En 1996 me reuní con Darío Lancini. Fui afortunada por una larga conversación que me regaló y porque de esa reunión salí con un ejemplar de Oír dedicado y con unos cuantos secretos (…) Me habló de fractales, de matemáticas aleatorias y recreativas y de textos bifrónticos que había escrito, defendió férreamente el aspecto literario de sus palíndromos, se zambulló en la poesía y me dejó claro que estaba obsesionado por la simetría.
Alicia Perdomo H
Los palíndromos son palabras o textos de carácter simétrico que pueden ser leídos de derecha a izquierda como de izquierda a derecha de igual manera. Darío Lancini fue un escritor y pintor venezolano peculiar y único en su clase, publicó en 1975 un libro llamado Oír a Darío que reúne una colección de palíndromos. El autor estuvo fascinado con la simetría de la misma forma en que lo estuvieron pintores y directores cinematográficos como Dalí, Da Vinci, Wes Anderson o Kubrick, sólo que este desconocido escritor supo traducir con elegancia el lenguaje presente en la naturaleza como del ámbito visual al literario.
Jugó con las palabras, las hizo suyas, las deformó a su gusto e intención y los resultados maravillaron y asombraron; poemas que llevan imágenes oníricas que nos ponen a trabajar la imaginación. Juega con referencias bíblicas, históricas y geográficas, presenta con maestría y virtuosismo los propios límites creativos de nuestro idioma. Su léxico sorprende, pues parece tener a su merced todo un arsenal de palabras que dispone y manipula con fluidez dentro de sus peculiares poemas. Un trabajo único dentro de la bibliografía venezolana y del castellano en general.

Así lo expresó alguna vez Julio Cortázar en una carta que le envió a Lancini el mismo año en que publicó su libro:
“Acabo de recibir por Sergio Pitol su maravilloso Oír a Darío. Gracias, muchas gracias por estas horas fascinantes que he pasado con su libro, un libro interminable porque se vuelve a él una y otra vez, a solas y con los amigos, en plena calle, en pleno sueño. Me ha hecho usted un regalo que no olvidaré nunca. Al mostrarnos así las dos caras del espejo nos enriquece en poesía, nos entraña aún más en el vértigo de la palabra. Gracias”.

Al inicio del libro muestra oraciones y frases cortas, quizá para colocarnos en sintonía con la obra o con la intención de que los escépticos comprueben la autenticidad de cada palíndromo con facilidad, pero poco a poco la complejidad va en aumento y las oraciones se sustituyen por párrafos, y en algún momento por hojas enteras —posee el palíndromo más largo del que se tenga registro, inspirado en la obra de teatro Ubú Rey y con más de 700 palabras— y así, cada vez nos sume en un mundo de ensueño de ateas, saetas, poetas, respuestas, platicas entre la nada y Adán, etc., citando con naturalidad a Lao-Tse, Atlas, Lenin, Dante, Platón, entre otros.
Lancini en su juventud estuvo preso durante el período del dictador venezolano Marco Pérez Jiménez, en ese tiempo se desempeñó como pintor, después de salir en libertad decidió dedicarse a las palabras hasta los días de su muerte, a los 78 años, dejando atrás una vida tranquila y reservada, llena de historias y poemas.

En un fragmento del prólogo de Oír a Darío escrito por Salvador Garmendia afirma: “En este prodigioso empeño lúdicro de Darío Lancini, la lengua se riega en el tablero de juego, fraccionada en incontable multitud de fichas, donde a partir del punto de partida, todo lo dable es válido y ninguna aproximación objetable; lo engañoso, lo cotidiano, lo culto, lo procaz, lo risible, lo oscuro, lo eufórico, lo triste”.
Es por ello que a continuación te dejamos una muestra de sus palíndromos para que también descubras la simetría de las palabras.
Yo hago yoga hoy
–
Yo corro, morrocoy
Salta
Se liga
Se ata
Se desata
Es ágil
Es Atlas.

–
Eva y Adán
Al oírnos sonrió la Nada, Yavé.
–
Oda
ROMÁN: en amoroso lecho,
honorable dama, hoy os ama
Román enamorado.
TERESA: Seré toda, Román,
en amor, ama soy. ¡Oh, amad!
EL BARÓN: ¡Oh! ¡Oh, celoso Román enamorado!
–
Amor azul
Ramera, de todo te di,
Mariposa colosal, sí,
yo de todo te di.
Poda la rosa, Venus.
El átomo como tal
es un evasor alado.
Pide, todo te doy: isla,
sol, ocaso, pirámide.
Todo te daré: mar, luz, aroma.

–
Ácida Saeta
Al abad anonadaba
la atea sádica.
–
Leí, puta, tu piel
–
Alá
Yo soy de Mahoma
el dios.
Oídle a Mohamed.
Yo soy Alá.
–
La mar
¡Ah! El anís es azul al ocaso.
Claro, la canícula hará mal.
Alejábase bello sol.
¡Sumerge la usada roda!
A remar.
¡A la Habana, bucanero Morgan!
Oleaje de la mar…
¡Al remo! ¡Corre!
Playas…
Ay, al perro comer la rama le
deja el onagro, morena cubana.
¡Bah! A la ramera adorada su alegre muslo sol le besa
¡Bajel a la mar! ¡Ah!
Alucina calor al cosaco
La luz asesina le hará mal.

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Para que los escritores se conviertan en los mejores, deben leer muchísimo al igual que escribir a diario, según Stephen King estos son los 96 libros que tienes que leer si quieres volverte escritor.
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Los collages que acompañan al texto pertenecen a Jay Riggio.

