Nuestra incapacidad para tener relaciones sexuales reales en 15 fotografías
Fotografía

Nuestra incapacidad para tener relaciones sexuales reales en 15 fotografías

Avatar of Natalia Lomelí

Por: Natalia Lomelí

20 de enero, 2017

Fotografía Nuestra incapacidad para tener relaciones sexuales reales en 15 fotografías
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Por: Natalia Lomelí

20 de enero, 2017





"Los mundos en miniatura y las casas de muñecas funcionan como microcosmos del mundo real: un lugar donde las fantasías y los deseos se representan en una escala más pequeña". 

Laurie Simmons

fotografías de Laurie Simmons


Desde que somos niños, en momentos de soledad nos acompaña la fantasía. Jugando viajamos a espacios y tiempos distintos, y la imaginación es nuestra mejor compañera para vivir aventuras únicas; una cobija puede ser la capa que nos da superpoderes, nos vuelve invencibles y nos llena de valor para salir a conquistar el mundo. Al crecer, la vida suele complicarse, y las fantasías abandonan a los amigos imaginarios y se alejan de los mundos mágicos para transformarse en objetos de deseo, aspiraciones e ideales.  

La obra de Laurie Simmons, cineasta y fotógrafa estadounidense, reflexiona en torno a este fenómeno a través del juego, específicamente de la idealización de la belleza y la vida perfecta, con la casa de ensueño y las historias que escenificamos con aquellas muñecas que nos regalan desde pequeñas para creer en el cuento de hadas. La fotografía de Simmons es un trabajo conceptual, pues más allá de la composición de sus imágenes, le interesa provocar una confusión entre lo real y lo falso, para comprender lo delgadas y peligrosas que son ambas  líneas en el contexto actual. 

En la serie fotográfica "The Love Doll"  , la artista "jugó" a  reflejar a la sociedad a través de la ficción en espacios donde los seres humanos nos ponemos el disfraz de un objeto de consumo, títeres inconscientes de los límites del mercado y la influencia real que tiene la industria para desarrollar productos que facilitan o dificultan nuestras relaciones íntimas y sociales. 

fotografías de Laurie Simmons

Para crear esta serie, Simmons trabajó del 2009 al 2011 retratando una muñeca de látex, una muñeca sexual japonesa diseñada para cubrir las necesidades de una juventud que sufre por la imposibilidad de establecer relaciones sociales.

Hay un aspecto siniestro en la decisión de comprar compañía por Internet, pues bastó un depósito bancario anónimo para que la muñeca llegara a la puerta de la fotógrafa en una caja de cartón que incluía a su nueva musa usando lencería transparente, un anillo de compromiso y los genitales femeninos  por separado. 

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El siguiente paso del proceso creativo fue "sencillo", recordar su infancia y jugar con la muñeca para convertirla  en protagonista de actividades cotidianas: dormir, nadar y pasear. Durante breves instantes, al observar sus fotografías, incluso deja de parecer inanimada y podría confundirse con una modelo o una actriz. Laurie se dió cuenta entonces de que estaba replicando, a pequeña escala, la construcción mediática de las estrellas en la cultura pop, y sus seguidores eran como la audiencia de los reality shows que disfrutan conocer los detalles íntimos de una vida ficticia, e incluso la convierten en un ideal comparativo con la cruda realidad.

Su proceso tiene mucho en común con un shooting cotidiano en la industria de la moda y las revistas de estilo de vida, llenas de rostros inexpresivos y personas decorativas que adornan una rutina inexistente; que además responden a características y gustos específicos, como the lovedoll, seleccionada de un catálogo que permite elegir color de piel, cabello, ojos y, por supuesto, talla de busto.  

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Con el transcurso de los días, y después de varias poses, maquillajes y peinados, la relación de la fotógrafa con su modelo de látex comenzó a cambiar, de la misma manera que cambia la mirada e interpretación del espectador que ahora está pendiente de la siguiente aparición pública de su compañera. Durante los días siguientes sus retratos se nutrieron con un aire de familiaridad, esta dinámica psicológica que radica entre el morbo del espectáculo y la necesidad de pertenencia. 

Ya no le parecía tan descabellado tratarla como humana, mirarla como persona y confundirla con una mujer real a quien le han arrancado la voz. 


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La reflexión que se manifiesta en estos retratos es ser al fin capaces de reconocer que estamos tan programados para buscar la perfección que nos dan miedo los defectos, enfrentarnos a que la verdad no es siempre como quisiéramos o soñamos y decepcionarnos por no alcanzar el ideal.

Alejémonos del cómodo refugio y la seguridad que nos da la virtualidad que no duele; debemos arriesgarnos  a amar no sólo a través de los personajes de libros y películas, para comenzar a involucrarnos con las causas justas más allá de un tweet para que el mundo cambie. El primer paso quizá sea afrontar que mientras todo se derrumba afuera, permanecemos atrapados por una cultura que soluciona los problemas comprando compulsivamente para adornar los vacíos. 

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La riqueza visual del trabajo de Laurie Simmons se detiene también a cuestionar a la figura femenina como una construcción que adoptamos en el status quo, pero sobre todo, exhibe los roles de juego y poder, y cómo la ficción es capaz de manipular las emociones humanas. El espíritu ficticio del arte en la literatura, el cine y la música es catarsis, pero la tensión existencialista de la ficción se torna peligrosa cuando preferimos la compañía de "algo" más que sustituye lo humano, y cuando además existe una lógica capitalista que desarrolla dispositivos para eliminar la distancia y facilitar la comunicación, porque entonces es más fácil escondernos tras una pantalla y romperle el corazón a alguien con textos impersonales, que enfrentarnos frente a frente a una mirada.

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En en el ámbito sexual, se replica el hecho al no poder establecer lazos con una persona con defectos y por el contrario, preferir una muñeca que no se queja, no protesta, no nos rechaza nunca y sin duda es la compañera "perfecta".  The Love Doll,  adopta también la representación de una dama de compañía, una geisha que no sólo debía ser una pareja sexual, sino una compañera de la intimidad y los momentos de soledad, momentos en los cuales nos enfrentamos con nosotros mismos, y el encuentro suele  ser duro.


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El trabajo documental y crítico de Laurie Simmons fue reconocido al pertenecer a los once finalistas del premio Prix Pictet, en su edición 2014, que se centró en la sociedad de consumo. Sin embargo, puede leerse desde diferentes perspectivas, y ese es el gran valor de su trabajo, que en una fotografía puede expresarse la soledad humana, la incertidumbre, el miedo a no ser perfectos y la importancia material de los objetos para un sistema económico que se mantiene del círculo vicioso de las soluciones momentáneas frente a los problemas para relacionarnos y reconocer al otro. 

La vida contemporánea y la tecnología han fabricado un nuevo tipo de soledad, porque en la comunicación inmediata, no soportamos esperar que respondan los mensajes del celular, la mayor virtud del chat es lo instantáneo. Y el mercado lo sabe. Ellos lo hicieron. A fin de cuentas, ¿no sería todo más sencillo si nuestra felicidad pudiera comprarse? Sería quizá una meta para la cual podríamos ahorrar con la certeza de que algún día sería nuestra. Quizá el secreto es entender que podemos poseer control sobre los objetos y podemos apegarnos a ellos, pero no se comparan con compartir los días con otra persona imperfecta, porque arriesgarse a perder a veces vale más  la pena que encerrarnos en la fantasía del mundo ideal.


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Disfruta las fotografías de Laurie Simmons en Instagram.



La cámara de esta artista retrata escenas de la fabricación de la belleza, como respuesta a los ideales mediáticos que olvidan que detrás de las apariencias se encuentra la verdadera esencia femenina, el arte de ser mujer.


Referencias: