Amar en secreto; poemas de Sor Juana para ese ser prohibido
Letras

Amar en secreto; poemas de Sor Juana para ese ser prohibido

Avatar of Eduardo Limón

Por: Eduardo Limón

10 de febrero, 2016

Letras Amar en secreto; poemas de Sor Juana para ese ser prohibido
Avatar of Eduardo Limón

Por: Eduardo Limón

10 de febrero, 2016

Sor Juana Inés de la Cruz, poeta y pensadora de gran peso en la cultura mexicana, quien nunca pudo hacer formales sus pasiones y deseos hacia un ser humano de manera explícita.


Más de uno hemos de recordar el momento de asfixiante amor por alguien a quien no podíamos confesarle nuestros sentimientos; que todo parecía más lógico antes de expresarle los matices de nuestro corazón. Amar a una persona en silencio a veces es lo más coherente que podemos hacer; sabemos que esa relación idílica no va a funcionar, que nunca va a suceder y que ni siquiera debería ser pensado, pero es entonces que buscamos la manera de externar todo eso que se guarda en nuestro interior.

El torrente de creación e imaginación que desencadena el suspirar por alguien que se encuentra en un altar, tan lejos de ti y en sincronía con lo divino, es común entre las personas cuya mera existencia no les permite ni el más mínimo acercamiento con esa personificación de lo bello, de lo perfecto.


sor juana ines de la cruz

Algo así le sucedió a Sor Juana Inés de la Cruz, poeta y pensadora de gran peso en la cultura mexicana, quien nunca pudo hacer formales sus pasiones y deseos hacia un ser humano de manera explícita. Puede ser por el contexto en que se vio envuelta y los tabúes de su época, pero la mujer de letras tuvo que disfrazar sus mensajes de amor para que no fueran identificables las pulsiones que movían su ser, o por lo menos se percibieran como sutil sugerencia.

Por ello, incluso se ha supuesto que su objeto de inspiración amorosa fue una mujer que le representaba fascinación intelectual y un enigma humano. A partir de metáforas e hipérboles es posible encontrar en su poesía un alto carácter femenino que se debía proteger de los juiciosos monumentos patriarcales de su tiempo, sin ser demasiado cuestionada al respecto.

Con el paso de los años, críticos de su obra han identificado en sus versos un trasfondo lésbico y perverso, así como cuerdas que se tensan frente a la belleza femenina en términos físicos o términos político-sociales de defender su posición (y las otras mujeres) ante el mundo correcto.

A fin de cuentas, no hemos podido comprobar si estas suposiciones eran ciertas o no, lo cierto es que sus poemas son creaciones que dan testimonio de que otros han sentido lo mismo que nosotros, y pensamientos que han encontrado las mejores letras para que hallemos en ellas ese oxígeno perfumado, proveniente del oculto ser amado.


Amar en secreto; poemas de Sor Juana para ese ser prohibido 1

De amor, puesto antes en sujeto indigno


Cuando mi error y tu vileza veo,

contemplo, Silvio, de mi amor errado,

cuán grave es la malicia del pecado,

cuán violenta la fuerza de un deseo.

A mi misma memoria apenas creo

que pudiese caber en mi cuidado

la última línea de lo despreciado,

el término final de un mal empleo.

Yo bien quisiera, cuando llego a verte,

viendo mi infame amor poder negarlo;

mas luego la razón justa me advierte

que sólo me remedia en publicarlo;

porque del gran delito de quererte

sólo es bastante pena confesarlo.


Amar en secreto; poemas de Sor Juana para ese ser prohibido 2

Amor Importuno

Dos dudas en que escoger

Tengo, y no se a cual prefiera,

Pues vos sentís que no quiera

Y yo sintiera querer.

Con que si a cualquiera lado

Quiero inclinarme, es forzoso

Quedando el uno gustoso

Que otro quede disgustado.

Si daros gusto me ordena

La obligación, es injusto

Que por daros a vos gusto

Haya yo de tener pena.

Y no juzgo que habrá quien

Apruebe sentencia tal,

Como que me trate mal

Por trataros a vos bien.

Mas por otra parte siento

Que es también mucho rigor

Que lo que os debo en amor 

Pague en aborrecimiento.

Y aun irracional parece 

Este rigor, pues se infiere,

Si aborrezco a quien me quiere

¿qué haré con quien aborrezco?

No se como despacharos,

Pues hallo al determinarme

Que amaros es disgustarme

Y no amaros disgustaros;

Pero dar un medio justo

En estas dudas pretendo, 

Pues no queriendo, os ofendo,

Y queriéndoos me disgusto.

Y sea esta la sentencia,

Porque no os podáis quejar,

Que entre aborrecer y amar 

Se parta la diferencia,

De modo que entre el rigor

Y el llegar a querer bien,

Ni vos encontréis desdén

Ni yo pueda encontrar amor.

Esto el discurso aconseja,

Pues con esta conveniencia

Ni yo quedo con violencia

Ni vos os partís con queja.

Y que estaremos infiero

Gustosos con lo que ofrezco;

Vos de ver que no aborrezco,

Yo de saber que no quiero.

Sólo este medio es bastante

A ajustarnos, si os contenta,

Que vos me logréis atenta

Sin que yo pase a lo amante,

Y así quedo en mi entender

Esta vez bien con los dos;

Con agradecer, con vos;

Conmigo, con no querer.

Que aunque a nadie llega a darse

En este gusto cumplido,

Ver que es igual el partido

Servirá de resignarse.


Amar en secreto; poemas de Sor Juana para ese ser prohibido 3

Expresa los Efectos del Amor Divino

Traigo conmigo un cuidado

y tan esquivo que creo

que aunque se sentirlo tanto,

aun yo misma no lo siento.

Es amor, pero es amor

que faltándole lo ciego,

los ojos que tiene son

para darle más tormento.

El término no es a quo,

que causa el pesar, que veo,

que siendo el término el bien

todo el dolor es el medio.

Si es lícito y aun debido

este cariño que tengo

¿por qué me han de dar castigo

porque pago lo que debo?

¡Oh cuánta fineza, oh cuántos 

cariños he visto tiernos!

que amor que se tiene en Dios

es calidad sin opuestos.

De lo lícito no puede 

hacer contrarios conceptos

con que es amor que al olvido

no puede vivir expuesto.

Yo me acuerdo ¡oh nunca fuera!

que he querido en otro tiempo

lo que pasó de locura

y lo que excedió de extremo.

Más como era amor bastardo

y de contrarios compuesto,

fue fácil desvanecerse

de achaque de su ser mesmo.

Mas ahora ¡ay de mi! está 

tan en su natural centro,

que la virtud y razón

son quien aviva su incendio.

Quien tal oyere dirá 

que si es así ¿por qué peno?

Más mi corazón ansioso

dirá que por eso mesmo.

¡Oh humana flaqueza nuestra,

adonde el más puro afecto

aun no sabe desnudarse

del natural sentimiento!

Tan precisa es la apetencia

que a ser amados tenemos,

que aun sabiendo que no sirve

nunca dejarla sabemos.

Que corresponda a mi amor

nada añade, mas no puedo

por más que lo solicito

dejar yo de apetecerlo.

Si es delito, ya lo digo;

si es culpa, ya lo confieso,

mas no puedo arrepentirme

por más que hacerlo pretendo.

Bien ha visto quien penetra

lo interior de mis secretos

que yo misma estoy formando

los dolores que padezco.

Bien sabe que soy yo misma

verdugo de mis deseos,

pues muertos entre mis ansias,

tienen sepulcro en mi pecho.

Muero ¿quién lo creerá? a manos

de la cosa que más quiero,

y el motivo de matarme

es el amor que le tengo.

Así alimentando triste

la vida con el veneno,

la misma muerte que vivo,

es la vida con que muero.

Pero, valor, corazón,

porque en tan dulce tormento,

en medio de cualquier suerte

no dejar de amar protesto.

II

Mientras la gracia me excita

por elevarse a la esfera,

más me abate a lo profundo

el peso de mis miserias.

La virtud y la costumbre

en el corazón pelean

y el corazón agoniza

en tanto que lidian ellas.

Y aunque es la virtud tan fuerte,

temo que tal vez la venzan.

que es muy grande la costumbre

y está la virtud muy tierna.

Obscurécense el discurso

entre confusas tinieblas

pues ¿quién podrá darme luz

si está la razón a ciegas?

De mí misma soy verdugo

y soy cárcel de mí mesma.

¿quién vio que pena y penante

una propia cosa sean?

Hago disgusto a lo mismo

que más agradar quisiera;

y del disgusto que doy,

en mí resulta la pena.

Amo a Dios y siento en Dios,

y hace mi voluntad mesma

de lo que es alivio, cruz;

del mismo puerto, tormenta.

Padezca, pues Dios lo manda,

mas de tal manera sea

que si son penas las culpas,

que no sean culpas las penas.


Detente sombra, de mi bien esquivo

Detente, sombra de mi bien esquivo 

imagen del hechizo que más quiero, 

bella ilusión por quien alegre muero, 

dulce ficción por quien penosa vivo. 

Si al imán de tus gracias atractivo  

sirve mi pecho de obediente acero, 

¿para qué me enamoras lisonjero, 

si has de burlarme luego fugitivo? 

Mas blasonar no puedes satisfecho 

de que triunfa de mí tu tiranía;  

que aunque dejas burlado el lazo estrecho 

que tu forma fantástica ceñía, 

poco importa burlar brazos y pecho 

si te labra prisión mi fantasía.


A su retrato

Este que ves, engaño colorido,

que, del arte ostentando los primores,

con falsos silogismos de colores

es cauteloso engaño del sentido;

éste, en quien la lisonja ha pretendido

excusar de los años los horrores,

y venciendo del tiempo los rigores

triunfar de la vejez y del olvido,

es un vano artificio del cuidado,

es una flor al viento delicada,

es un resguardo inútil para el hado:

es una necia diligencia errada,

es un afán caduco y, bien mirado,

es cadáver, es polvo, es sombra, es nada.


***


Te puede interesar:


Poemas para arder en la pasión del amor de Rubén Darío


Poemas para quienes no han conocido el amor


Referencias: