El fotógrafo que entendió el significado de la moda más allá de lo banal

El fotógrafo que entendió el significado de la moda más allá de lo banal

Por: Eduardo Limón -



Quien nunca haya encontrado la violencia y el amor en un blusón, no entiende de verdad lo que significa la moda. Es más, no hablemos del fashion aún, basta ejemplificarlo con el vestir cotidiano. Si se es incapaz de admirar la política, el riesgo, la historia, el pensamiento humano o la condición real de nuestra sociedad en el diseño textil y sus usos, no se ha desarrollado con éxito entonces la sensibilidad de un ojo abierto a lo que somos. Una persona consciente de su tiempo, de su lugar en la narrativa universal, debe estar lo suficientemente atenta como para advertir el gesto intelectual o social en cada plisado, corte, color y textura que soporte al atavío. De lo contrario, que por favor no estorbe en la discusión genuina de la especie. Que continúe con las divisiones ramplonas de jerarquización sabionda que por seguro sigue al pie de la letra.

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La confección del atuendo, la utilización que éste sugiere, el uso que se le impone y la innovación que en diversas piezas se suscita, no es más que una muestra de lo que se es. Así de simple, así de confuso. Para aclarar dicha línea, vale la pena recobrar en el discurso a Heidegger; a la (no) representación del ser. En palabras del filósofo alemán más controversial del siglo XX, esa capacidad –la de representarse– sólo pertenece a los entes, a las cosas materiales. Y en consecuencia, lo que vemos en un vestido no es sólo un vestido y ya. Es todo lo que nos atraviesa.

A la perfección lo entendió Gordon Parks; uno de los personajes afrodescendientes más importantes en la América fotográfica. Nacido en el seno humilde de una familia de Kansas, Gordon comprendió desde temprana edad los fácticos significados de la segregación, la calle, el estudio, el esfuerzo y la lucha. Con febriles 25 años se inició en la fotografía de modo plenamente autodidacta y un día, al ir a revelar su primer rollo, los empleados del laboratorio le comentaron que eran unas tomas muy buenas lo él que tenía allí. A partir de ese momento decidió dedicarse a este arte que supo equilibrar en los terrenos del periodismo, el entretenimiento, la gracia y el documental.

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Su primer trabajo fue una serie publicitaria para una tienda local de ropa en Saint Paul, Minnesota. Su legado: el tratamiento de la moda no como un artículo o un objeto de adorno, sino como una experiencia que posibilita la reorientación de la vida humana. Un vehículo que surca los prejuicios de la historia para aprehender de distinta manera los sucesos que nos circundan. Por eso, y con maestra naturalidad, fue que logró una estética singular para contar desde cualquier ángulo la existencia del hombre; una visión tan bella, tan verdadera, tan del acontecer.

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Así, Parks consiguió un lugar propio, intransferible en el mundo editorial del fashion. Porque su perspectiva de análisis, de captura visual, no se dejaba intimidar por la hermosura material de la ropa; al contrario, ésta le sugería y arrastraba a los dominios de la presentación total y el testimonio del vivir. Misma razón por la cual, un Gordon mejor consolidado en la producción fotográfica, pudo sostener un desempeño preciso en la foto periodística al mismo tiempo que un trabajo en revistas como Vogue y Life. Ambas publicaciones, el sendero colorido que le alzó como figura clave de ese mundo específico de glamour.

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Cuentan que en alguna ocasión, Gordon Parks realizó una sesión donde tuvo el placer de fotografiar un vestido rojo de Dior. Y fue justo en esa tonalidad de color que encontró el símil con la sangre de un asesinato que registró más temprano en el Harlem. Así funcionaba este maestro de la cámara. En unas cuantas horas, incluso del mismo día y el mismo lugar, podía hallar conexiones de lo humano que viajaran de la moda a otros ámbitos de la raza humana. Para él, no había distinciones discriminatorias de la imagen con que tratar las razones pesadas del existir.

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Con los trabajos que realizó entre 1934 y 1965, Parks logró uno de los retratos más fieles del mundo interior jamás hecho en el arte y el fashion editorial. Imágenes coreografiadas, por supuesto, pero llenas de movimiento libre y orgánico de la feminidad, la especie y el anthropos. Si prestamos cuidado, podemos observar que su visión de la moda nunca se centró del todo en el ropaje, sino en el dramatismo del acto, en el respirar del género. En muchos casos, sólo fijó su lente en las historias que tejieron a una prenda; claro, en el sentido riguroso donde estas narrativas encontraban su génesis en el dolor, la pasión, el goce, la desesperación y la voluntad. Para Gordon el vestir y su registro gráfico no eran el qué del habitar, sino el cómo de éste.

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Banalidad no era una palabra –mucho menos un concepto– que pudiese estar incluido en el vocabulario de la moda que ocupaba Parks. Sus relatos fotográficos en el fashion son un episodio igual de relevante y duro para el sentido de la vida que cualquier otro tipo de toma. Así como debería serlo para el resto. Si te interesa más este tema, busca las Razones por las que Moda no es sólo usar ropa bonita y ¿Cómo saber que una tendencia ha terminado y sigues aferrada a ella?.

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