Los aseadores de calzado: un trabajo en riesgo de perder su brillo

Los aseadores de calzado: un trabajo en riesgo de perder su brillo

Por: Stephania Luna -

Los aseadores de calzado, mejor conocidos como “boleros” (aunque a ellos parece no gustarles mucho el nombre), constituyen una profesión que se remonta al México de los años 30 y que hoy se enfrenta a una serie de dificultades para poder sobrevivir. La limpieza de calzado es uno de los trabajos más tradicionales en México. Fue una profesión que tuvo su apogeo en los 40, cuando los hombres solían pulir sus zapatos antes de ir a bailar, pues aquél con los zapatos más brillantes sería el afortunado ganador del corazón de una dama. Pero esta forma de vida se ha reducido drásticamente, pues los jóvenes de estos tiempos prefieren calzar tenis en vez de zapatos.

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Un trabajo realizado por generaciones

De acuerdo con la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, en la actualidad un total de 156 mujeres y 2 mil 993 hombres trabajan como aseadores de calzado acreditados en la ciudad de México, conservando, en muchos casos, una tradición familiar, ya que este trabajo es desempeñado por personas cuya familia ha hecho esto durante años.

Si alguna vez has estado en el centro de Coyoacán, cerca de la iglesia, en el Centro Histórico, en alguna esquina o alguna de la ciudad de México, o incluso en estaciones de metro, habrás notado la presencia de una estructura de metal cubierta por una manta llena de publicidad del Nacional Monte de Piedad (la mayoría de las veces, aunque también puede tratarse de cualquier otra propaganda). Esa estructura de metal está compuesta por una silla cómoda, con un par de patas de acero para descansar los pies, mientras que una persona “acaricia” los zapatos de quien está cómodamente instalado en esa silla, con el fin de hacerlos brillar. Pero, quiénes son los llevan a cabo esa actividad, cómo llegaron allí, qué tanto les gusta su trabajo, estas son algunas de las preguntas que tenía en mente antes de decidirme a acercarme a uno de ellos…

"No somos ‘boleros’: somos aseadores de calzado y sí me puede entrevistar, pero primero dígame de qué se va a tratar esto”, fueron las primeras palabras del Sr. Ramírez, un hombre mayor que ese día usaba lentes de sol y una playera azul deslavada, mientras estaba sentado de espaldas a la iglesia de Coyoacán.

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Comentó que algunos aseadores de calzado hacen esto desde que eran niños: "Señorita, usted no me creería si le dijera por cuanto tiempo he hecho esto para vivir", acotó el Sr. Ramírez, quien llegó a esta profesión por necesidad pues, según recuerda, "cuando era un niño mi padre nos abandonó. Mi abuelo y mis tíos eran aseadores de calzado y por eso me convertí en uno de ellos."

El tiempo pasa y ahora el Sr. Ramírez se ve ya algo mayor, sin que esto signifique que se note cansado o desganado. "Hago esto desde hace 50 años; no era mi trabajo anhelado, siempre quise trabajar en una empresa, llené muchas solicitudes, he estado esperando durante 50 años a que me llamen, pero no ha sucedido”, comentó muy alegremente el Sr. Ramírez, quien rió mostrando su dentadura, antes de anticipar más detalles acerca de lo que le llevó a convertirse en un aseador  de calzado.

Actualmente, el Sr. Ramírez no es el único miembro de su familia que hace esto para ganarse la vida; sus sobrinos también trabajan como aseadores de calzado también allí, en la plaza. "Se ha convertido en una tradición familiar ", dijo para después señalar que un limpiador en la plaza de Coyoacán gana en promedio 18 pesos por un par de zapatos y 40 por un par de botas. Agrega también que “antes los hombres eran los únicos que venían a lustrar sus zapatos, pero ahora con la liberación de las mujeres, ellas se sienten más cómodas sentadas aquí mientras yo limpio sus zapatos”.

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Algunos limpiadores de calzado confiesan que las mujeres traen más zapatos que los hombres, botas especialmente, y que no hay un día especial donde los aseadores de calzado ganen más dinero, puesto que es un trabajo impredecible. Por ejemplo, Sergio, un aseador de calzado de 25 años, felizmente respondió que, para él, el día de pago es el mejor día, es decir, cuando 30 personas van a lustrar sus zapatos.

Al igual que cualquier otro trabajo, los aseadores de calzado tienen un horario bien establecido, pero las jornadas son largas y trabajan los siete días de la semana. Los horarios de un aseador de calzado varían en función del día y de la zona. De lunes a viernes generalmente comienzan entre 7 y 8 de la mañana, para terminar entre 5 y 6 de la tarde.

Ángel, un limpiador de zapatos muy joven, usando la típica bata azul, comenzó a lustrar zapatos hace dos años, a la edad de 15. Otro limpiador de calzado le enseñó el oficio en tan sólo dos semanas y aunque a Ángel le gusta su trabajo, está decidido a hacer otra cosa más adelante. La persona que lo enseñó también le dio la estructura de metal para que pudiera trabajar. Para él, los mejores días son martes y viernes, cuando puede obtener hasta 700 pesos. "En un mal día puedes ganar hasta 150 pesos", comentó Ángel felizmente.

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Para ser un aseador de calzado establecido es necesario contar con una licencia que permite trabajar en espacios públicos; su costo es de 15 pesos mensuales; es decir, 180 pesos al año. El pago de esta cuota no sólo permite que los limpiadores de calzado se establezcan en un lugar público, también ofrece uniformes, atención médica, alimentos, becas para sus hijos, cursos de formación e incluso los gastos funerarios, de acuerdo con la Secretaría del Trabajo y Previsión Social.

Sin embargo, muchos aseadores de calzado no son felices. Según Raúl Hernández (nombre ficticio), un hombre que decidió ser un limpiador de zapatos con el fin de ser su propio jefe, se queja de que “en la Unión te ayudan en diciembre; nos dan un poco de comida, cubiertos, uniformes y si un compañero muere, la Unión paga el ataúd y le da cierta cantidad de dinero a la viuda”, comentó con cierto desagrado.

Sin embargo, también se puede ver limpiadores de calzado que llevan un cajón con todos sus materiales y están por todas las calles ofreciendo sus servicios. Y “aunque usted no lo crea” también hay aseadores de calzado piratas establecidos en Zona Rosa, cerca del centro, en uno de los puntos turísticos de la ciudad de México. Los turistas son las víctimas de estos piratas quienes los hacen pagar entre 25 y 30 dólares por dejar sus zapatos tan brillantes como la estrella polar.

¿Un oficio en vías de extinción?

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Si vives en México, asear el calzado es uno de los servicios que debes pagar al menos una vez en tu vida. Por curiosidad, por conocer un poco más acerca de estas personas o simplemente por tener un par de zapatos brillantes no deberías dejar de hacerlo. Mientras estos hombres -o incluso una mujer- lustran tus zapatos, puedes leer el periódico, fumar un cigarro o averiguar un poco más acerca de la vida de estas fascinante personas, llenas de historias por contar.

El futuro de esta profesión es incierto. Hoy, muchos jóvenes nunca han ido a lustrar sus zapatos, a pesar de que es todo un arte. Los aseadores de calzado toman en promedio sólo cinco minutos en hacer que tus zapatos brillen como el oro y huelan incluso mejor que cuando eran nuevos. Cuando pensamos en aseadores de calzado, por lo general imaginamos hombres, pero ¿qué hay de las mujeres si los hombres no son los únicos responsables en dejar un par de zapatos relucientes? Para conocer su punto de vista con respecto a su profesión, espera un artículo por venir.

Referencias: