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Home Historia

El día que viajé a Sudán para darme cuenta que lo único que cura las heridas es el tiempo

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octubre 19, 2017
in Historia
El día que viajé a sudán para darme cuenta que lo único que cura las heridas es el tiempo

El día que viajé a Sudán para darme cuenta que lo único que cura las heridas es el tiempo

Texto escrito por Cesar Jerónimo Esquinca Enríquez de la Fuente

El día que fui iniciado en un peculiar rito sud-sudanés se convirtió en una experiencia que jamás olvidaré. Esto sucedió poco después de la misa cristiana oficiada en árabe y dinka, durante el banquete para celebrar la cirugía exitosa de nuestro mediador cultural. Acompañado de aproximadamente 300 hombres y mujeres vestidos en togas de gala, realizamos el ritual justo antes de probar el delicioso banquete con arroz, pollo, ful —platillo local sud-sudanés, hecho con frijoles, sal, aceite y grasa de cabra— y pasta de ocra. Consistió en lo siguiente: un hombre de cada mesa de invitados tomó una larga vara hecha del tronco de un trigal seco, y rítmicamente la mantuvo mientras la movía en círculos encima de la mesa del grupo al tiempo en que los otros comían. Teníamos que ahuyentar a las águilas y halcones que sobrevolaban encima de nosotros para que no robaran el festín.

En momentos así, llenos de un contraste amargo y dulce, me llega esta frase a la mente: time heals all wounds. Hoy, sentado en la silla de plástico de mi oficina temporal, como esas que se encuentran en la kermés de la escuela primaria, en una fresca mañana dentro de la ASAA (Abiyei Special Administrative Area), he determinado que esta frase que usamos como Paracetamol del alma, en ocasiones tristes, parece tener un significado más profundo que he descubierto gracias a mi experiencia al trabajar con Médicos Sin Fronteras en Sudán del Sur y la ASAA.

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“Médicos Sin Fronteras (MSF) es una organización médico-humanitaria de carácter internacional que aporta su ayuda a poblaciones en situación precaria y a víctimas de catástrofes de origen natural o humano y de conflictos armados, sin ninguna discriminación por raza, religión o ideología política.

Nuestra presencia independiente e imparcial en las situaciones de crisis nos permite dar una asistencia inmediata y temporal a las personas más necesitadas. Ponemos la acción sanitaria en primer lugar, pero también asumimos riesgos, confrontamos al poder y usamos el testimonio como medio para provocar cambios en favor de las poblaciones”.

Después de haber trabajado cuatro años a cargo de “Field HR” o Recursos Humanos de Terreno en la oficina de MSF para México y Centroamérica, acepté una propuesta de misión para trabajar en Sudán del Sur, el país más nuevo del mundo, y la región en disputa entre Sudán y Sudán del Sur: la Abiyei Special Administrative Area. Hace ya seis meses que emprendí esta aventura para apoyar el desarrollo de las capacidades de nuestro equipo en este país, buscando fortalecer el impacto que tienen dos proyectos que atienden a la población vulnerable en la región norte.

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“MSF ha estado trabajando en la región que ahora constituye la República de Sudán del Sur desde 1983. En 2016 MSF ha operado 17 proyectos médicos regulares a lo largo del país, y durante 2015 llevó a cabo una cifra cercana a un millón de consultas médicas. En el periodo del 1º de enero de 2016 al 30 de abril, MSF estuvo a cargo de:

235 mil 851 consultas ambulatorias, de las cuales 88 mil 618 fueron a niños menores de 5 años de edad

13 mil 716 pacientes hospitalizados, de los cuales 6 mil 058 fueron niños menores de 5 años de edad

4 mil 256 operaciones quirúrgicas, y mil 718 heridos de guerra atendidos

50 mil 974 pacientes tratados por Malaria

7 mil 050 pacientes tratados por malnutrición grave, de los cuales 2 mil 449 fueron admitidos en cuidados intensivos

3mil 612 nacimientos atendidos”.

Algo resultó claro desde mi llegada: estaba en tierra de gigantes —figurativa y literalmente, pues el promedio de estatura en la región es de 1.90 metros—. Si bien ha resultado un reto apoyar al increíble equipo compuesto por profesionales sud-sudaneses y del resto del mundo, debido a las dificultades del contexto, he observado el gran alcance e impacto que sus capacidades técnicas y de gestión pueden tener. Y es increíblemente enriquecedor e injusto. Porque aquí pareciera que cualquier forma de apoyo, por pequeña que sea, es vista como un vaso de agua en el desierto: Indispensable para sobrevivir, pero insuficiente al mismo tiempo. Y yo veo a mi equipo en este lugar y veo a este país como un terreno increíblemente fértil, en temporada de lluvias.

Sé que mi perspectiva puede parecer inverosímil o ingenua. Incluso para algunos compañeros humanitarios, pero el atestiguar las proezas que logra nuestro equipo con los recursos disponibles, me hace reflexionar sobre que, en muchas otras ocasiones, he encontrado en contextos mucho más socio-económicamente desarrollados un verdadero desierto árido. En este lugar he podido atestiguar cómo en el hospital de Agok —dentro de la ASAA— se realizó la primera craneotomía exitosa en la región, y ver los ojos de asombro y orgullo del equipo quirúrgico al descubrir una nueva frontera médica dentro de sus capacidades; o cómo el registro detallado de la información clínica y los determinantes sociales de nuestros pacientes, sumado a la visita de un toxicólogo y epidemiólogo líder en materia de herpetología, se transformó en el eficaz llamado a los actores en salud global que influyó la inclusión de las mordeduras de serpiente en la lista de Enfermedades Tropicales Desatendidas de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

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Sí, la situación en esta ciudad es extremadamente difícil para la población vulnerable del país, esto jamás hay que perderlo de vista. Es por ello que he descubierto, como diría mi abuela, que el tiempo cura todas las heridas, pues no hay mal que dure mil años. La increíble labor del equipo de MSF me lo ha demostrado: el tiempo pasa, imparable y relativo a 45 grados centígrados a la sombra, pero constante como él solo. Y las heridas que nos hacemos entre humanos o las que sufrimos por la naturaleza de nuestro planeta y cómo lo hemos afectado, van a pasar. Está en nosotros la oportunidad de curarlas, o dejar que el tiempo las olvide y nos deje de lado.

**

Alguna vez te has preguntado: ¿cuántas mujeres tuvieron que ser asesinadas para crear la ginecología? Si quieres saberlo, lee más aquí.


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