y contemplar el tiempo a través de las rejas se vuelve un imperativo para vencer la nostalgia y el dolor de la pérdida.


Entonces los libros, las manualidades, el estudio, la oración y las actividades de limpieza o trabajo son un salvavidas que las aparta de la locura y la infinita tristeza que lapidan sus corazones. Seguramente también maldecirán a quienes las llevaron a cometer los actos por los que están recluidas. Padecer del tedio y un infinito tiempo libre no es algo sano: los demonios comienzan a acechar la mente y el alma para transformarla en algo retorcido. Algunas reclusas tendrán la oportunidad de redimir sus actos. Otras, de amargarse más de la cuenta. La prisión es una universidad que ofrece diferentes visiones y lecciones para los que tienen el infortunio de vivir en ella.
Debe ser trágicamente fácil romper en lamentos cuando las visitas familiares se suceden en momentos delicados. Cuando una mujer es notificada de la enfermedad de un familiar o de la exitosa graduación de sus hijos, los reproches a la vida se vienen como una salvaje cascada. «Por qué carajos no estoy presente». «Señor, por favor, déjame estar con mi familia». «No quiero perderme los mejores momentos de mis hijos».


En tiempos de calor, sus celdas deben ser una especie de tormentoso infierno que les recuerda su situación. Cuando es temporada de invierno, el frío debe ser tan fiero como sus anhelos de libertad. En el día, la luz ilumina sus rostros tristes, desencajados; otras, en cambio, enfrentan cada jornada de manera valiente, determinadas a no dejarse asustar por los sólidos barrotes que las tienen encerradas. Saben que la vida es cruel pero que también da revanchas cuando ésta se busca con determinación.
Por otro lado, las noches son el espacio en que tal vez se sientan más frágiles. Las tinieblas que las envuelven les deben recordar que un día más ha transcurrido con su cuerpo y su alma encarcelados. Debe ser un recordatorio de la muerte que nos espera a todos de manera inevitable.


Viajero incansable, Tomer Ifrah se ha dedicado desde 2007 a hacer fotografía documental alrededor del mundo. Nació en Israel en 1981. Las causas sociales, las historias cotidianas, los protagonistas de la vida diaria que se sumergen en tragedias de todos los tipos son su inspiración para sacar una fotografía. Ifrah es un narrador de historias por excelencia que nos transporta al alma más pura y trágica del ser humano. Conoce su obra completa en su página personal.
**
A través de la historia, las mujeres han tenido que pelear contra diversas injusticias sociales, discriminaciones y problemas psicológicos. Muestra de ello son las fotografías de mujeres fuertes que luchan contra un trastorno alimenticio. En ocasiones, ganarse la vida y ser mujer no es nada fácil. Esto queda patente en las fotografías de la vida entre burdeles que sufren las mujeres y madres de Colombia.
*
Referencia
Animal Político
