La transfiguración de la pintura en la piel

La transfiguración de la pintura en la piel

Por: Adrián Chávez -

Abro la puerta de cristal y me reciben varias mujeres desnudas. Y no, no me llamo Hugh Hefner.

Estoy a un par de calles del metro Polanco –distancia corta si no lloviera–, en la galería Alfredo Ginocchio, y las chicas que me reciben están, con lujo de pecas y lunares, pintadas en los cuadros. Heme aquí para visitar la más reciente exposición del pintor español Santiago Carbonell: Untitled, “sin título” (cómo tú, diría mi asesor de tesis, pero ésa es otra historia).

Santiago_Carbonell,_Untitled


La exposición es pequeña y felizmente abarcable. Parece que llegué muy temprano, apenas están encendiendo las luces; da la impresión de que las paredes blancas de la galería se quejan porque no se querían despertar. Una mujer –tridimensional y con ropa– me da los buenos días.

Santiago Carbonell


Santiago Carbonell, a últimas fechas más conocido y no menos apestado por el retrato que hizo del expresidente Felipe Calderón (ése en el que un busto de Morelos lo mira con cara de “en qué quedamos”), ha trabajado varios años en esta exposición monotemática, en la que la figura femenina es el pretexto para que ocurra, como ha dicho su autor, “la transfiguración de la pintura en piel”: el meollo del hiperrealismo, el doble espejo platónico, la ilusión que parece real y que, por lo tanto, no lo es.

retrato de Calderón Carbonell

Cubiertas con apenas un paño a la cadera, ninguna de ellas me mira: están de espaldas o con los ojos cerrados. Y la seductora imperfección de sus espaldas dialoga en voz baja con los fondos oscuros, verdes, marrones, azules, que más que fondos son como los recuerdos de cada una de ellas.

Santiago Carbonell

Llevo un rato mirando “El perfil de sus manos”: estoy seguro de que, en cualquier momento, la mujer del cuadro va a abrir los ojos. La recepcionista me mira con sospecha: es evidente que ya me estoy poniendo sublime. Quizá sólo cree que soy un pervertido.

Fingiendo demencia advierto, en la parte inferior de los cuadros, franjas que contrastan con el resto de las piezas: relieves y juegos que recuerdan las vanguardias, pigmentos al óleo que se vuelven maderas. Carbonell sabe lo que hace; ha optado por el clasicismo y el realismo consciente la libertad que goza como artista contemporáneo, pero está bien consciente de aquello que lo antecede.

Santiago Carbonell


Salgo de la galería y camino por Arquímedes muy "campechano" porque ya no llueve. ¿Qué es más real –voy pensando– la piel de una mujer o la evocación de lo que su espalda desnuda provoca? Cruzando la calle en rojo peatonal, por venir en el mundo de las ideas, un automóvil me mete un susto hiperrealista.

Referencias: