La oscura razón por la que el mundo cree que en Argentina no hay indígenas

La oscura razón por la que el mundo cree que en Argentina no hay indígenas

Por: Alejandro I. LC3pez -

Durante décadas, la noción de que todos los argentinos tienen raíces europeas ha predominado en todo el mundo. Un grupo cada vez mayor de especialistas críticos intenta cambiar esta idea a través del descubrimiento de las huellas del genocidio indígena en la Argentina.


«En Sudamérica, todos somos descendientes europeos», afirmó Mauricio Macri en el World Economic Forum de Davos, Suiza en enero de 2018. La declaración del presidente argentino no es fortuita, ni siquiera se trata de una opinión impopular, sino del común denominador en la concepción –tanto local como externa– de la conformación étnica de la Argentina.


La norma es creer que la mayoría de argentinos son descendientes de italianos y en menor medida de españoles, una negación que tiene su origen en un evento invisibilizado por décadas: el genocidio de los pueblos indígenas en Argentina y al mismo tiempo, en una poderosa justificación oficial, la conquista de un territorio desierto.

¿Por qué se cree que en el territorio que va desde el noroeste argentino, pasando por las Pampas y hasta la Patagonia, jamás existieron pueblos indígenas?


La “Conquista del Desierto”: del genocidio al olvido

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En el último cuarto del siglo XIX, los esfuerzos militares desde el gobierno argentino dirigidos a conquistar territorios indígenas se concentraron en la llamada “Conquista del Desierto”, liderada por el entonces Ministro de Guerra y Marina (y posteriormente presidente) Julio A. Roca.


Se trató de un conjunto de acciones militares orientadas a conquistar a sangre y fuego los territorios ocupados por distintos grupos indígenas, especialmente mapuches, ranqueles y tehuelches, todos habitantes originarios del Cono Sur y asentados en la Pampa y la Patagonia. Estas campañas acontecieron desde 1876 y hasta 1917, dejando como resultado la fragmentación casi total, desaparición de la cultura y el modo de vida de entre 50 y 60 mil indígenas de la Pampa y Patagonia.

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Una de las características más notorias de la campaña de Roca fueron las operaciones contra la población civil según Diana Lenton, antropóloga de la Red de Investigadores en Genocidio y Política Indígena y coautora del artículo que sirve de biografía a este texto:


«El establecimiento de centros de concentración de prisioneros, las deportaciones masivas a diferentes lugares del país con el objeto de la utilización de estas personas como fuerza de trabajo esclava, que implicaban la separación de las familias, el arrebato de los niños de sus padres y el hacinamiento y reclusión de los ancianos».


Al tiempo que estas campañas acontecían, «se construyó un aparato de verosimilitud que desde entonces ha hecho visible al fin del siglo XIX como el momento en que una "generación", liderada por el general-presidente Roca consolidó y modernizó definitivamente al Estado nacional».

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La justificación estaba hecha. Oficialmente, la campaña sirvió para despojar a los “indios ladrones” del territorio nacional, además de instaurar un estado de paz que en el papel, marcaba el tránsito definitivo de la República Argentina hacia un Estado moderno. La noción de la “Conquista del Desierto” funcionó a la perfección para invisibilizar el genocidio y se convirtió en una metáfora nacionalista, una apología de la expansión a costa de una supuesta inferioridad indígena:


«Esta metáfora ha sido utilizada por las narrativas nacionalistas para referirse al evento crucial en la construcción no sólo del estado moderno sino de una "nación sin indios" -sin problematizar el "por qué no los habría (...) La metáfora del desierto contribuiría a que el conjunto de acciones fueran comprendidas paradójicamente como una campaña militar incruenta y civilizatoria, sobre un territorio salvaje y mayormente deshabitado».


Según el último censo oficial (2010), en Argentina existen poco menos de un millón de personas indígenas o descendientes de pueblos originarios, el 2.38 % de la población total. Entonces, ¿por qué negar las raíces históricas del pueblo argentino? ¿Por qué no mirar tanto el pasado como el estado actual de las cosas con una visión crítica y de memoria de los vencidos?