
Los bares y tabernas de las principales ciudades alemanas contaban con presencia homosexual y algunos barrios eran conocidos por su especial apertura a los miembros de la comunidad. El Instituto para la Ciencia Sexual creado por el mismo Comité, jugó un papel preponderante en la investigación de los temas relacionados con el pleno ejercicio de la sexualidad y durante su operación, reunió estudios e investigaciones científicas que servían de contrapeso al tabú de la sociedad y el rigor de las leyes contra la diversidad sexual.
En 1936, el alto mando de la estructura nazi impulsó la creación de un organismo encargado de perseguir y criminalizar a todos quienes se encontraban fuera del “acto natural”: la Oficina Central del Reich para la lucha contra la homosexualidad y el aborto inició una política de persecución, detención y tortura hacia los gays. Las “listas rosas” especificaban a los individuos que debían ser arrestados y enviados a campos de concentración, mientras que una minoría era asignada a terribles experimentos con el objetivo de “curar la enfermedad de raíz”.
Nada más entrar a un campo de concentración, la maquinaria nazi se ponía en marcha al cruzar las rejas que custodiaban uno de estos sitios de muerte y exterminio. El primer filtro era la pérdida de identidad: atrás quedaban todas las particularidades que hacían a cada persona única. El nombre, la historia propia y familiar, el origen, las creencias religiosas, la cultura y la preferencia sexual de cada individuo desaparecían ante la tecnología de tortura y olvido puesta en práctica durante el régimen nacionalsocialista.
El uniforme –tal y como ocurre en los centros penitenciarios modernos– no sólo era una señal que diferenciaba a los prisioneros de los militares y demás encargados del funcionamiento de un campo de concentración, también contribuía a fortalecer la disociación definitiva entre el conjunto de características que crean la identidad y la condición que, según el Tercer Reich, los hacía prisioneros.
La tecnología del poder atravesaba los cuerpos y al mismo tiempo que coaccionaba, mantenía su lógica de disciplina a través de un sistema de castas alimentado desde la autoridad vigilante, del que los mismos prisioneros eran partícipes: dentro de los mismos prisioneros, algunos gozaban de más privilegios que otros, por considerarse su delito menor. De esta forma, un testigo de Jehová poseía más derechos y un trato distinto a un criminal común, mientras un preso político valía más que un migrante.
En el último eslabón de la cadena, los judíos y homosexuales sufrían el maltrato no sólo de los militares, también de los demás prisioneros que ostentaban más “derechos” que ellos. Eran el blanco favorito de tortura, humillación y abuso sexual entre el grueso de quienes conformaban la estructura viva de un campo de concentración.
Una vez que la Segunda Guerra Mundial llegó a su fin, las atrocidades del Tercer Reich salieron a la luz poco a poco ante la pasividad internacional. Los derechos de los judíos se reestablecieron, los disidentes, migrantes y otros prisioneros trataron de rehacer su vida entre el desastre que dejó el fascismo en su paso por Europa, pero las condiciones apenas mejoraron para la comunidad gay: la discriminación, criminalización y las etiquetas conservadoras que concebían a la diversidad sexual como una enfermedad mental se mantuvieron presentes en Alemania, donde la homosexualidad fue criminalizada hasta junio de 1994, fecha en que se eliminó el artículo 175 del código penal bávaro.
Así nació el triángulo rosa, uno de los símbolos más visibles y reconocidos del orgullo gay alrededor del mundo. En cada marcha, manifestación, barrio y trinchera que defiende el derecho a la diversidad sexual, la figura rosa vuelve a salir a las calles, a protagonizar desfiles y a alzar la voz contra todos aquellos que se oponen y aterran de descubrir que el amor, la sexualidad y el erotismo tienen formas tan distintas como los colores del arcoiris, el otro símbolo que identifica la lucha por la libertad y la causa que hasta hoy es necesaria y urgente en la sociedad.
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“Persecution of Homosexuals In The Third Reich”, United States Holocaust Memorial Museum.
