
Jonestown es ahora el nombre lúgubre con el que se recuerda a tal secta, que en un principio se presentó como un grupo religioso incluyente que aceptaba integrantes sin importar su origen, raza o estrato social. Del mismo modo, era descrito como “un paraíso socialista” en el que se crearon granjas, así como cultivos para el sustento de los más de 900 miembros que se habían afiliado al Templo del Pueblo para aquel entonces. El socialismo también se trató de un interés personal de Jim Jones, quien se consideraba comunista y pretendía difundir tal ideología.
Tal idea de comunidad fue progresando paulatinamente hasta la fundación de Jonestown, lugar en el que cada integrante debía colaborar con alguna tarea, ya fuera agricultura, construcción, cocina, educación o la recaudación de fondos.
El fin del paraíso
A pesar de la utopía que Jonestown representaba, la realidad es que nadie estaba preparado para recibir a casi mil personas en el lugar. El hospedaje no era suficiente y la comida tampoco, por lo que las condiciones de vida se deterioraron, así como la salud de las personas.
Lamaha gardens house youth, 1978 / Juanell Smart.Castigos, torturas y control
Como en todo culto, las medidas de control hacia los miembros que mostraran señales de desobediencia o cuestionamiento no sólo eran estrictas, también mortales. Algunas de las más crueles incluían encerrar a la gente en “La Caja” –una estructura subterránea a manera de calabozo, de 2 x 1 metros aproximadamente– amenazas de exponer a las personas a animales salvajes, así como el uso de drogas para incapacitar a quienes dudaran del culto.
También existe registro de que los tratos infrahumanos no estaban reservados sólo para los desobedientes, sino que el trato general solía caer en la humillación y los golpes, sin duda dos herramientas útiles para manipular a la gente que habitaba Jonestown.
El lavado del cerebro y la vida en Jonestown
Más allá de convencer a los miembros de que donaran todos sus ingresos o abandonaran su vida en los Estados Unidos, también se pusieron en práctica otro tipo de juegos de poder. Por ejemplo, Jones adoptó la costumbre de que se refirieran a él como “Padre” y a su esposa Marceline como “Madre”.
Se le hizo creer a la gente que ni bien abandonaran el culto, agentes de gobierno los apresarían y llevarían a campos de concentración —una amenaza que resultaba bastante efectiva entre los grupos minoritarios dada la historia estadounidense—, sin mencionar que existían guardias armados que no permitían que la gente abandonara Jonestown, en especial en el punto más álgido de la masacre.
«El control de comportamiento incluyó separar a las familias, informar de otros miembros (y de los pensamientos propios), regular la actividad sexual y, una vez en Jonestown, gobernar todos los aspectos de la vida individual y el pensamiento en la medida de lo posible. Jones inculcó un sentimiento de terror generalizado empezando en 1960 con las predicciones de una guerra nuclear y continuando en 1970 con las profecías del genocidio racial, la toma de control fascista y la tortura ubicua». Se explica en el reporte del WRSP.
El primer asesinato y la masacre:
La masacre de Jonestown inició el 18 de noviembre de 1978, cuando el congresista Leo Ryan viajó hasta Guyana para inspeccionar las actividades en el campamento tras escuchar rumores de que había personas que eran retenidas en contra de su voluntad, además de incontables abusos cometidos en contra de los feligreses. Durante su retirada del lugar fue asesinado junto con otros miembros del Templo que deseaban regresar a Estados Unidos, así como los periodistas Robert Brown, Don Harris y Greg Robinson.
Después de tal asesinato, se dice que Jones perdió la poca cordura que le quedaba y aprovechó al máximo la visita del congresista para disuadir al resto de las personas en que debían llevar a cabo una revolución de muerte. Según el reporte de la BBC, Jones remarcó sobre las amenazas a su paraíso, al tiempo que declaró:
«Por el amor a Dios, ha llegado el momento de terminar con esto. Hemos obtenido todo lo que hemos querido de este mundo. Hemos tenido una buena vida y hemos sido amados».
La gente de Jonestown estaba mentalmente preparada para entregar la vida por su líder. Durante las “Noches blancas”, solían realizar ensayos de un suicidio masivo, mismos que también han sido considerados como una táctica de control y de terror, pues algunos miembros temían que en tales noches no se tratara de un ensayo, al tiempo que era una forma de demostrar la lealtad de los creyentes a Jones.
Al suicidio en masa sobrevivieron alrededor de 200 personas, las cuales huyeron durante la masacre. Otros más se escondieron, mientras que decenas escaparon de su destino al encontrarse a miles de kilómetros de Jonestown.
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