Albert Camus y la vigencia del absurdo en tres citas
Letras

Albert Camus y la vigencia del absurdo en tres citas

Avatar of Christian C.

Por: Christian C.

1 de abril, 2014

Letras Albert Camus y la vigencia del absurdo en tres citas
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Por: Christian C.

1 de abril, 2014

De la novela El extranjero 

En algún punto subterráneo de la existencia, todos somos Meursault. Nos comportamos con una apatía intransigente en la que la condena es una cuestión determinante. No es necesaria la voluntariedad exacerbada para ser culpables del prójimo. La desidia que nos muestra Albert Camus es un muro delictivo respecto a las bases del comportamiento humano. En cada momento, el lector entra en un estado de somnolencia irritante en la que detesta a Meursault por la compatibilidad existente entre su conducta y la nuestra. 

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Con una composición altamente psicológica, El extranjero es un cristal envolvente en el que la condición humana es expuesta hacia el absurdo. La sensación espiritual no es otra que una indigestión derrotista. A partir de una frase, en la que los elementos se muestran intempestivos, furiosos, apocalípticos, Camus logra vincular una idea cálidamente ingenua con una experiencia en carne viva: Hubo también la iglesia y los aldeanos en las aceras, los geranios rojos en las tumbas del cementerio, el desvanecimiento de Pérez (abríase dicho un títere dislocado), la tierra color de sangre que rodaba sobre el féretro de mamá, la carne blanca de las raíces que se mezclaban, gente aún, voces, el pueblo, la espera delante de un café, el incesante ronquido del motor, y mi alegría cuando el autobús entró en el nido de luces de Argel y pensé que iba a acostarme y a dormir durante doce horas. En ese ir y venir pareciera que únicamente se requiere de la autocomplacencia del sueño, pero debemos recordar que nuestro protagonista se encuentra en un universo en el que el absurdo es su única alternativa. 

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¿Pero sólo Meursault se encuentra determinado al absurdo? Por supuesto que no. Ese es el tema que Camus proyecta con una luminosidad absoluta. Nadie escapa al vértigo de la cotidianeidad. Pareciera que nuestra existencia se nutre de desear, anhelar y codiciar finalidades impuestas por un destino establecido. Para Camus, las tentaciones que se nutren de trascendencia no son más que falacias construidas, edificadas por la mansedumbre de la tradición adoptada. Por eso, en el internamiento carcelario de Meursault, su pensamiento fluye en ideas contrapuestas, difusas, para llegar a un postulado acrecentado: Comprendí entonces que un hombre que no hubiera vivido más que un solo día podía vivir fácilmente cien años en una cárcel. Tendría bastantes recuerdos para no aburrirse. En cierto sentido era una ventaja. En ese ensimismamiento que se refleja en el contorno de la prisión, los pensamientos de cualquier hombre se transforman en discursos honestos. No hay peor verdugo que uno mismo. Nadie puede engañarse con la osadía planificada del exterior. La soledad interna es el momento perfecto para asumir una guerra consigo mismo: la mala noticia es que debe ser a muerte.

La perspectiva que Camus deja ver sobre el significado de la vida cae en una ambigüedad explícita. Vivir un solo día recobra la vitalidad necesaria para empujar toda una existencia hacia la plenitud nula. La referencia ecuánime de un día vivido por cien en la cárcel es una singularidad numérica cuyo significado es la inquebrantable vivacidad. 

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Después de leer a Camus hay una claridad indisoluble de que no era un pesimista, sino un libertario en busca de una solución respecto del nihilismo absorbente. Transitar hacia la nada, caminar hacia la carencia absoluta, suspenderse en la ausencia determinante, son caminos definitivos por los que la humanidad tiene que viajar. Con el entorno malogrado, la justificación de una bondad unitaria es un fracaso para el pensamiento. Por eso, Camus se alimenta de la integridad benevolente de la libertad. El problema no es que el hombre sea libre, sino qué es lo que se hace con ella para evitar la agonía.

En la parte final de El extranjero, Camus hace una de las referencias más enigmáticas, ambiguas y coherentes a lo largo de su escritura. Después de un velorio cansado, un sol abrumador, un romance desconocido, un asesinato embargable, un juicio intransigente y la condena inamovible, la historia de Meursalt se encamina hacia una crisis tormentosa de crítica y reflexión para concluir con lo siguiente: En ese momento y en el límite de la noche, aullaron las sirenas. Anunciaban partidas hacia un mundo que ahora me era para siempre indiferente. Por primera vez desde hacía mucho tiempo pensé en mamá. Me pareció que comprendía por qué, al final de su vida, había tenido un «novio», por qué había jugado a comenzar otra vez. Allá, allá también, en torno de ese asilo en el que las vidas se extinguían, la noche era como una tregua melancólica. Tan cerca de la muerte, mamá debía de sentirse allí liberada y pronta para revivir todo. Nadie, nadie tenía derecho de llorar por ella. Y yo también me sentía pronto a revivir todo. Como si esta tremenda cólera me hubiese purgado del mal, vaciado de esperanza, delante de esta noche cargada de presagios y de estrellas, me abría por primera vez a la tierna indiferencia del mundo. Al encontrarlo tan semejante a mí, tan fraternal, en fin, comprendía que había sido feliz y que lo era todavía. Para que todo sea consumado, para que me sienta menos solo, me quedaba esperar que el día de mi ejecución haya muchos espectadores y que me reciban con gritos de odio.

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Efectivamente, el canto mortal de las sirenas llega en cualquier momento, con un polvo inesperado y sin contenido. Pareciera que en el último suspiro de la existencia nos mostramos ante nuestro espejo consciente con una desnudez metafísica en la que encontramos la profundidad de la felicidad. Bajo la inclemencia de la decisión involuntaria, la muerte se transforma en una continuidad virgen hacia el horizonte incógnito: ¿Desperdiciaste tu vida o la enalteciste con el follaje del ícono? De esta forma concluye Camus su novela para que cada uno de nosotros pueda indagar fortuitamente sobre el significado de su estancia en este mundo, esperando que la respuesta concebible sea digna de presumirse.

En este sentido, El extranjero tiene todas estas reflexiones, y muchas más…, incluso, infinitas.

 

 


Referencias: