Historia

Los códices prehispánicos más emblemáticos

Historia Los códices prehispánicos más emblemáticos


Es cierto que los conceptos de literatura, arte y poesía no existían en mesoamérica, no antes de la llegada de los españoles. Sin embargo, casi todas las civilizaciones de esta región poseían una organización política y religiosa basada en la observación de la naturaleza, no sólo externa sino propia del ser humano. En el caso de los pueblos antiguos de México, los libros que contenían estos aspectos sociales, eran conocidos como Tonamalatl o libros de pinturas: códices prehispánicos, como actualmente los conocemos. Estos libros fueron los ejes verticales del poderío mesoaméricano, fuentes de organización perenne; pero más allá de eso, los libros de pinturas son apreciados por la gran belleza pictórica que poseen. Para los estudiosos del siglo XIX, fueron grandes representaciones de arte, debido a la inmensa gama de detalles y figuraciones estéticas que representan.


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De los pocos códices prehispánicos que se salvaron de la conquista, podemos contar alrededor de 30, algunos pertenecientes a la zona mixteca (Oaxaca), otros a la zona maya (Yucatán-Guatemala) y por último, los oriundos del México central. Y es verdad: los españoles hicieron muchas quemas de libros sagrados, pero no fueron los únicos. Existen estudios que afirman que los primeros en realizar quema de códices fueron los propios mexicas, pues intentaban sobresalir entre todas las demás culturas del valle de México, adoptando su cosmogonía con el propósito de tener raíces, dejar su huella a través de las demás culturas. Con su idea de Huitzilopochtli, numen que representaba no sólo la guerra sino el sol naciente y, por tanto, la fuerza de voluntad, fue la causa de estas primeras quemas. Los mexicas manipularon el contenidos de algunos códices con el fin de brindarle un origen a sus tradiciones.


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A continuación te presentamos el listado de algunos códices prehispánicos, basándonos sobre todo en la clasificación de dos grupos: el grupo mixteca y el grupo Borgia. La diferencia entre estos es evidente para muchos antropólogos e historiadores. Los del grupo mixteco se basan en los testimonios históricos, centrados en los relatos que cuentan el origen del ser humano y su mitología, así como la organización política de cada zona mixteca; los más destacados de este grupo son:


Códice Selden


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Pertenece a la cultura mixteca y fue uno de los pocos que sobrevivieron a la conquista, no tiene influencia española, pues a diferencia de estos, en los códices prehipánicos las representaciones antropomorfas carecen de cejas, esta es, quizá, la diferencia más marcada entre ambos periodos. El dueño de este códice fue, durante mucho tiempo, el británico Jhon Selden, un jurista del siglo XVII. El libro fue encontrado en la zona mixteca, actual estado de Oaxaca. Y trata el registro de la genealogía y las distintas familias importantes de Jaltepec en el siglo X.


Códice Zouche-Nuttall


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Este códice está conformado por 16 láminas hechas con piel de venado y pintadas por ambos lados. Trata las hazañas del señor Chicueyi-Mazatl (ocho-venado) y las historias genealógicas del pueblo de Teozacualco. El códice, una vez extendido en su totalidad, mide 11 metros de largo y se presume que fue creado en el siglo XIV, en el pueblo de Tilantongo. Es, por ende, un documento que nos remonta al pasado zapoteca.


Códice Bodley

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También se trata de un códice mixteco, pintado por ambas caras y explica la genealogía y fundación de Tilantongo por una cara; por la otra, se relatan los orígenes míticos de Bulto de Xipe y el señor Nahui-Ehecatl (cuatro viento).


Códice Vindobonensis Mexicanus I


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También mixteco, fue creado en la alta mixteca, hoy el noroeste de Oxaca. Su nombre deriva de Viena (Vindobonensis) y es el más extenso de todos los códices del grupo mixteco, consta de 52 láminas pintadas a doble cara, las cuales, al ser desplegadas, llegan a medir hasta 26 metros de largo. Trata la historia del señor Ocho-venado-Garra-jaguar; las alianzas que hubo entre los pueblos mixtecos con los nahuas del México central. La segunda cara del códice es quizá la parte más famosa y ha sido publicada en varias versiones de la SEP. Ahí se encuentra registrada una gran variedad de los mitos que conformaron la cosmovisión mixteca, tales como como los orígenes de los dioses y los seres humanos. A este códice se le conoce con otros nombres: Códice Viena, Códice Clementino o Anales de Tepexic.


Códice Colombino-Becker


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Es en realidad son dos códices en uno, el códice quedó dividido después de la conquista. Esto lo descubrió el historiador Alfonso Caso al encontrar distintas similitudes entre las figuras y representaciones pintadas, por lo que logró hacer un ensamblaje formidable entre ambos. Miguel León Portilla se encargaría de publicar los dos códices ya ensamblados en 1996, por lo que también es conocido como Códice Caso. Fue elaborado en Tututepec en el siglo XII, muestra pasajes y hazañas de los señores Ocho-venado y Cuatro-viento. Es el único que se encuentra todavía en México y se puede pedir una replica casi exacta en la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia. Consta de 40 láminas y está pintado sobre piel de venado, las láminas se dividen en 24 pertenecientes al Colombino y 16 al Becker.


Códice Borgia


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Pasemos al segundo grupo de códices, el que lleva por nombre Borgia. Y para comenzar, hablemos del más representativo de estos, el famoso códice Borgia o Youalli-ehecatl (noche de viento). El contenido de todo este grupo está inclinado hacia los rituales adivinatorios y ofrendas durante los periodos anuales. El códice Borgia contiene el tonalpohualli, mejor conocido como la cuenta de los días; otra parte está dedicada a los nueve señores de la noche; otra, a los rituales de parto y temazcales periódicos; la cuarta parte relata la muerte de Quetzalcoatl y su renacimiento en Xolotl, Venus o la estrella vespertina; también contiene las ceremonias del "fuego nuevo", celebrado cada 52 años. Muchos otros rituales de fertilidad, dedicados a los dioses fluviales Chalchiuhtlicue y Tlaloc, pueden ser vistos entre sus páginas. Todo esto era profundamente estudiado por los sacerdotes tlamacasques en el pasado, encargados de leer el destino de los seres humanos, medir los periodos agrícolas y las etapas solares (estaciones del año). Consta de 39 láminas pintadas por ambos lados. Fue descubierto por el naturalista alemán Alexander von Humboldt durante sus viajes a la zona mixteca de Puebla en 1985, y el primero en organizar una interpretación exhaustiva sobre él, fue el célebre Eduard Seller.


Códice Fejérváry Mayer


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Perteneciente al grupo denominado Borgia, guarda una estrecha similitud con el códice Laud en algunos caracteres, lo cual es típico en la mayoría de los códices de este grupo. Consta de 23 láminas de piel de venado, de las que 22 están pintadas. Una vez extendido en su totalidad, es posible que alcance a medir alrededor de cuatro metros. Su contenido es mítico religioso. Nos muestra las cuatro regiones del mundo: Tlahuiztlampa (oriente: lo que representa la primera luz, lugar de donde sale el sol cada mañana; la voluntad y el emprendimeinto); Huiztlampa (sur: lo que representa el lugar de las fuerte disciplinas, el camino lleno de trabajos y esfuerzos; también denominado el lugar de los guerreros); Cihuatlampa (poniente: que representa el lugar a donde van las mujeres muertas en el parto, las cuales también son guerreras; guarda similitud al color rojo, cuando el sol está a punto de desaparecer); y Mictlampa (norte: que tiene que ver con el lugar del reposo, la muerte). Este códice también resguarda gran cantidad de ofrendas y rituales dedicados a las fechas indicadas a modo del tonalli. Se usaba como tonamalatl, es decir: servía para predecir o entrever el destino de las personas nacidas en ciertos días. Su nombre deviene de Gabriel Fejérváry, quien lo resguardó durante mucho tiempo en Hungría.


Códice Laud


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O Laudianus. Nombrado así en honra al eclesiástico inglés William Laud. Consta de 24 hojas de piel de venado. Hay quienes aseguran que se encuentra incompleto y que perteneció a la zona central de México. Su contenido, como la mayoría del grupo Borgia, está dedicado al ritual adivinatorio, también posee diferentes representaciones de ofrendas y cuentas calendáricas con sus respectivos regentes o dioses.


Códice Vaticanus B


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(No debe confundirse con el pergamino griego Vaticano B) Este códice guarda una estrecha relación con el códice Borgia, pues también tuvo la intención en el pasado de iniciar a los sacerdotes tlamacasquis en el arte de la adivinación periódica. Consta de 49 hojas de piel de venado pintadas por ambos lados. Se cree que proviene de las regiones mixtecas de Puebla.


Códice Borbónico 


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Este es uno de los pocos códices que no fueron pintados sobre piel de venado sino en un tipo de papel muy parecido al amate, que era extraído de las pencas de maguey. También está incompleto, pues sus últimas láminas fueron extraídas y jamás recuperadas. En la actualidad se encuentra en el Palacio Borbónico de París, razón de su nombre. Este códice se conforma por cuatro secciones: la primera de ellas es el tonalpohualli o almanaque adivinatorio que cuenta con 260 días y sus respectivos nemontemi (51/4 ). La segunda parte está dedicada a los nueve señores de la noche, con los días portadores cada 52 años. La tercera demuestra de qué forma los indígenas celebraban las fiestas de las veintenas. La cuarta está relacionada con los días nefastos y los días propicios para que la gente hiciera cierta actividad. Las actividades podían ser: matrimonios, días de siembra, días carnales (sexualidad), días de nacimiento, días de fiestas, días de trabajos hogareños, entre muchas otras actividades que los indígenas realizaban no sin antes consultar estos libros sagrados.


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