<< Por suerte para los dictadores, los hombres no piensan >>.
Adolf Hitler
<< Siniestro, racista, pelafustán y mierda, eso es Donald Trump >>
Emmanuel Lubezki
En mayo de 2016, el escritor americano Jack El-Hai publicó lo que se convertiría en uno de los títulos más representativos en su profesión de escritor: “The Nazi and Psychiatrist: Hermann Göring, Dr. Douglas M. Kelley and a Fatal Meeting of Minds at the End of WWII”, traducido al español como “El Nazi y el Psiquiatra”. Este es un libro que recauda antecedentes de los miembros más poderosos del movimiento Nazi en la Segunda Guerra Mundial.

El doctor psiquiátrico Douglas M. Kelley logró, durante un periodo de meses, el análisis psicológico de los personajes; reclutado por el ejército estadounidense en 1945 –al concluir la guerra– ejerció como el psicoanalista dedicado a validar, analizar y resolver la raíz de la filosofía nazi, sus antecedentes, su relación psicológica y las razones de las atrocidades que numeroso miembros de la ideología cometieron al mando de Hitler.
Los constantes estudios mentales que aplicó el doctor y capitán del ejército norteamericano eran para, en un principio, detectar si existía algún trastorno psiquiátrico en los rangos altos nazis, pero con el paso del tiempo su ambición por estudiarlos fue más allá. Los resultados que Douglas obtuvo lo llevaron a conclusiones crueles, perturbadas y reales.
Específicamente el análisis de un miembro del movimiento nazi lo dirigió al desenlace de su tesis: Hermann Göring, otrora as de la Primera Guerra Mundial, jefe de la alguna vez temida Luftwaffe, y el más alto oficial del Tercer Reich que aún seguía con vida. En un inicio, Hermann fue asignado como la cabeza del grupo paramilitar “Camisas Pardas” del Sturmabtelung hasta ser Reichsmarschall, rango similar al de un General de seis estrellas y sucesor del Führer.

Después de la guerra, Göring y su gente fueron puestos a disposición de un jurado internacional para definir el castigo y penitencia que recibirían los líderes nazis clasificados como criminales. Para ello, antes de ser condenados, se le solicitó al Dr. Douglas el estudio psiquiátrico de los sujetos alemanes con la intención de que sus trastornos no afectaran el castigo a recibir.
Así pues, con el paso del análisis del doctor, la relación específicamente con Göring fue reciproca: atenta, humana y natural. Cada estudio, cada examen, cada resultado fue dando cuerpo a la historia que narra Jack El-Hai.
Primera Parte: Los nazis naturales
En un principio se pensaba que las acciones radicales de los nazis eran, más que un problema de poder, una enfermedad: Psicópatas. Sin embargo, el escritor Hervey Cleckley autor de La máscara de la cordura, definía a los psicópatas como “gente que se comportaba de manera normal en público y fingía obedecer las normas sociales, pero que en realidad ocultaban sus impulsos salvajes y falta de empatía, y solo los mostraban en privado”, pero en realidad Kelley nunca uso el término “psicópata” para referirse a los prisioneros nazis.

Para comprender mejor, Los Nazis fueron catalogados –y confirmados– como un movimiento nacionalista, antisemitista, anticomunista. Era nacionalsocialista. Un partido para fortalecer Alemania y destruir el tratado de Versalles.
Cuando Douglas M. Kelley comprendió tal descripción, decidió basar y enfocar gran parte de sus resultados en pruebas de psicoanálisis, entre ellas las pruebas de Rorschach; éstas funcionaban de manera similar a las técnicas de la semántica general, ya que a través de historias relatadas permitía el acceso a las mentes de los sujetos de estudio, y ofrecía la oportunidad de analizar sus emociones, actitudes y personalidad (…) Según Kelley decía que >. Si los resultados de los presos nazis llegaran a mostrar patrones o similitudes, Kelley estaría cerca de descubrir rasgos esenciales de la mente nazi.
Con todo el material obtenido con el reclutamiento de evidencias, historias y documentos, Kelley fue armando su expediente. Dentro de ello, se localizaba el fanatismo de la gente leal a Hitler y el respetar de su filosofía. Era su héroe. De hecho, Göring insistía que su líder, Hitler, había actuado como titán al quitarse la vida:
“El suicidio no fue una cobardía por parte de Hitler. Después de todo, era la cabeza del estado alemán y para mí sería completamente impensable que estuviera en una celda como ésta, esperando enfrentar un juicio criminal de guerra ante un tribunal extranjero (…) Yo prefería sufrir cualquier consecuencia con tal de evitar que Hitler estuviera vivo y enfrentara a un tribunal extranjero en calidad de prisionero”.

Desde entonces, Göring consideraba el suicidio como una opción lógica cuando el honor y la dignidad nacional estaban bajo ataque”.
Al ir analizando minuciosamente los pensares y las acciones de los criminales de guerra, Kelley comenzó a interesarse en otras cuestiones más profundas, más arraigadas. más personales. “Al psiquiatra le interesaba más averiguar de qué estaban hechos los colegas nazis, que cuál sería su destino judicial; él nunca dudo de su culpabilidad, lo único que quería era entender el funcionamiento psiquiátrico y saber qué había provocado a su aberrante conducta como líderes… en fin, quería identificar cualquier rasgo que vinculara a los veintidós acusados”.
Días antes del juicio, y ya concluido el estudio del doctor, Hermann Göring se suicidó, tal como lo hiciera su capitán. Consumiendo unas capsulas de cianuro, el Reichsmarschall había muerto. Después de la muerte, Kelley declaró a los medios que “no fue sorprendente que el Reichsmarschall haya insistido en hacer su muerte una declaración de desafío, porque sólo así podía ser congruente con sus ideales y su imagen. Al psiquiatra no le pareció que el suicidio fuera una cobardía, al contrario: <<Demuestra lo ingenioso e inteligente que era. También fue el último gesto para darle un golpe bajo a todo el ejército estadounidense. En la mente alemana, el suyo es un acto bastante heroico y lo pone al nivel de los cuatro grandes: Hitler, Himmler, Göbbels y él>>. Si esos jerarcas nazis evitaron la vergüenza del ahorcamiento, ¿Por qué Göring no habría de hacerlo?”.

Al revisar la información y las interpretaciones de los estudios y las pruebas, específicamente las de Rorschach, el psiquiatra notó que ninguno de los jerarcas nazis mostraba señales de enfermedad mental ni rasgos de personalidad que pudiera servir para catalogársele como demente. Si lo que Kelley M. Douglas esperaba era descubrir un germen nazi o que los inculpados tenían en común una personalidad pervertida, no contaba con mucha evidencia de ello a la mano. Lo que sí encontró fueron rasgos a los que denomino neurosis, es decir: fallas psiquiátricas comunes que, ciertamente, pudieron aquejar a los nazis e incrementar su crueldad, pero de ninguna manera les situaban más allá de los límites de lo normal.
“El tiempo que el psiquiatra pasó con los prisioneros le había convencido de que compartían varios rasgos: ambición desmedida, moral endeble y un patriotismo excesivo con el que podían justificase cualquier acto de rectitud cuestionable (…) Los nazis no eran monstros, máquinas de hacer el mal ni autómatas sin alma”. Una de las conclusiones del doctor era que << una cantidad enorme de gente era propensa a actuar de la misma forma que lo habían hecho los crímenes de guerra>>”.
Dentro de sus herramientas de estudio psicoanalista, Kelley se apoyó en la socióloga, la historia y la semántica korzybskiana: <<la demencia no explica a los nazis: “ellos solamente eran, como los somos todos los humanos, criatura producto de su propio ambiente; y también eran, creadores de ese ambiente >>.
Entre las tesis que el doctor estructuró, confesó que “los nazis no tuvieron que inventar las nociones que sustentaban los principios de Führer –el héroe del pueblo capaz de rescatar la nación– ni las de la existencia de una élite que podría guiar a todos (esto de estimó desde la Primera Guerra Mundial donde los líderes alemanes querían colocarse en una posición superior a los países vecinos) (…) << Es un hecho científico comprobado que una persona que piensa con los centros emocionales del cerebro (talámicos), no puede pensar de forma intelectual (corticalmente). Hitler hizo que toda la raza pensara con el tálamo, y en ese estado general fue más fácil que la gente sucumbiera a los propagandistas >>. Para controlar esas ideas que ya estaban integradas a la cultura, no se requería de cualidades extraordinarias, tan sólo de liderazgo”.

Para conclusión del psiquiatra, una de las más elementales y poderosas (por la cual hemos desarrollado ésta investigación) fue la descripción de las personalidades, mismas que se encuentran en todo los países:
“Las personalidades de los hombres que había instigado las atrocidades, tenían cabida en los parámetros de la normalidad, por eso a Kelley le preocupaba que volviera a suceder (…) Sus patrones de personalidad indican que, aunque son individuos deseables desde el punto de vista social, sería bastante sencillo encontrar hombres parecidos a ellos en Estados Unidos”.
El doctor temía que ‘individuos similares en aspectos psicológicos pudieran repetir holocaustos y crímenes contra la humanidad’.
Al final, el cierre perfecto y magistral lo dio él, Gouglas M. Kelley, una conclusión categórica y acertada. La hipótesis del doctor estaba tan cerca de la realidad…
“El doctor Kelley llegó a la consumación (que lo conmocionaba y lo abrumaba) que >, esto lo declaró en una conferencia en Estados Unidos durante el otoño de 1946:
“Son gente que existe en todos los países de mundo. Sus patrones de personalidad no son oscuros, pero son personas que tienen intereses peculiares, que desean obtener poder. Y si ustedes dicen que aquí no hay ese tipo de gente, yo respondería que estoy casi seguro de que, incluso en Estados Unidos, hay quienes con gusto escalarían sobre los cadáveres de la mitad de sus compatriotas si eso les permitiera obtener control sobre la mitad, y que son personas que, actualmente, solo se dedican a hablar; las que utilizan los derechos de la democracia de una forma antidemocrática”.
Estas observaciones realizadas por el psiquiatra implicaban que, en teoría, Estados Unidos podría llegar a tener los mismos problemas que Alemania. Sus compatriotas se aseguraban así mismos con frecuencia que, en su país, la minoría no podría controlar a la mayoría, que la civilización no caería en tal barbarie, y que las tradiciones democráticas de esa nación no soportarían el totalismo: << Descubrí que entre la población estadounidense existe ese mismo sentimiento antiminorías >>, concluyó el doctor y general.

Ante tal desenlace tatuado en el cuerpo de El psiquiatra y el Nazi, la realidad supera la ficción y desearía este versículo de la historia fuera sólo eso, pero no. Han pasado más de 70 años y la historia parece repetir; no tan drástico pero sí igual de lastimoso. Ahora, las situaciones del actual mundo comienzan a dar vida a la tesis del Dr. Kelley en donde, según él, en todas partes del mundo existen personas que ocuparían como herramienta fundamental el distinción, el clasismo, racismo y nacionalismo; en cualquier parte del mundo y, principalmente, en Estados Unidos.
Segunda Parte: El 2016, un campo minado.
Donald John Trump, empresario con alcances mediáticos, es un político nacido en Queens, Nueva York el 14 de junio de 1946. Es presidente de la Trump Organization y fundador de la empresa de hotel y juegos de azar Trump Entertainment Resorts. Actualmente es candidato del Partido Republicano a la Presidencia de Estados Unidos para las elecciones presidenciales de 2016 con su slogan “We are going to make our country great again” (Vamos a hacer a nuestro país grande de nuevo). Éste, consiguió vencer en las elecciones primarias tras la retirada de todos sus adversarios y se convirtió oficialmente en candidato a la Presidencia en la Convención Nacional Republicana, celebrada entre el 18 y el 21 de julio de 2016.

El 16 de junio de 2015, el portal de la BBC Mundo anunció la intención del multimillonario conservador estadounidense Donald Trump de convertirse en candidato presidencial de Estado Unidos por el Partido Republicano. Con un discurso de 45 minutos, el empresario aterrizó todas las propuestas que tiene para su país en la que, sin importar, ataca directamente al país vecino: México.
Trump dijo que habría que levantar un “gran muro” en la frontera entre Estados Unidos y México, que debería ser pagado por los vecinos del sur, al tiempo que aseguró que “México no es nuestro amigo”: << México manda a su gente, pero no manda lo mejor. Está enviando a gente con un montón de problemas (…) Están trayendo drogas, el crimen, a los violadores. >>, afirmó el magnate. Donald dijo que sus afirmaciones se basan en información que obtuvo de la Guardia Fronteriza: << EE.UU. se ha convertido en el basurero de los problemas de todos los demás >>.
El mismo medio, BBC, publicó el pasado 7 de agosto de 2015, un resumen de las frases más sorpresivas del candidato republicano Donald Trump en el primer debate en el que mostró su lado polémico ante los medios. Entre sus confesiones, el republicano confirmó que “Nuestros líderes son estúpidos. Nuestros políticos son estúpidos. Tenemos que construir un muro rápidamente. Y no me molestaría en ponerle una gran y bella puerta”.
También, el político y candidato afirmó el domingo 16 de agosto que en caso de llegar a la Casa Blanca deportaría a las familias de los inmigrantes indocumentados y anularía la acción ejecutiva del presidente Barack Obama: “Vamos a mantener las familias juntas, pero se tienen que ir”, expresó el también empresario de bienes raíces en entrevista con el programa Meet the Press de la cadena NBC.
Trump, que ha sido acusado de sostener puntos de vista racistas, sugirió que de no expulsar a todos los indocumentados, Estados Unidos correría el riesgo de desaparecer como país. Al presentar su plan migratorio, Donald reiteró su idea de que México pague por la construcción de un muro fronterizo, aunque no precisó cómo lo haría. Otro de los puntos de su proyecto migratorio explica que se debe despojar de la nacionalidad estadounidense a los hijos de los inmigrantes, medida que está en uso desde 1868 y que establece que los hijos de migrantes, aún de los indocumentados, se consideran como estadunidenses, debido a la enmienda 14 de la Constitución de Estados Unidos.
El magante millonario (como se describe), señaló que otra de las ideas que tiene para evitar la llegada de más migrantes a Estados Unidos es triplicar la presencia de agentes en la frontera con México. Sin explicar cómo lo haría, el republicano insistió en su propuesta de deportar a millones de migrantes sin papeles para regresar de manera expedita sólo a la gente “buena”. Evitó responder de dónde sacaría los recursos para su plan de deportación masiva y dijo que nadie lo ha hecho antes porque los gobiernos son “incompetentes”. Durante la misma entrevista, Donald esbozó una política exterior en la que Estados Unidos aportaría infantería a la lucha contra el grupo Estado Islámico y exigiría recursos a los países del Oriente Medio apoyados por Washington [Información de NBC, AP y Notimex].

Reforzando la fijación del empresario por establecer un muro, el pasado 5 de abril, el portal Animal Político publicó que “Trump quiere que México haga un pago único de 5 mil a 10 mil millones de dólares para la construcción del muro y así no aprobar una ley que bloquearía el envío de remesas de los mexicanos que trabajan en Estados Unidos”. El precandidato dice que México recibe casi 24 mil millones de dólares de remesas, la mayoría de estos recursos provienen de trabajadores cuyo estatus es ilegal.
Ante estas declaraciones y “propuestas” –sin importar la opinión de políticos, mandatarios, religiosos, intelectuales, periodistas, escritores, actores, músicos, cineastas y, obviamente, la opinión pública–, el presidente actual de la República Mexicana, Enrique Peña Nieto, invitó el pasado 31 de agosto al candidato Donald Trump a visitarlo en la Ciudad de México donde tuvieron una reunión para aclarar, delegar y debatir las intenciones del empresario para con México. Sin embargo, la reunión fue un fracaso. Dejando de lado el coraje de la nación mexicana por invitar a una persona que hiere a su país, el candidato Donald sostuvo su postura frente al mandatario mexicano con su intención de dividir ambos países con un muro y que el pago de éste se definirá en cuanto él llegue al poder.
Unas horas después del encuentro entre Peña Nieto y Donald Trump, el político estadounidense reiteró frente a miles de seguidores en Arizona que continuaba en pie la dictadura del muro: “Vamos a construir una enorme muralla en la frontera del sur y México va a pagar por ese muro al cien por ciento”. Se dijo, está convencido de que se concentrará en la construcción [del muro] “después de reunirse con su maravillo Presidente”. [Sin embargo MX].
El ideal nacido en el personaje americano ha convencido a muchos y molestado a otros tantos. Una postura que, a mi parecer, actúa tal cual la filosofía del partido desarrollado por Hitler. El candidato Donald Trump ha tenido un gran manejo mediático con sus propuestas radicales, ha obtenido el debate continuo con las naciones americanas y defendiendo el nacionalismo que lo está representando; ése que lo paralela con los alemanes. Una campaña política “nacionalista”, idealista y supuestamente ‘patriótica’.
Tercera Parte: El Teorema.
Conclusión.
No habrá, tal vez, conclusión más acertada que rebase la hipótesis y comprobación del doctor Kelley en aquellos tiempos de guerra. Ésta ya se encuentra marcada en 22 Cells in Neremberg, el libro que empapa todo el expediente del doctor. Asimismo, en 1995 Eric Zillmer y Robert P. Archer, expertos en el tema, desarrollaron otro título, “The Quest for the Nazi Personality: A Psychological Investigation Of Nazi Wa Criminals”, acaparado con las conclusiones del Dr. M. Kelley.
El desarrollo psiquiátrico, judicial y nacional que involucra a Göring y los criminales de guerra se vuelve, con el paso de los años, un acierto a los tiempos vigentes. La postura del empresario Trump con su desprecio a los latinoamericanos es más evidente día con día. El juego –si es que es un juego– que mediáticamente utiliza para aclamar votos y blasfemias es inigualable. Su manera de expresar sus teorías y filosofía logra involucrar sentimentalismos patrióticos de tal manera que convence y envuelve al seguidor. El impacto de sus palabras lo colocan en una tarima de liderazgo, ese que los norteamericanos les favorece tener; no podrían perder el título de “El mejor país. La mejor nación”. El lenguaje que Trump ocupa, manipula a las masas atrayéndolos a su “súper país” que está en desarrollo. La misma visión de Adolf Hitler tenía con los alemanes; ambas naciones no requerían un dictador criminal, solo alguien que dijera lo que les temía proclamar. Pero, calma, los estadounidenses no son los criminales, “los hay en todas partes del mundo” lo dijo Kelley. El riesgo de la sobreexplotación por el poder se siembra en cualquier mente que sobre pase el liderazgo a una enfermedad anti-voluntaria.

Si se preguntan -“¿Podrían regresar los nazis a nuestra actualidad?”-, podrían, sí. Cualquiera que comparta una filosofía radical que sobrepase la libertad de otra filosofía logrará retornar los holocaustos. -¿Cómo Donald Trump?- Él no es el problema, el temor es toda la gente que corre y sigue detrás de él; ellos son el peligro. Tal vez no regresen los campos de concentración, pero si los francotiradores que protegerán las tierras del perfecto Estados Unidos según el candidato, jugando nosotros, los latinos, como judíos temerarios.
El autor de éste articulo fortalece que gran mayoría de la Primera Parte: “Los Nazis Naturales” se encuentran citas de la obra del escritor Jack El-Hai. Las notas y bibliografía fueron honradas de su recopilación. Un artículo en homenaje al escritor.
Oscar Castillo
Fuentes.
El-Hai, J., “The Nazi and Psychiatrist: Hermann Göring, Dr. Douglas M. Kelley and a Fatal Meeting of Minds at the End of WWII”, El Planeta, Mexicana, 2013.
BBC
CNN
NBC
Animal Político
Proceso
Notimex
Sin Embargo MX

