Desde hace milenios hemos adjudicado los sentimientos a lo femenino. El hombre siente placer y explota en un arrebato violento. Desde los días de caza era así y las mujeres, cuidando la morada y alimentando a los niños tenían permiso de sentir mucho más. Fue cuestión de tiempo antes de que la melancolía y la tristeza fueran consideradas palabras femeninas, cosas que ellas conocen mejor que nadie y así, con el paso del tiempo, distinguir qué es lo que puede entristecer a un hombre y a una mujer es más sencillo.

Audrey Hepburn es quizás una de las personas más hermosas de la historia y pasó una vida de soledad. Ella dijo que tal vez era tanto el amor que tenía para dar, que por eso nadie correspondía de la misma forma. Hepburn se inmortalizó en fotografías con su pequeño venado, quien fue su íntimo compañero. Tal vez esa soledad es la misma que retrata la fotógrafa Adi Dekel en su trabajo fotográfico.

La tristeza y sus vertientes impuestas por el género. El macho y la hembra sufren distinto, pero esa capacidad de entristecerse no es ajena ni distinta. Se ha creado un manifiesto sobre la tristeza de la mujer que está adherida a su fragilidad y belleza. La tristeza del mundo se representa en los ojos de las que callan y agachan la cabeza, ellas que ven el pasado con dolor y no vislumbran el futuro.

La tristeza de la mujer no es real. La mujer no es triste por naturaleza. Eso no implica que el hombre sufra más o viva la tristeza de otra manera, simplemente implica que ellas no son seres frágiles, místicos ni ultrasensibles; son personas, son mujeres. Hombres y mujeres sufren, ambos sienten tristeza al terminar un ciclo, al ver el cielo pronosticando un día peor que el anterior, tras una pérdida amorosa o personal. Buscamos mitificar la figura de la tristeza para darle irracionalidad, y consciente o inconscientemente controlarla.

Las imaágenes de Adi Dekel son retratos de mujeres en escenarios solitarios que muchos usarían para ejemplificar esa tristeza única, pero ella no buscaba eso; sólo quería retratar la belleza natural de sus amigas. Es el estigma de que la tristeza tiene que ser femenina para poder darle un sentido más grande a su obra, pero es a la vez un estereotipo que las convierte en seres débiles necesitados de amor y protección.

El hombre también es vulnerable. Puede llorar y sentir que tras la partida de alguien su mundo se desmorona. Por consecuencia, la mujer también es esa protectora de quienes sufren, que se antepone al sufrimiento y saca a los demás adelante. A veces hay tristeza, a veces hay gloria; y es que no se trata de hombres o mujeres, sino de personas.

Los retratos de Adi Dekel, quien con 20 años ya posee un catálogo importante que la llevará lejos en el mundo de la fotografía, tiene la fuerza para hablar de tristeza real, pero no por la persona retratada, sino por el entorno en el que se desarrolla. La melancolía es azul, la tristeza es opaca y la soledad se tiñe de negro. Somos seres que sufren, que a través de la experiencia los recuerdos se agrietan y transforman, pero nunca desaparecen.

El miedo en la mirada refleja lo que fuimos y ya no seremos nunca más. Esa tristeza no tiene que ver con la persona, sino con la naturaleza y universalidad de la situación. Todos sufrimos, todos lloramos, todos nos debemos levantar y dejar el dolor atrás.

Las fotos de Adi Dekel son una parte del retrato incompleto del que hablamos, pero sin duda sirve para cuestionar esos juegos de género donde las mujeres se convierten en seres frágiles y los hombres deben ser fuertes y no mostrar sentimientos. Lo bueno es que siempre podremos dejar esas cuestiones atrás y abrir el panorama.

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Fuente:
Instagram, Adi Dekel
