Los libros esconden toda clase de historias y si te dices amante de la literatura, debes conocer más de un relato amoroso que te robó cientos de suspiros durante su lectura. Uno de los libros que me creó un extraño sentimiento, entre pasión y compasión, fue “Del amor y otros demonios” de Gabriel García Márquez. Invoco este relato porque esconde en sus adentros un toque fantasía que seguramente te encantará.
El libro tiene un prólogo que contextualiza y pone en el plano de la realidad la historia que se va a contar después. Narra García Márquez que se estaban vaciando las criptas funerarias del antiguo convento de Santa Clara, el cual había sido construido desde épocas precolombinas. Cuenta el autor que se le fue encomendado ir a echar un vistazo porque en ese tiempo trabajaba como reportero, para ver si encontraba algo bueno para presentar en el periódico.
Lo que descubrió Márquez, por encima de lápidas de virreyes y obispos, fue la cripta de un infante. Al ser abierta se encontraron con un esqueleto raído y gris, pero el cráneo tenía una densa cabellera de color cobre intenso. La sorpresa se acrecentó cuando desenrollaron los cabellos y notaron con asombro que medía 22 metros con 11 centímetros. La lápida tenía un nombre: Sierva María de Todos los Ángeles.

“El maestro de obra me explicó sin asombro que el cabello humano crecía un centímetro por mes hasta después de la muerte, y veintidós metros le parecieron un bueno promedio para doscientos años. A mí, en cambio, no me pareció tan trivial, porque mi abuela me contaba de niño la leyenda de una marquesita de doce años que había muerto del mal de rabia por el mordisco de un perro, y era venerada en los pueblos del Caribe por sus muchos milagros”, escribió García Márquez.
Lo que está escrito en las siguientes páginas es justo la historia de esa niña que sufrió torturas inimaginables por una enfermedad desconocida en ese entonces. Sierva María fue capturada por la iglesia, porque según ellos estaba poseída por el demonio. De manera paralela y para cargar de sentimientos profundos a la novela, se introduce a la trama el personaje de Cayetano Alcino, un joven vicario que se enamora de Sierva María.
En este punto se tiende un puente entre el amor, la obsesión de la iglesia y la inocencia del espíritu infantil. Como era de esperarse, la influencia de la religión es más grande que un amorío entre dos seres dispares y todo culmina en un único beso que viaja por el tiempo hasta nuestra época.

Así como Gabriel García Márquez desarrolló una de los más bellos y trágicos encuentros amorosos, otros autores han capturado con tinta y papel, historias sobre el amor que nos enseñan la verdadera cara de la historia y del sentimiento humano.
Otra historia que sigue la línea del infortunio se encuentra en la mitología griega. Orfeo, hijo de Apolo y Calíope, poseía el don de la música y de la poesía. Con estas dos poderosas armas enamoró a Eurídice, una ninfa de los valles de Tracia.
Relatan que un día Eurídice estaba recolectando frutos por el extenso valle cuando Aristeo, un testarudo cazador, la vio a lo lejos y de pronto brotó en él una gran necesidad por poseerla, así que se lanzó a su encuentro. Eurídice, al ver los ojos de Aristeo perdidos en pasión y lujuria, corrió por el campo sin darse cuenta que a escasos metros se encontraba una serpiente, que la mordió y envenenó.

Eurídice murió casi al instante, dejando a Orfeo en una pena insondable. Dicen que el trágico enamorado lloró a las orillas del río Estrimón y entonó canciones tan tristes que todos los dioses y todas las ninfas le incitaron a descender al tártaro, hogar de Hades y de toda la oscuridad que cobija a los muertos.
Al descender a las tinieblas, Orfeo tuvo que enfrentarse a diversas bestias infernales, las cuales domaba con su encantadora música. Intentó lo mismo con Hades y Perséfone, su mujer, pero no logró hipnotizarlos con sus cánticos. A pesar de eso, los dioses de la oscuridad se compadecieron por el esfuerzo que hizo el músico y permitieron regresar a Eurídice al mundo de los vivos con una condición.
Orfeo debía caminar siempre delante de ella y no mirarla hasta que ambos hubieran llegado a la superficie de la Tierra y los rayos del sol bañaran por completo a Eurídice. El camino de regreso fue terriblemente largo. Él, como lo habían dictado, mantenía sus ojos al frente a pesar de las enormes ansias que le invadían por admirar a su amada.
Ya en la superficie, Orfeo, al borde de la desesperación, giró la cabeza creyendo que todo había pasado, pero Eurídice aún tenía un pie dentro de las sombras, y en ese preciso instante, se desvaneció en el aire sin la posibilidad de existir siquiera en el Tártaro. Ni todo el amor pudo salvar a la ninfa de una destrucción.
Estas son las dos historias amorosas que marcaron mi vida. ¿Cuáles son las tuyas?
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El amor no se salva del deterioro y la destrucción, si quieres comprobarlo, conoce estas frases que muestran como todo inicia en el paraíso y termina en el infierno.
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