Que si sus ‘dos viejas a la orilla’, que si fue héroe o villano… mucho es lo que se dice de Pancho Villa, uno de los personajes más importantes de la Revolución Mexicana, pero hay datos que muy pocos conocen sobre su vida.
El líder revolucionario fue contactado por Abraham González para que se uniera a este movimiento que estalló cuando él tenía 32 años de edad. Desde ese momento, su nombre no ha dejado de sonar con el paso de los años.
Antes de unirse al campo de batalla, Villa sentía una admiración especial por los profesores, lo que quizá tenga que ver con la educación que nunca recibió.
De hecho, sus habilidades lectoras las mejoró estando en la cárcel, de la que escapó vestido de doctor. No sabía nada de algo llamado Marxismo, pero comprendía a la perfección las desigualdades sociales porque las vivió en carne propia.
Era fan de las malteadas de fresa, es considerado el primer motociclista de México, y así podríamos continuar con la enorme lista de datos curiosos sobre la vida de Pancho Villa, pero acá te compartimos algunos que sobresalen de todo.
Su nombre no era Pancho Villa
Aunque todos lo conocemos como Pancho Villa, su nombre no era ese. El líder revolucionario nació en 1878 y lo llamaron José Doroteo Arango Arámbula.
Solía afirmar que era hijo de un famoso bandolero local llamado Agustín Villa, pero esto nunca ha sido probado por los historiadores.
Se cree que su padre murió cuando él era un niño, y más tarde, cuando él mismo se convirtió en bandolero, quiso vincularse con Villa.
Era muy joven cuando decidió unirse a una banda de bandidos en su estado natal, hasta que fue capturado por el gobierno y obligado a unirse al Ejército Federal. Desertó algunos meses después y huyó del norte a Chihuahua, donde adoptó oficialmente el nombre de Francisco Villa o (pa’ los compas) Pancho Villa.
Pancho Villa odiaba el alcohol
Podrían tachar a Pancho Villa de todo, pero de borracho nunca. El revolucionario detestaba el alcohol y condenó a muerte a distintos oficiales que eran adictos, menos a su general de confianza, Rodolfo Fierro; lo perdonó varias veces.
Cuando la División del Norte triunfaba en combate, lo primero que mandaba a hacer era prohibir los saqueos entre el mismo pueblo y tirar todo el alcohol concentrado en cantinas.
La Elite Confectionary era un sitio que comúnmente visitaba para relajarse cuando se encontraba en El Paso. Ahí le servían malteadas de fresa, o bien un Elite baseball, que era un helado de vainilla cubierto con chocolate.
Villa también tenía una debilidad por las palanquetas de cacahuate y los espárragos en lata. Se decía (falso) que capturaba palomas y pichones que se postraban en su ventana para después cocinarlos y comérselos.

El tesoro de Villa
Después de que Villa murió comenzó a circular el rumor de que el revolucionario habría enterrado en cajas de madera más de siete millones de pesos, que fueron codiciados en distintas épocas históricas.
En 1953, un grupo de estadounidenses recorrió la Sierra Madre en busca de los preciados tesoros; en noviembre de 2003, la iglesia del pueblo de La Loma, en Durango, fue cerrada por el cura, argumentando reparaciones generales. Meses más tarde, los pobladores descubrieron que el párroco reunió una comitiva que cavó metros de profundidad en esta construcción para buscar el supuesto tesoro.
Un actor revolucionario
Previo a la batalla de Ojinaga, varios medios de comunicación estadounidense anunciaron que Villa había firmado un contrato cinematográfico con la productora Mutual Film Corporation
El mexicano habría cedido los derecho de filmar el seguimiento por parte de la División del Norte y un informe previo de sus actividades militares para preparar el equipo de grabación. A cambio recibiría la mitad de las ganancias que invertiría en la causa revolucionaria.
“El salvaje de Pancho Villa ha firmado un contrato para compartir ganancias con las imágenes de las batallas reales”, publicó en ese entonces el New York Times.
Para la batalla de Ojinaga, la productora desplegó a ocho camarógrafos alrededor de los cerros que Villa creyó adecuados para las mejores tomas. Otra grabación se realizó en Torreón, pero una parte se estropeó y otra desapareció.

Impulsó la educación en México
Pancho Villa era un amante de la educación y aunque él no tuvo la oportunidad de estudiar, hizo todo para que los niños mexicanos lo hicieran.
Cuando fue nombrado gobernador de Chihuahua, lo primero que hizo al tomar el poder fue mandar a construir 50 escuelas. Cuando éstas ya estaban en funcionamiento, fue de visita pidiendo a estudiantes y maestros estudiar mucho y ser ‘hombres de bien’. Antes de irse, les regaló 50 centavos a cada uno.
Se escapó de prisión con un disfraz
El 7 de junio de 1912, Pancho Villa llegó a la Ciudad de México detenido por cargos inexplicables que pasaban de robar una yegua a abusos de su ejército o la tentativa de saquear Parral.
Al final, el juicio se llevó a cabo por los delitos de insubordinación, desobediencia y robo, por lo que lo enviaron preso a la Penitenciaria de Lecumberri.
Meses más tarde fue trasladado a la prisión de Santiago Tlatelolco, donde permaneció encerrado y escribió 19 cartas a Madero para pedir su absolución. Después de vivir sin techo durante muchos años, pasar sus días en una celda era la muerte para Villa.
Su famosa fuga la hizo vestido de doctor la tarde del 26 de diciembre de ese mismo año. La huida fue planeada con Carlos Jáuregui, quien días antes limó los barrotes de la ventana del juzgado por donde Villa saldría junto con su cómplice en un taxi hacia Toluca, y finalmente, llegar a Sonora.

Su educación
Villa entró a la cárcel como un semianalfabeto. Con trabajos podía leer una oración y se le dificultaba en demasía escribir. Durante su estancia en Lecumberri conoció a Gildardo Magaña, un maderista temprano de 22 años que después se unió al ejército zapatista.
Magaña fue un nexo indispensable entre Villa y Zapata, que se conocerían posteriormente en Xochimilco, un par de días antes de entrevistarse el 6 de Diciembre de 1914 en Palacio Nacional, evento en el que se produjo aquella famosa fotografía.
También fue el hombre que le enseño a Villa a perfeccionar su lectura y escritura. En ese entonces, Magaña leía la Historia de México, de Niceto de Zamacois, libro que le prestó a Villa y que a su ritmo y con esfuerzos por comprender, terminó tomo por tomo, haciendo de la lectura y la Historia de México un pasatiempo durante su encierro en la Penitenciaría Nacional.
Magaña afirmó que Villa pasaba «horas y horas encerrado en su cuarto, dedicado empeñosamente a la lectura de la cual quedó cautivado».
Mujeriego, roba vacas, asesino e ignorante
Más allá de los lugares comunes, Villa encabezó junto a Emiliano Zapata un verdadero movimiento popular. Ambos perseguían un ideal genuino, una transformación social que mejorara sustancialmente la distribución del ingreso y la riqueza, además de ponerle fin a la explotación.
A pesar de que Villa fue durante toda su vida un hombre fuera de las leyes, era un hombre justo. Se sabía ignorante y así lo expresaba, hecho que contrarrestaba con chispazos de genialidad que fueron recopilados por aquellos que lo conocieron y esa experiencia los inspiró a escribir, tales como Martín Luis Guzmán y el mismo John Reed.
La historia de Pancho Villa no es la de un caudillo, un jefe militar o un ladrón. Tampoco es la de un Robin Hood, que robaba a los ricos para dar a los pobres, ni la de un loco que un día invadió Estados Unidos y fue buscado sin éxito, pero finalmente murió en una emboscada de 150 tiros el 20 de julio de 1923.
Te recomendamos:
“No fue héroe ni villano, era humano”, Jorge Jiménez sobre su papel como Pancho Villa
Rodolfo Fierro, el general más temido y sanguinario de Pancho Villa
Nada Que Ver
