En el sur de México, la idea de que unos seres milenarios se esconden en la naturaleza para cuidar de ella se mantiene viva, especialmente en Chiapas, Guerrero, Oaxaca y Veracruz, donde las historias de estas criaturas son bien conocidas por los pobladores, que los miran con tanto misticismo como respeto.
Se trata de deidades menores íntimamente relacionadas con la naturaleza, que fungen como guardianes de los ríos, lagos, bosques y selvas. Muchos aseguran que habitan en cuevas y sitios alejados de los humanos.
Sus características varían de lugar a lugar: suelen ser descritos como seres invisibles, enanos que se mueven rápidamente entre la densa vegetación y hasta pequeños duendes con sombrero de carácter juguetón; no obstante, la mayoría de las descripciones coinciden en que se trata de «seres antropomorfos de sexo masculino o femenino y de pequeña estatura».
Según la Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana, en el caso de la región comprendida como los Tuxtlas en Veracruz, la vida y misión de los chaneques forma un relato coherente que se mantiene presente en la imaginación de sus habitantes:
«Los chaneques son los dueños de los montes, de los animales y las plantas. En la región de los Tuxtlas, están organizados bajo el mando del Chane o Chaneco, dios de la tierra y del agua, quien reside en el talogan, cantaxotalpan o ta’altampa, el mundo subterráneo, donde la naturaleza es pródiga. Los subordinados del Chane, los chaneques menores, viven en pareja y están casados; pueden ser benéficos para el hombre (chaneques blancos), o enemigos malignos (chaneques negros)».
Según la tradición, los chaneques considerados buenos suelen habitar a las afueras de pueblos, encontrarse en caminos o siembras; mientras que su contraparte maligna estaba profundamente relacionada con la visión nahua del inframundo y la influencia europea a partir de la Conquista.
Desde entonces, se considera que existe una afección llamada “espanto de chaneque”, que afecta a cualquier persona que se cruce con uno de ellos y cuyas dramáticas consecuencias van desde sufrir accidentes, hasta la muerte.Según la Biblioteca antes mencionada, estas criaturas también pueden hacerse del alma de una persona que viola las reglas de la caza, pesca, recolección de plantas o cualquier norma de conducta:
«La pérdida del apetito, del sueño y del pulso son los síntomas iniciales. Al evolucionar la dolencia, el paciente enflaquece, presenta diarrea, vómito, dolor de cabeza, palidez y “fríos”, y sueña constantemente el suceso traumático originador del espanto. También se vuelve triste, distraído, ausente y no responde a los estímulos del medio que le rodea».
Las leyendas y la concepción alrededor de la enigmática criatura explican el pensamiento de algunos pueblos originarios y está íntimamente relacionada con la preservación del territorio y el ambiente, además del equilibrio entre la naturaleza y en contra de la depredación de los recursos naturales.
Nada Que Ver
