
La carga de trabajo en el campo en los últimos meses de año es pesada, es la temporada para cosechar todo lo que se cultivó y hacer reservas para consumir en el frío invierno. Por esta razón el protagonista de esta historia no quería pasar un segundo sin desaprovechar el tiempo para cumplir con sus funciones y sacarle el mayor provecho a su trabajo.
Cuando llegó el día en que se celebra a los difuntos, la esposa del hombre le recordó que tenía que darse un descanso para formar parte de la tradición y honrar a sus ancestros como era costumbre, sin embargo, el hombre se negó rotundamente afirmando que prefería ahorrar el dinero de la fiesta para si mismo e invertir su tiempo en actividades más lucrativas, así que se fue a trabajar sus tierras.
Ya entrado en el trabajo bajo el sol, el hombre escuchó una voz familiar proveniente del monte «Hijo, hijo quiero comer unos tamales». A pesar de asombrarse, el hombre intentó seguir trabajando, hasta que comenzó a escuchar que otras voces sin procedencia lo llamaban por su nombre, reclamando por alimento y atención, comprendió que las voces pertenecían a sus difuntos parientes, incluyendo a su padre, le estaban reclamando la ausencia de ofrenda en su casa.
El hombre cumplió con la ofrenda para sus ancestros, sin embargo, los muertos optaron por llevarlo a su mundo, es por eso que esta fecha debe ser un pretexto para recordar a los seres que se han ido y compartirles sus gustos, honrarlos con nuestros recuerdos. Recuerda que los muertos no perdonan el olvido.
