
Al exterior, la imagen contemporánea de Corea del Sur es la de un país desarrollado, con una economía pujante que provee de salud, educación, tecnología y una alta calidad de vida a todos sus habitantes. No obstante, no hace falta ir demasiado lejos de Seúl para encontrar la contraparte a los enormes rascacielos y distritos financieros que se levantan en la capital surcoreana.
Uno de estos sitios es Guryong, un asentamiento irregular ubicado en un terreno privado en el que habitan entre 2 mil 500 y 4 mil personas. Construido a finales de la década de los 80 por personas desalojadas de sus casas debido a los terrenos ocupados por el gobierno para levantar la infraestructura necesaria para los Juegos Olímpicos de Seúl en 1988, la gente de Guryong vive en refugios que hacen de casas, formados con pedazos de madera, metal y plástico.
El fotógrafo vivió durante tres años en este sitio antes de mudarse a Chicago. Soohyun Kim visitó Guryong Village durante seis semanas entre el invierno de 2014 y 2015 «documentando la villa y proveyendo a los pobladores de servicios de fotografía, como fotografías para su pasaporte o imágenes funerarias».
«Este proyecto fue uno de los más personales, pero también muy político. Al hacer retratos de mis familiares y sus vecinos, quería hacer mucho más que mostrar mi gran respeto por ellos, también llamar la atención del esfuerzo que realizan en sus vidas diarias», asegura Soohyun Kim.
Para Soohyun Kim, «en lugar de mostrar la mezquindad y la miseria de la pobreza en el vecindario, quise plantear una pregunta sobre la razón socio-política y estructural por la cual se construyó el barrio y cómo funciona allí la naturaleza humana. El observador externo puede ver en estos hogares nada más que una pobreza aplastante; lo que veo, como observador interno, es su ingenio, perseverancia y orgullo».
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