El perdedor de Napoleón: amante mediocre y fracasado en el amor

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El perdedor de napoleón: amante mediocre y fracasado en el amor
El perdedor de Napoleón: amante mediocre y fracasado en el amor

Napoleón Bonaparte sabía de lo que hablaba cuando afirmó que «las batallas contra las mujeres son las únicas que se ganan huyendo». El amor apareció a su puerta, pero no de la manera tan exitosa que tuvo en los campos de batalla cuando Europa se rindió a sus pies. En 1795, Josefina de Beauharnais, la mujer de sus ojos, apareció en su vida cuando apenas era un soldado que se abría camino en el ejército francés.

Ella había salido de prisión tras cumplir una condena por, presuntamente, haber luchado contra la Revolución Francesa. Sin dinero y un estado de ánimo decadente, se dedicó a buscar un hombre que le pudiera asegurar un futuro y una estabilidad económica, así que fue el pequeño soldado quien se presentó como el mejor candidato debido a su prometedora carrera y múltiples contactos con hombres importantes.

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“La consagración del emperador Napoleón y la coronación de la emperatriz Josefina el 2 de diciembre de 1804” Jacques–Louis David (Musée du Louvre, París)

La historiadora, periodista, escritora y autora de Napoleón y Josefina, Cartas en el amor y en la guerra, Ángeles Caso, asegura que antes de fijarse en Josefina, Napoleón estaba enamorado de la española Teresa Cabarrús, pero que Josefina, experta en las artes amatorias y con una larga lista de amantes tras ella, hizo todo para que el soldado se fijara en ella y abandonara a Cabarrús. Napoleón y Josefina se casaron en una ceremonia a la que acudieron grandes personajes de la política y milicia francesa. Al poco tiempo, Bonaparte fue enviado a cumplir una misión a Italia, lo que le obligó a separarse de su amada. Es en este momento cuando comienza un intenso intercambio de apasionantes cartas que han pasado a la historia y que han sido objeto de estudio de parte de especialistas en la vida del general.

Las misivas muestran a un Napoleón claramente enamorado y flechado por la presencia de Josefina de Beauharnais. Estos son fragmentos de diferentes cartas que dan muestra de ello: «Desde que te he dejado he estado siempre triste. Mi felicidad consiste en vivir junto a ti. Sin cesar repaso en mi memoria tus besos, tus lágrimas, tus amables celos, y los encantos de la incomparable Josefina alimentan siempre una llama viva y ardiente en mi corazón y en mis sentidos».

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El intercambio de correspondencia durante el tiempo que duró su matrimonio (1796 a 1809) fue bastante desigual. Bonaparte escribió la sorprendente cantidad de 265 cartas, todas en el mismo tono meloso y romántico del ejemplo anterior, mientras que su amada le correspondió con únicamente… cinco (aunque otras fuentes ponen cinco más). La razón de tan raquítica correspondencia de ella es fácil de adivinar: jamás estuvo enamorada de Napoleón y en cambio sí lo estaba de otros hombres, como el teniente de húsares Hippolyte Charles, quien contaba nueve años menos que ella. A la vez que la puerta de su alcoba se abría para recibir a numerosos amantes, Josefina se dedicaba a despilfarrar la fortuna que su marido comenzaba a ganar con sus misiones.

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El general y también emperador no dudó en recriminar esta falta de interés de Josefina: «Confiaba haber recibido carta tuya, y tu silencio me abisma en una horrorosa inquietud. Te lo ruego, no me dejes por más tiempo en semejante desasosiego. […] Tú, a quien la naturaleza ha dado dulzura, amenidad y todos los atractivos, ¿cómo puedes olvidar al que te ama con tanto ardor? Tres días estoy sin carta tuya, y sin embargo te he escrito muchas veces. La ausencia es horrible, las noches son largas, fastidiosas e insulsas».

En medio de las luchas que Napoleón sostenía en diferentes puntos de Europa, estas cartas viajaban hasta Francia con toda la ilusión del enamorado que desconoce la conspiración de desinterés que se urde tras sus espaldas. Aunque algo sentía el “Pequeño Corso” que le hacía sospechar de la vida descarriada que su esposa llevaba en París. Una carta fechada el 13 de noviembre de 1796 desde Milán lo constata: «Ya no te amo; al contrario, te detesto. Eres una ruin, una torpe, una ruda. No me escribes […], no amas a tu marido. ¿Qué hace usted todo el día señorita? ¿Qué negocio tan importante quita a usted el tiempo para escribir a su bien amante? ¿Qué afecto ahoga y hace poner en el olvido el amor, el tierno y constante amor que le tiene usted prometido? ¿Quién puede ser ese prodigioso y nuevo amante que absorbe todos sus instantes? […]»

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Conforme más tiempo pasaban separados (Napoleón fue enviado Egipto a una larga misión), su amada más se desentendía de él y no sólo aumentaba su lista de amantes sino sus negocios sucios con gente del ejército, quien fue la primera en advertirle al general sobre las relaciones extramaritales de Josefina. En este momento, el amor de Napoleón se transformó en frialdad e indiferencia hacia ella debido a la decepción experimentada. Entonces él también comenzó a tener amantes. Josefina vio en peligro su condición de emperatriz, ya que el odio que su esposo comenzó a profesarle en cartas se combinaba con la ausencia de hijos. Su estrategia cambió: ahora era abnegada y sumisa, aunque el general no mordió el anzuelo.

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A modo de desquite, Josefina comenzó a esparcir en las cortes los rumores de que el Emperador era un inepto en la cama y que no lograba otorgarle placeres sexuales. Esto evidentemente se contraponía al hecho de que Napoleón comenzó a tener hijos con sus varias amantes. Es más que probable que Josefina afirmara estos detalles por coraje y ante el peligro de ver su matrimonio amenazado, con lo cual todos sus privilegios se verían dañados. Esta historia de “amor” culminó la noche del 14 de diciembre de 1809. Napoleón recordaría este fracaso de la siguiente manera: «Quise de verdad a Josefina –le dice el viejo león a Les Cases–, aunque no la estimaba. Era demasiado mentirosa. Pero tenía algo que me gustaba mucho; era una verdadera mujer; tenía el culo más bonito del mundo, con sus tres islotes de La Martinica». La cita se saca del ya mencionado libro Napoleón y Josefina, Cartas en el amor y en la guerra.

El nacido en Córcega ha sido uno de los generales más grandes (no en estatura) de la historia, quien para desgracia suya no supo estar a la altura de una mujer que, incluso en el momento de casarse con él, sostenía un récord de relaciones y aventuras muy superior al de su marido (ya había estado casada y era madre de dos hijos). Sin duda, Napoleón fue un triunfador indiscutible en el campo de batalla, pero perdió el combate más trágico de todos: el del amor.

Conoce más sobre las cartas de amor y obsesión de Napoleón a Josefina que a más de uno le romperán el corazón y el sorpresivo e increíble día que Napoleón se enteró de que Dios no existe. Todo personaje tiene sus momentos oscuros que delatan personalidades frágiles y contradictorias.

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