La belleza es el esplendor de la verdad
Platón
Regreso a Hojas de Té, después de un tiempo, el lugar más bello del Flamenco. Selene González, cofundadora, me ha invitado a conocer los cambios de este hermoso espacio para las artes escénicas. El lugar tiene un nuevo diseño de entrada y la cafetería ha extendido su espacio y servicios, la iluminación es agradable y sus instalaciones inmejorables.
Asciendo al tercer piso, es la Noche Flamenca Vol. 67 y observo y reconozco el territorio. La luz me pega de frente y una mano al otro extremo me saluda. Sonrío porque siento muy bonito. Suspiro y me doy cuenta que olvidé mi cuaderno de notas. Acudo a Marién Luévano, también cofundadora, y me presta una libreta. Todo listo, reviso el bolígrafo y espero el momento.

El espíritu de la guitarra
Oscuridad en el escenario; después, luces tenues y la música asciende lentamente sobre el ambiente. El arpegio y la resonancia nostálgica de los acordes equilibran los silencios. Marién Luévano en las palmas, José Bramasco en el cante y Anwar Miranda en la guitarra. La coreografía de los tangos, infinidad de posibilidades de inicio que se resuelven sensiblemente, el tiempo de las palmas, el devenir en el cante y el ser del baile.
Y ahora sólo pienso en ella y en su amor
Entra Selene González, Pilar Fernández y María Zirión. El principio del baile, la existencia en escena, el alma y la tragedia. Los pasos deslizándose sobre los giros del cuerpo mientras los brazos tocan el espacio, simbolizándolo, configurándose con el paso de las piernas y su relación con el todo. Todo el instrumento de danza, el cuerpo en completo movimiento.
Termina el palo con el brazo alzado y, en la serenidad que acaece de forma ascendente, salen del tablado.
Y yo buscando tus ojos negros por toda la plaza
La guitarra y el arpegio melancólico, hundido en el recuerdo de sus ojos, en la sorpresa de tus ojos. El cante expresa intuitivamente, deslizando su sentimiento sobre los rieles de la historia del Flamenco. Entre letras y sensaciones canta lo que la guitarra y las palmas evocan en su alma dramática. La tristeza y un golpe, el ritmo y las palmas suaves, luego el ritmo sensible, agudo y sublime.
Entra Pilar Fernández y su luz domina la oscuridad, los imperceptibles silencios, el zapateado se manifiesta y el núcleo de la tierra resiente su determinación en todo momento. La sonrisa de los ojos y el giro de su cuerpo, la historia de su baile y sus manos acariciando el tiempo. La luz en su cabello y su mirada representan la poética de las almas atormentadas, sus palmas y sus piernas configuran el sentimiento, una lucha entre el espacio y el silencio. Su alma abierta gravitando la escena. Un majestuoso torbellino, la tormenta perfecta.
El cielo se ha partido en dos, el ascenso sobre mi pensamiento a través del baile, la dualidad filosófica y una liberación espiritual en proceso. Pilar termina su baile alzando los brazos mientras soy testigo del cielo rindiéndose por ella para ser tocado. Y se retira volando.

Tu alma es el océano
Un intermedio serena el momento, la respiración aguantada vuelve a su curso normal y las luces de sala nos regresan a la realidad. Un descanso espiritual.
Regresa la guitarra, el cante y las palmas
Entra María Zirión, sus pasos son una elevación estilizada de giros precisos en el tiempo. Su figura sobre el lienzo escénico, sus pasos y sus brazos extendiendo la energía hasta la punta de los dedos. El isomorfismo, espíritu y cuerpo, el lenguaje departido en la historia del Flamenco. La sensación como decisión y el juego de lenguaje como coincidencia de todo lo escénico.
El baile como expresión y la sensación como el detonante de esta manifestación del arte. Termina mirando al cielo, el horizonte místico de Flandes.
Arpegio suave y una escalada metafísica de introducción hasta una explosión rítmica
Entra Selene González con la primera expresión del cante, calmada y suave, por un momento cabizbaja, sus ojos se levantan y se manifiesta el alba. Sus ojos reflejan un sentimiento, un recuerdo. Baila con los dioses dionisíacos, las esculturas de su cuerpo evocan a los dioses griegos. Un volcán o un relámpago. Enfrenta el cielo, el viento y la lluvia, todos los truenos. Baila bajo la lluvia de estrellas que la guitarra proclama y avienta, las palmas acompañan la fuerza de la danza y la voz que cuenta su pena.
Se murió la madre
El zapateado final apoteótico, epistolar de los dioses, un tributo al flamenco, su genealogía y sentido del ser. Una gota de sudor se desprende de su frente y la luz cae sobre la metafísica de su arte lentamente. Las palmas ascienden, todo vibra y todo el suelo lo siente, vuela y se eleva; y, finalmente, se despide de todos los planetas.
Aplausos
Termino suspendido en un suspiro durante un largo rato. Me despido aún envuelto por todo el encanto. Las calles brillan por la luz de los faroles y la glorieta de La Palma mira mi caminar de madrugada. La poesía se ha manifestado. Yo regreso a casa con el alma alborotada, apenas digiriendo la constelación de sensaciones mientras el mar vuelve a la calma. Regresaré la próxima semana.
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Hojas de Té
Oslo 7
Colonia Juárez
06600 Ciudad de México

