La poesía del misticismo, la naturaleza y el sexo según Walt Whitman
Letras

La poesía del misticismo, la naturaleza y el sexo según Walt Whitman

Avatar of Eduardo Limón

Por: Eduardo Limón

13 de abril, 2016

Letras La poesía del misticismo, la naturaleza y el sexo según Walt Whitman
Avatar of Eduardo Limón

Por: Eduardo Limón

13 de abril, 2016


Encontrar eso a lo que todos llaman Dios supongo que no involucra –ni merece– el mismo camino que todos han seguido y arado. Probablemente en eso se base mi acusación de herejía, quizá en ello encuentren muchos otros la blasfemia. Pienso que hallar un dios tendría que ser, en todo caso, la confrontación de un alfa y un omega personales. Una génesis, un éxodo y un apocalipsis que me vinculen con la tierra y me hagan sentir tan sagrado en ella como ésta se presenta en sí misma.

Situación semejante le ocurrió a Walt Whitman. Mi Walt. Quien gracias a un libro de fechas tan extraordinarias (1855) se vio envuelto en acusaciones superfluas, prácticamente inquisitivas, cuando en realidad lo que había experimentado fue una suerte de descenso al planeta; como si estuviéramos frente al mismo Zaratustra en Nietzsche, el poeta norteamericano bajó de su montaña y tocó el suelo con sus manos para aprender, así como enseñar, en el mundo.

Walt Whitman

Ese carácter profético (que se puede leer Zaratustra-Nietzsche-Whitman) será rastreable en la estructuración formal de “Hojas de hierba”, habiéndose compuesto por salmos y figuras propias de un gran libro religioso. Por otra parte, ya enfocados en el contenido y en el fondo, su escritura se advierte originada en sucesos que involucraron una confrontación con el ser del autor.

Personalmente, como demás críticos, creo que estos hechos de los que hablo para una gestación de la hierba whitmaniana tuvieron que ver con el descubrimiento de la sexualidad y su poderío; según investigadores, estos eventos se vinculan con su primera relación con una mujer, varias experimentaciones sexuales en el medio y su posterior aceptación homosexual. Piezas clave para su imaginación y los poemas que en “Hojas de hierba” se encuentran.

Walt Whitman

En estos versos –tan libres como el Walt Whitman que los escribió– se ve un sexo creador, un genital fecundo que transporta, sin saberlo y sin intenciones de adoctrinamiento, una ontología tan oriental como aquella de la que seguro tampoco se dio cuenta Nietzsche que propagaba con sus escritos. Existe en estos salmos de una nueva religión propia el ímpetu por la dualidad, la comunión, la reencarnación (o el regreso), la unión con el todo y un superestado del hombre.

Esa mística que sabe más a la vieja Asia, que huele más a la antigua India, es claro que nada tenía que ver con una cristiana y mucho menos con una católica; fue esta postura casi panteísta a los ojos del lector conservador la que le tachó entonces de poeta hereje, de un hombre que veía “erróneamente” el poder y la divinidad en cada trozo de materia que se ubicaba sobre el mundo, hasta llegar a un ‘yo mismo’ (suerte de ego hinduista) que también forma parte de lo sagrado.

Walt Whitman


De ahí la fascinación que mostraba por la hierba, ese objeto natural que es sexualmente esencial –creador– y divinamente fundamental para la percepción o la representación. La contemplación que Walt Whitman ejercía sobre ésta le dio la facultad de entender tanto pequeñas como grandes cosas en el planeta que nos conectan a todos con el universo.


Walt Whitman

Hojas de hierba (fragmento)

Creo que una brizna de hierba no es inferior a la jornada de los astros

y que la hormiga no es menos perfecta ni lo es un grano de arena...
y que el escuerzo es una obra de arte para los gustos más exigentes...
y que la articulación más pequeña de mi mano es un escarnio para todas las máquinas.
Quédate conmigo este día y esta noche y poseerás el origen de todos los poemas.
Creo en ti alma mía, el otro que soy no debe humillarse ante ti
ni tú debes humillarte ante el otro.
Retoza conmigo sobre la hierba, quita el freno de tu garganta.
(...)
Creo que podría retornar y vivir con los animales, son tan plácidos y autónomos.
Me detengo y los observo largamente.
Ellos no se impacientan, ni se lamentan de su situación.
No lloran sus pecados en la oscuridad del cuarto.
No me fastidian con sus discusiones sobre sus deberes hacia Dios.
Ninguno está descontento. Ninguno padece la manía de poseer objetos.
Ninguno se arrodilla ante otro ni ante los antepasados que vivieron hace milenios.
Ninguno es respetable o desdichado en toda la faz de la tierra.
Así me muestran su relación conmigo y yo la acepto.
(...)
No pregunto quién eres, eso carece de importancia para mí.
No puedes hacer ni ser más que aquello que yo te inculco. 

Walt Whitman

Walt Whitman fue ese profeta que, después de haber creado un aparente nuevo culto, a través de sus obras nos ha abierto los ojos ante el sufrimiento y el placer, lo cercano y lo lejano, la aceptación y el rechazo, así como otras duplas básicas para la renovada fe, belleza y santidad. Él ha sido la voz y la letra que nos dio a todos un lugar en la Tierra. Y no cualquier lugar.

Walt Whitman


***
Te puede interesar:

Instrucciones para convertirse en un poeta maldito

Arte, pasión e intimidad: Warhol, Basquiat, Keith Haring y otros artistas al desnudo


**
Referencia:

Suite 101

Aparte






Referencias: