En 1850, cubriendo un tramo de poco más de 13 kilómetros, inició el primer servicio ferroviario en México. Fue durante la presidencia de Porfirio Díaz (1876-1910) cuando este transporte tuvo un fuerte impulso.
De Porfirio Díaz es bien sabido su gusto por la estética europea y su visión afrancesada que pretendía evidenciar en el país. Durante su administración se llevaron a cabo importantes obras en varios puertos y se construyeron importantes vías férreas, cuya red se desarrolló hasta quedar casi como se encuentra en nuestros días. Se facilitó el intercambio comercial con EU con el trazo de las líneas de ferrocarril, el correo y el telégrafo se utilizaron en todo el país, nacieron los primeros bancos, se regularizó el cobro de impuestos y poco a poco se pagaron las deudas.

El ferrocarril representaba progreso y prestigio para nuestro país, las estaciones y talleres se constituían también como importantes espacios de sociabilidad y de flujos, no sólo de mercancías y productos, sino también de personas, noticias, novedades y entretenimiento.
Al final de la década de 1990 los ferrocarriles mexicanos fueron privatizados y el servicio de transporte de pasajeros dejó de existir, a excepción de un par de recorridos turísticos. Sin embargo, ya desde entonces se había puesto en marcha el Programa Nacional de Rescate del Patrimonio Histórico, Cultural y Artístico de los Ferrocarriles Nacionales de México, el cual ha censado, catalogado y organizado el rescate de un número considerable de edificaciones y piezas del ahora llamado acervo ferroviario.
El ferrocarril y sus espacios, su tiempo y sus personas hicieron historia y ahora es el tiempo de reconocer que cada uno de sus viajes fue especial. Por esta razón, los artistas mexicanos Ivan Puig y Andrés Padilla Domene decidieron recorrer los casi 9 mil kilómetros de ferrocarril en México y Ecuador a bordo del S.E.F.T-1 (Sonda de Exploración Ferroviaria Tripulada -1).

La SEFT-1 es un vehículo que funciona como dispositivo de investigación. Puede desplazarse tanto en tierra como en vías férreas. Esta sonda exploratoria hace un levantamiento de fotografía, video, audio y texto de sus encuentros, del paisaje e infraestructura alrededor de los trayectos, así como entrevistas con personas a su paso, etc. Transmite la información a su sitio web, en el cual se puede monitorear el estado de la sonda, su ubicación, rutas trazadas en mapas geoposicionados, ver imágenes y videos de sus recorridos y acceder a información de contexto editada por un equipo de investigación.

Desde la plataforma del arte, este proyecto se cruza con temas de tecnología, historia, antropología, política, geografía humana, educación, ciencias ambientales entre otras. Se interesa en la vivencia sensible de la realidad como suceso estético. Busca generar relaciones e historias entre personas en los entornos rural-urbano aportando al entendimiento de los complejos mecanismos de conformación social. Investiga los esquemas de dependencia tecnológica -y como las características de la misma condicionan los procesos sociales- al tiempo que hace uso de ella para aproximarse y compartir la experiencia.
La Sonda tiene capacidad para dos tripulantes. En algunas poblaciones por las que pasa la nave, los ferronautas presentan la información que se haya recabado en recorridos anteriores, entablando un diálogo y funcionando como transbordador de historias y preguntas entre personas y lugares. Durante los trayectos, los tripulantes trabajan sobre procesos reflexivos y creativos en torno a sus encuentros, que pueden derivar en muestras físicas, fotográficas, sonoras, etc.

La referencia estética de la S.E.F.T-1 se basa en la noción de progreso vinculada al futuro, tal como lo planteó la modernidad: la razón y la tecnología son consideradas como solución a los problemas de la humanidad y se disponen al servicio del bien común.
El proyecto revisa este fracaso de futuro y el desmoronamiento del metarrelato que predica la relación positiva entre la ciencia y el bienestar social. Actúa a su vez como máquina del tiempo, no sólo por la inspección histórica sino porque en sus exploraciones pasará por lugares que funcionan aún como sociedad agrícola, industrial, post-industrial, hasta la sociedad de la información, coexistiendo en un mismo espacio y poniendo en entredicho el concepto del desarrollo lineal y sucesivo.
El proyecto muestra transformación que sucede en torno al paso del ferrocarril, y cómo las características de la tecnología inciden en la morfología de la ecología humana, un ejemplo de esto es el nacimiento de pueblos en los puntos donde la locomotora había de detenerse a recargar agua y carbón. Las vías en desuso atestiguan estos sucesos, en esos espacios se vive claramente la noción de obsolescencia tecnológica. Los doce trayectos programados para los recorridos intentan hacer un mapeo general del territorio mexicano, fueron escogidos por condiciones específicas como, importancia histórico-política, riqueza cultural o geográfica.

El trabajo de Ivan Puig (Guadalajara, México, 1975) está lleno de soluciones formales híbridas que no permiten describir con precisión sus piezas, pues, por ejemplo, decide intervenir una serie de esculturas públicas a partir de pequeños objetos o situaciones que recontextualizan un objeto inmóvil, documenta fotográficamente esta acción, y muestra el registro de esta intervención como obra final.
Por otro lado, el trabajo de Andrés Padilla Domene aborda una serie de exploraciones en torno a los medios y sus límites. Desde esta perspectiva, las piezas proponen discutir las posibles contracciones y expansiones del medio como soporte del proceso creativo, mismo que se aproxima, con un comentario crítico, a ciertos paradigmas socioculturales contemporáneos tales como los discursos oficiales estereotipados y los mecanismos de consumo y control.
Juntos, con el apoyo del Museo Nacional de Arte MUNAL y Ferrocarriles Mexicanos FERROMEX, lograron desarrollar el S.E.F.T-1, el que propone la exploración de vías de ferrocarril en desuso como punto de partida para la reflexión y la investigación; su importancia histórica, sus implicaciones sociales, circunstancias y contextos actuales. Aborda dos polos de la experiencia social de la tecnología: la utilidad y el desecho. La manera en que la ideología del progreso marca sus tiempos históricos.
SEFT-1 Abandoned Railways Exploration Probe from The Arts Catalyst on Vimeo.
Para conocer el trayecto y revisar el material obtenido durante el viaje, puedes visitar el sitio oficial del proyecto S.E.F.T- 1.
En 1850, cubriendo un tramo de poco más de 13 kilómetros, inició el primer servicio ferroviario en México. Fue durante la presidencia de Porfirio Díaz (1876-1910) cuando este transporte tuvo un fuerte impulso.
De Porfirio Díaz es bien sabido su gusto por la estética europea y su visión afrancesada que pretendía evidenciar en el país. Durante su administración se llevaron a cabo importantes obras en varios puertos y se construyeron importantes vías férreas, cuya red se desarrolló hasta quedar casi como se encuentra en nuestros días. Se facilitó el intercambio comercial con EU con el trazo de las líneas de ferrocarril, el correo y el telégrafo se utilizaron en todo el país, nacieron los primeros bancos, se regularizó el cobro de impuestos y poco a poco se pagaron las deudas.

El ferrocarril representaba progreso y prestigio para nuestro país, las estaciones y talleres se constituían también como importantes espacios de sociabilidad y de flujos, no sólo de mercancías y productos, sino también de personas, noticias, novedades y entretenimiento.
Al final de la década de 1990 los ferrocarriles mexicanos fueron privatizados y el servicio de transporte de pasajeros dejó de existir, a excepción de un par de recorridos turísticos. Sin embargo, ya desde entonces se había puesto en marcha el Programa Nacional de Rescate del Patrimonio Histórico, Cultural y Artístico de los Ferrocarriles Nacionales de México, el cual ha censado, catalogado y organizado el rescate de un número considerable de edificaciones y piezas del ahora llamado acervo ferroviario.
El ferrocarril y sus espacios, su tiempo y sus personas hicieron historia y ahora es el tiempo de reconocer que cada uno de sus viajes fue especial. Por esta razón, los artistas mexicanos Ivan Puig y Andrés Padilla Domene decidieron recorrer los casi 9 mil kilómetros de ferrocarril en México y Ecuador a bordo del S.E.F.T-1 (Sonda de Exploración Ferroviaria Tripulada -1).

La SEFT-1 es un vehículo que funciona como dispositivo de investigación. Puede desplazarse tanto en tierra como en vías férreas. Esta sonda exploratoria hace un levantamiento de fotografía, video, audio y texto de sus encuentros, del paisaje e infraestructura alrededor de los trayectos, así como entrevistas con personas a su paso, etc. Transmite la información a su sitio web, en el cual se puede monitorear el estado de la sonda, su ubicación, rutas trazadas en mapas geoposicionados, ver imágenes y videos de sus recorridos y acceder a información de contexto editada por un equipo de investigación.

Desde la plataforma del arte, este proyecto se cruza con temas de tecnología, historia, antropología, política, geografía humana, educación, ciencias ambientales entre otras. Se interesa en la vivencia sensible de la realidad como suceso estético. Busca generar relaciones e historias entre personas en los entornos rural-urbano aportando al entendimiento de los complejos mecanismos de conformación social. Investiga los esquemas de dependencia tecnológica -y como las características de la misma condicionan los procesos sociales- al tiempo que hace uso de ella para aproximarse y compartir la experiencia.
La Sonda tiene capacidad para dos tripulantes. En algunas poblaciones por las que pasa la nave, los ferronautas presentan la información que se haya recabado en recorridos anteriores, entablando un diálogo y funcionando como transbordador de historias y preguntas entre personas y lugares. Durante los trayectos, los tripulantes trabajan sobre procesos reflexivos y creativos en torno a sus encuentros, que pueden derivar en muestras físicas, fotográficas, sonoras, etc.

La referencia estética de la S.E.F.T-1 se basa en la noción de progreso vinculada al futuro, tal como lo planteó la modernidad: la razón y la tecnología son consideradas como solución a los problemas de la humanidad y se disponen al servicio del bien común.
El proyecto revisa este fracaso de futuro y el desmoronamiento del metarrelato que predica la relación positiva entre la ciencia y el bienestar social. Actúa a su vez como máquina del tiempo, no sólo por la inspección histórica sino porque en sus exploraciones pasará por lugares que funcionan aún como sociedad agrícola, industrial, post-industrial, hasta la sociedad de la información, coexistiendo en un mismo espacio y poniendo en entredicho el concepto del desarrollo lineal y sucesivo.
El proyecto muestra transformación que sucede en torno al paso del ferrocarril, y cómo las características de la tecnología inciden en la morfología de la ecología humana, un ejemplo de esto es el nacimiento de pueblos en los puntos donde la locomotora había de detenerse a recargar agua y carbón. Las vías en desuso atestiguan estos sucesos, en esos espacios se vive claramente la noción de obsolescencia tecnológica. Los doce trayectos programados para los recorridos intentan hacer un mapeo general del territorio mexicano, fueron escogidos por condiciones específicas como, importancia histórico-política, riqueza cultural o geográfica.

El trabajo de Ivan Puig (Guadalajara, México, 1975) está lleno de soluciones formales híbridas que no permiten describir con precisión sus piezas, pues, por ejemplo, decide intervenir una serie de esculturas públicas a partir de pequeños objetos o situaciones que recontextualizan un objeto inmóvil, documenta fotográficamente esta acción, y muestra el registro de esta intervención como obra final.
Por otro lado, el trabajo de Andrés Padilla Domene aborda una serie de exploraciones en torno a los medios y sus límites. Desde esta perspectiva, las piezas proponen discutir las posibles contracciones y expansiones del medio como soporte del proceso creativo, mismo que se aproxima, con un comentario crítico, a ciertos paradigmas socioculturales contemporáneos tales como los discursos oficiales estereotipados y los mecanismos de consumo y control.
Juntos, con el apoyo del Museo Nacional de Arte MUNAL y Ferrocarriles Mexicanos FERROMEX, lograron desarrollar el S.E.F.T-1, el que propone la exploración de vías de ferrocarril en desuso como punto de partida para la reflexión y la investigación; su importancia histórica, sus implicaciones sociales, circunstancias y contextos actuales. Aborda dos polos de la experiencia social de la tecnología: la utilidad y el desecho. La manera en que la ideología del progreso marca sus tiempos históricos.
SEFT-1 Abandoned Railways Exploration Probe from The Arts Catalyst on Vimeo.
Para conocer el trayecto y revisar el material obtenido durante el viaje, puedes visitar el sitio oficial del proyecto S.E.F.T- 1.
En 1850, cubriendo un tramo de poco más de 13 kilómetros, inició el primer servicio ferroviario en México. Fue durante la presidencia de Porfirio Díaz (1876-1910) cuando este transporte tuvo un fuerte impulso.
De Porfirio Díaz es bien sabido su gusto por la estética europea y su visión afrancesada que pretendía evidenciar en el país. Durante su administración se llevaron a cabo importantes obras en varios puertos y se construyeron importantes vías férreas, cuya red se desarrolló hasta quedar casi como se encuentra en nuestros días. Se facilitó el intercambio comercial con EU con el trazo de las líneas de ferrocarril, el correo y el telégrafo se utilizaron en todo el país, nacieron los primeros bancos, se regularizó el cobro de impuestos y poco a poco se pagaron las deudas.

El ferrocarril representaba progreso y prestigio para nuestro país, las estaciones y talleres se constituían también como importantes espacios de sociabilidad y de flujos, no sólo de mercancías y productos, sino también de personas, noticias, novedades y entretenimiento.
Al final de la década de 1990 los ferrocarriles mexicanos fueron privatizados y el servicio de transporte de pasajeros dejó de existir, a excepción de un par de recorridos turísticos. Sin embargo, ya desde entonces se había puesto en marcha el Programa Nacional de Rescate del Patrimonio Histórico, Cultural y Artístico de los Ferrocarriles Nacionales de México, el cual ha censado, catalogado y organizado el rescate de un número considerable de edificaciones y piezas del ahora llamado acervo ferroviario.
El ferrocarril y sus espacios, su tiempo y sus personas hicieron historia y ahora es el tiempo de reconocer que cada uno de sus viajes fue especial. Por esta razón, los artistas mexicanos Ivan Puig y Andrés Padilla Domene decidieron recorrer los casi 9 mil kilómetros de ferrocarril en México y Ecuador a bordo del S.E.F.T-1 (Sonda de Exploración Ferroviaria Tripulada -1).

La SEFT-1 es un vehículo que funciona como dispositivo de investigación. Puede desplazarse tanto en tierra como en vías férreas. Esta sonda exploratoria hace un levantamiento de fotografía, video, audio y texto de sus encuentros, del paisaje e infraestructura alrededor de los trayectos, así como entrevistas con personas a su paso, etc. Transmite la información a su sitio web, en el cual se puede monitorear el estado de la sonda, su ubicación, rutas trazadas en mapas geoposicionados, ver imágenes y videos de sus recorridos y acceder a información de contexto editada por un equipo de investigación.

Desde la plataforma del arte, este proyecto se cruza con temas de tecnología, historia, antropología, política, geografía humana, educación, ciencias ambientales entre otras. Se interesa en la vivencia sensible de la realidad como suceso estético. Busca generar relaciones e historias entre personas en los entornos rural-urbano aportando al entendimiento de los complejos mecanismos de conformación social. Investiga los esquemas de dependencia tecnológica -y como las características de la misma condicionan los procesos sociales- al tiempo que hace uso de ella para aproximarse y compartir la experiencia.
La Sonda tiene capacidad para dos tripulantes. En algunas poblaciones por las que pasa la nave, los ferronautas presentan la información que se haya recabado en recorridos anteriores, entablando un diálogo y funcionando como transbordador de historias y preguntas entre personas y lugares. Durante los trayectos, los tripulantes trabajan sobre procesos reflexivos y creativos en torno a sus encuentros, que pueden derivar en muestras físicas, fotográficas, sonoras, etc.

La referencia estética de la S.E.F.T-1 se basa en la noción de progreso vinculada al futuro, tal como lo planteó la modernidad: la razón y la tecnología son consideradas como solución a los problemas de la humanidad y se disponen al servicio del bien común.
El proyecto revisa este fracaso de futuro y el desmoronamiento del metarrelato que predica la relación positiva entre la ciencia y el bienestar social. Actúa a su vez como máquina del tiempo, no sólo por la inspección histórica sino porque en sus exploraciones pasará por lugares que funcionan aún como sociedad agrícola, industrial, post-industrial, hasta la sociedad de la información, coexistiendo en un mismo espacio y poniendo en entredicho el concepto del desarrollo lineal y sucesivo.
El proyecto muestra transformación que sucede en torno al paso del ferrocarril, y cómo las características de la tecnología inciden en la morfología de la ecología humana, un ejemplo de esto es el nacimiento de pueblos en los puntos donde la locomotora había de detenerse a recargar agua y carbón. Las vías en desuso atestiguan estos sucesos, en esos espacios se vive claramente la noción de obsolescencia tecnológica. Los doce trayectos programados para los recorridos intentan hacer un mapeo general del territorio mexicano, fueron escogidos por condiciones específicas como, importancia histórico-política, riqueza cultural o geográfica.

El trabajo de Ivan Puig (Guadalajara, México, 1975) está lleno de soluciones formales híbridas que no permiten describir con precisión sus piezas, pues, por ejemplo, decide intervenir una serie de esculturas públicas a partir de pequeños objetos o situaciones que recontextualizan un objeto inmóvil, documenta fotográficamente esta acción, y muestra el registro de esta intervención como obra final.
Por otro lado, el trabajo de Andrés Padilla Domene aborda una serie de exploraciones en torno a los medios y sus límites. Desde esta perspectiva, las piezas proponen discutir las posibles contracciones y expansiones del medio como soporte del proceso creativo, mismo que se aproxima, con un comentario crítico, a ciertos paradigmas socioculturales contemporáneos tales como los discursos oficiales estereotipados y los mecanismos de consumo y control.
Juntos, con el apoyo del Museo Nacional de Arte MUNAL y Ferrocarriles Mexicanos FERROMEX, lograron desarrollar el S.E.F.T-1, el que propone la exploración de vías de ferrocarril en desuso como punto de partida para la reflexión y la investigación; su importancia histórica, sus implicaciones sociales, circunstancias y contextos actuales. Aborda dos polos de la experiencia social de la tecnología: la utilidad y el desecho. La manera en que la ideología del progreso marca sus tiempos históricos.
SEFT-1 Abandoned Railways Exploration Probe from The Arts Catalyst on Vimeo.
Para conocer el trayecto y revisar el material obtenido durante el viaje, puedes visitar el sitio oficial del proyecto S.E.F.T- 1.
En 1850, cubriendo un tramo de poco más de 13 kilómetros, inició el primer servicio ferroviario en México. Fue durante la presidencia de Porfirio Díaz (1876-1910) cuando este transporte tuvo un fuerte impulso.
De Porfirio Díaz es bien sabido su gusto por la estética europea y su visión afrancesada que pretendía evidenciar en el país. Durante su administración se llevaron a cabo importantes obras en varios puertos y se construyeron importantes vías férreas, cuya red se desarrolló hasta quedar casi como se encuentra en nuestros días. Se facilitó el intercambio comercial con EU con el trazo de las líneas de ferrocarril, el correo y el telégrafo se utilizaron en todo el país, nacieron los primeros bancos, se regularizó el cobro de impuestos y poco a poco se pagaron las deudas.

El ferrocarril representaba progreso y prestigio para nuestro país, las estaciones y talleres se constituían también como importantes espacios de sociabilidad y de flujos, no sólo de mercancías y productos, sino también de personas, noticias, novedades y entretenimiento.
Al final de la década de 1990 los ferrocarriles mexicanos fueron privatizados y el servicio de transporte de pasajeros dejó de existir, a excepción de un par de recorridos turísticos. Sin embargo, ya desde entonces se había puesto en marcha el Programa Nacional de Rescate del Patrimonio Histórico, Cultural y Artístico de los Ferrocarriles Nacionales de México, el cual ha censado, catalogado y organizado el rescate de un número considerable de edificaciones y piezas del ahora llamado acervo ferroviario.
El ferrocarril y sus espacios, su tiempo y sus personas hicieron historia y ahora es el tiempo de reconocer que cada uno de sus viajes fue especial. Por esta razón, los artistas mexicanos Ivan Puig y Andrés Padilla Domene decidieron recorrer los casi 9 mil kilómetros de ferrocarril en México y Ecuador a bordo del S.E.F.T-1 (Sonda de Exploración Ferroviaria Tripulada -1).

La SEFT-1 es un vehículo que funciona como dispositivo de investigación. Puede desplazarse tanto en tierra como en vías férreas. Esta sonda exploratoria hace un levantamiento de fotografía, video, audio y texto de sus encuentros, del paisaje e infraestructura alrededor de los trayectos, así como entrevistas con personas a su paso, etc. Transmite la información a su sitio web, en el cual se puede monitorear el estado de la sonda, su ubicación, rutas trazadas en mapas geoposicionados, ver imágenes y videos de sus recorridos y acceder a información de contexto editada por un equipo de investigación.

Desde la plataforma del arte, este proyecto se cruza con temas de tecnología, historia, antropología, política, geografía humana, educación, ciencias ambientales entre otras. Se interesa en la vivencia sensible de la realidad como suceso estético. Busca generar relaciones e historias entre personas en los entornos rural-urbano aportando al entendimiento de los complejos mecanismos de conformación social. Investiga los esquemas de dependencia tecnológica -y como las características de la misma condicionan los procesos sociales- al tiempo que hace uso de ella para aproximarse y compartir la experiencia.
La Sonda tiene capacidad para dos tripulantes. En algunas poblaciones por las que pasa la nave, los ferronautas presentan la información que se haya recabado en recorridos anteriores, entablando un diálogo y funcionando como transbordador de historias y preguntas entre personas y lugares. Durante los trayectos, los tripulantes trabajan sobre procesos reflexivos y creativos en torno a sus encuentros, que pueden derivar en muestras físicas, fotográficas, sonoras, etc.

La referencia estética de la S.E.F.T-1 se basa en la noción de progreso vinculada al futuro, tal como lo planteó la modernidad: la razón y la tecnología son consideradas como solución a los problemas de la humanidad y se disponen al servicio del bien común.
El proyecto revisa este fracaso de futuro y el desmoronamiento del metarrelato que predica la relación positiva entre la ciencia y el bienestar social. Actúa a su vez como máquina del tiempo, no sólo por la inspección histórica sino porque en sus exploraciones pasará por lugares que funcionan aún como sociedad agrícola, industrial, post-industrial, hasta la sociedad de la información, coexistiendo en un mismo espacio y poniendo en entredicho el concepto del desarrollo lineal y sucesivo.
El proyecto muestra transformación que sucede en torno al paso del ferrocarril, y cómo las características de la tecnología inciden en la morfología de la ecología humana, un ejemplo de esto es el nacimiento de pueblos en los puntos donde la locomotora había de detenerse a recargar agua y carbón. Las vías en desuso atestiguan estos sucesos, en esos espacios se vive claramente la noción de obsolescencia tecnológica. Los doce trayectos programados para los recorridos intentan hacer un mapeo general del territorio mexicano, fueron escogidos por condiciones específicas como, importancia histórico-política, riqueza cultural o geográfica.

El trabajo de Ivan Puig (Guadalajara, México, 1975) está lleno de soluciones formales híbridas que no permiten describir con precisión sus piezas, pues, por ejemplo, decide intervenir una serie de esculturas públicas a partir de pequeños objetos o situaciones que recontextualizan un objeto inmóvil, documenta fotográficamente esta acción, y muestra el registro de esta intervención como obra final.
Por otro lado, el trabajo de Andrés Padilla Domene aborda una serie de exploraciones en torno a los medios y sus límites. Desde esta perspectiva, las piezas proponen discutir las posibles contracciones y expansiones del medio como soporte del proceso creativo, mismo que se aproxima, con un comentario crítico, a ciertos paradigmas socioculturales contemporáneos tales como los discursos oficiales estereotipados y los mecanismos de consumo y control.
Juntos, con el apoyo del Museo Nacional de Arte MUNAL y Ferrocarriles Mexicanos FERROMEX, lograron desarrollar el S.E.F.T-1, el que propone la exploración de vías de ferrocarril en desuso como punto de partida para la reflexión y la investigación; su importancia histórica, sus implicaciones sociales, circunstancias y contextos actuales. Aborda dos polos de la experiencia social de la tecnología: la utilidad y el desecho. La manera en que la ideología del progreso marca sus tiempos históricos.
SEFT-1 Abandoned Railways Exploration Probe from The Arts Catalyst on Vimeo.
Para conocer el trayecto y revisar el material obtenido durante el viaje, puedes visitar el sitio oficial del proyecto S.E.F.T- 1.

