A lo largo del tiempo los seres humanos han recurrido al uso de ciertos aparatos y medios para poder recordar hechos, personajes y lugares. La imagen es el ejemplo por de fault que se usa para poder retomar el pasado. Dentro del vasto campo de imágenes que existe, está el igualmente amplio campo de la fotografía.
Desde su descubrimiento, a principios del siglo XIX, no se ha hecho otra cosa más que ir sumando fotografía tras fotografía al bagaje colectivo; todas con algo que contar (o tal vez no). La fotografía se presentó como una medio ideal para registrar los sucesos que se consideraban relevantes y que, con el tiempo, serían parte de la historia. Desde su aparición, la fotografía trató documentar y plasmar hechos como un testigo fiel y verídico de lo que había pasado.
En la Francia decimonónica surgieron nuevos movimientos artísticos y estéticos, todos ellos bajo la bandera de la modernidad; dentro de esta ideología, la fotografía tuvo una gran acogida, pues ésta era un ejemplo contundente del avance tecnológico que representaba la cotidianidad y veracidad; lo que la alejó en un principio de una categorización artística.
La aparición del invento fotográfico se vincula con la consolidación de la burguesía y su búsqueda por afirmarse políticamente y socialmente; e incluso, unos se atrevieron a decir que ésta superaría a la pintura. No obstante, ésta última siguió ocupando un rango de alta jerarquía y grandes personalidades, reyes, emperadores y jefes de estado, preferían mandarse hacer un cuadro sobre ellos mostrando su estatus y poder. Pero entonces ¿cómo logró adentrarse la fotografía en el seno de la civilización humana y mantenerse siempre vigente?

Las diferencias entre la pintura y la fotografía se basan en el concepto y valor de la pintura histórica, la primera se manejaba mediante ciertos códigos y fórmulas creados para inmortalizar personajes y hechos avalados por el tiempo, remitiendo al pasado como una historia broncínea. Por su parte, la fotografía se mostró como el testigo que da veracidad y realidad a los hechos. A través de su accesible y fácil reproducción, la fotografía se había perfilado como un poderoso elemento para la construcción de una imagen veraz y real que daba fe de su entorno.
Poco a poco, desde gobernantes, artistas y militares, hasta las personas comunes que vivían su vida como podían fueron aceptando y asimilando esta nueva invención. Gracias a ella, personajes tan lejanos a nuestro tiempo como Edgar Allan Poe, Maximiliano y Carlota, Charles Baudelaire, Alexandre Dumas, así como alguna dama parisina o un vendedor de fruta de la ciudad de México, se presentan en imágenes accesibles y reconocibles que podemos interpretar. Ahora, la mayoría de las fotografías del siglo XIX reflejan esa aura de posteridad inamovible que despierta la curiosidad del que la ve y le hace preguntarse por las circunstancias que la rodearon. La fotografía triunfó y llegó para quedarse.


