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Cómo es estar dentro de un ritual de ablación de clítoris en 15 crudas fotografías de Stephanie Sinclair

Historia Cómo es estar dentro de un ritual de ablación de clítoris en 15 crudas fotografías de Stephanie Sinclair

Indonesia es uno de los principales países en los que la ablación de clítoris o la mutilación genital femenina aún se lleva a cabo, estas fotos son evidencia de este procedimiento ritual.


En el marco del Día Internacional del Orgasmo Femenino —que se celebra cada 8 de agosto— resulta imposible no preguntarse qué pasa con todas esas mujeres que en otras regiones del mundo, como en Indonesia, son sometidas a la ablación de clítoris; precisamente a la remoción del órgano sexual más importante cuando se trata del placer femenino. 


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La ablación de clítoris o la mutilación genital femenina (MGF) es un procedimiento que afecta a más de 200 millones de mujeres y niñas, y se realiza principalmente por motivos religiosos o por creencias supersticiosas, que pueden ir desde rituales de iniciación, hasta creer que les traerá buena suerte o hará que las mujeres estén sanas y sean castas a lo largo de su vida. 


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La MGF comprende de distintos niveles de gravedad, ya sea la resección parcial o total de los órganos sexuales femeninos, la remoción parcial del prepucio; la infibulación (que por lo general consiste en coser los labios menores o mayores para crear la abertura vaginal) o la forma más grave de mutilación que puede involucrar la cauterización de toda la zona genital. 


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Estas fotografías pertenecen a Stephanie Sinclair, quien ha dedicado buena parte de su carrera a fotografiar asuntos relacionados con las problemáticas femeninas en países asiáticos, quien en 2006 pudo asistir y fotografiar una celebración masiva de ablación femenina, misma que se llevó a cabo para honrar el cumpleaños del profeta Mohammed y en la que 248 mujeres y niñas que abarcaban las edades de 9 meses hasta 23 años fueron sometida a dicha mutilación bajo la creencia de que tener los genitales sucios después de orinar podría causarles cáncer cervical o que de rezar sus oraciones no sean escuchadas.


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Las fotografías dan cuenta del procedimiento doloroso e innecesario al que son sometidas, asimismo en los pies de foto se explica que durante la celebración todas las familias recibieron dinero.


Incluso en un testimonio de The Guardian se explica que con el tiempo este procedimiento se ha convertido en una fuente de negocio en los hospitales y por lo tanto se han comenzado a realizar en zonas de Indonesia donde antes no se acostumbraba, bajo el bisturí de médicos que sólo están entrenados para la circuncisión masculina, provocando mutilaciones completas. Estos datos, junto con el retrato de las niñas perduran en la memoria del espectador. En palabras de la fotógrafa en una entrevista con National Geographic, precisamente éste es su propósito:


«He visto la forma en la que la fotografía puede hacer cambios increíbles. Cuando la gente ve esas fotografías, yo espero que un sentido de urgencia los abrume, espero que los conmueva y puedan verse a sí mismos como niños en esa situación o ver a su hija, sobrina o alguien más, que quieran hacer algo y que no se olviden de las fotografías».

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La celebración incluye una danza realizada en prendas tradicionales.


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En ese mismo sentido, las lágrimas que vemos en las fotografías sólo pueden ser motivo de indignación, y si bien se trata de una costumbre profundamente arraigada en muchas de las culturas que la practican, esto no la vuelve correcta, en especial cuando no hay ni un solo indicio médico de que esta ablación beneficie a las mujeres. Al contrario, en repetidas ocasiones organismos internacionales como a OMS y la ONU han rechazado categóricamente la práctica, nombrándola una violación de los derechos humanos de las mujeres; sin mencionar que a la MGF se han asociado problemas como hemorragias graves, quistes, infecciones, problemas urinarios, así como trastornos psicológicos que incluyen la depresión y ansiedad particularmente en el momento en el que adolescentes y mujeres adultas toman consciencia de que la mutilación fue llevada a cabo durante su infancia sin su consentimiento.


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Encuentra más del trabajo de Stephanie Sinclair aquí.


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