Durante años, Stranger Things nos ha vendido la idea de que Once es el resultado de la imaginación más oscura y brillante de la ciencia ficción. Una niña con poderes mentales, experimentos secretos, científicos obsesionados y un gobierno dispuesto a cruzar cualquier límite.
Todo suena muy Netflix, hasta que descubres que, décadas antes de que la serie existiera, hubo una mujer real que dejó a científicos y militares con más preguntas que respuestas. Su nombre fue Nina Kulagina y su historia parece sacada directamente de un guion que alguien olvidó estrenar.
Lee también: ¿Pos que te pasó, princeso? Andrew Garfield apareció con radical cambio físico y sus fans no soportaron
Para entender por qué tanta gente la llama “la Once de la vida real”, primero hay que regresar a la serie. Once o Jane Hopper, tiene habilidades que van desde mover objetos con la mente hasta comunicarse a distancia y alterar la realidad cuando sus emociones se salen de control. Es un personaje ficticio, sí, pero su poder parece que podría tener algo de realidad.
La impactante historia real de Nina Kulagina, la ‘Once’ de la vida real que fue investigada por la URSS

Nina Kulagina nació en 1926, en plena Unión Soviética, y vivió una vida marcada por la guerra. Durante la invasión nazi se unió al Ejército Rojo y trabajó como operadora de radio en un tanque T-34, llegando al rango de sargento mayor. Nada fuera de lo común para su época, hasta que, años después, comenzaron a documentarse habilidades que nadie sabía explicar.
Según registros y videos de la década de los setenta, Nina podía mover objetos sin tocarlos, alterar el funcionamiento de brújulas y afectar campos electromagnéticos solo con concentración mental. No hablamos de trucos de magia: científicos soviéticos la estudiaron en entornos controlados, usando cajas especiales para evitar interferencias externas y descartar fraudes.

En las grabaciones se le ve moviendo cerillos, piezas metálicas y pequeños objetos de laboratorio, todo sin contacto físico. Lo más impactante fue un experimento realizado en el Instituto Ukhtomskii de Leningrado, donde supuestamente logró alterar el ritmo cardíaco de un corazón de rana que había sido extraído del cuerpo y colocado en una solución especial.
A diferencia de Eleven, Nina no sufría sangrados nasales ni colapsos físicos visibles, aunque sí se sabe que estas sesiones la agotaban mentalmente. Tras resultar herida en combate, se retiró del servicio militar, formó una familia y llevó una vida relativamente normal, al menos en apariencia. Porque sus habilidades nunca dejaron de interesar al mundo científico, sobre todo en el contexto de la Guerra Fría, cuando cualquier ventaja, real o no, podía significar poder.

Aquí es donde las comparaciones con Stranger Things se vuelven inevitables. Al igual que Eleven, Nina fue observada, analizada y estudiada por científicos del Estado, ambas compartían la capacidad de la telequinesis, aunque en el caso de Kulagina se limitaba a objetos pequeños. Eso sí, nunca hubo portales ni monstruos, pero el misterio era igual de inquietante.
Los creadores de la serie nunca han confirmado que Kulagina haya sido una inspiración directa, algunos aseguran que Eleven está más relacionada con personajes como Charlie McGee, de Ojos de fuego de Stephen King. Aun así, la existencia real y documentada de Nina sigue generando una pregunta incómoda: Si hubo una Nina Kulagina… ¿cuántas historias similares se quedaron fuera de la ficción?
Por cierto, si te gusta analizar historias de amor ajenas para entender la tuya, únete a Yo en el amor, una comunidad donde hablamos de relaciones reales, corazones rotos, dudas existenciales, apps de citas, vínculos bonitos y todo lo que pasa cuando intentamos querer y que nos quieran.
Nada Que Ver
