La noche está hecha para los amantes. Entre el humo del cigarro, el estupor del alcohol y la música suave que envuelve los bares se han escrito las más apasionantes historias de amor; y esto es muy claro para el escritor mexicano Vicente Quirarte. El poeta y ensayista nació en la Ciudad de México, una ciudad que se balancea entre la dureza y la ternura. Esta dualidad entre lo frío y lo pasional, entre lo cotidiano y lo profundo, se refleja en poesía de Quirarte. A continuación, te compartimos uno de sus poemas.

LOS BARES DEL SUR
De gitana los ojos;
las ojeras, victoria de la noche.
De renovado mármol la epidermis.
Mascarones de proa, los dos pechos
navegan por el mar de los sargazos
entre ardidos, piratas y sedientos.
Los zapatos celestes, grande y honda la herida
del taconear ligero y de la falda
que, igual al escote de la blusa,
busca el ojo cerrado del ombligo.
Y esa risa alevosa, envolvente, cantarina,
chorro de luna llena
en el sol con muletas de los antros.
Engalanada para la sed del viernes,
tomas posesión. A los peones ordenas
el trópico en un vaso
y ese ron que comienza el tiroteo
inunda de llamas dulces tus entrañas.
Mides, con regla de señora, tu dominio,
reina de los plebeyos de la barra,
ángel entre los torvos y sirenas.
Estela de los bares, tú no esperas:
veinte cerillos prenden tu cigarro
cuando ya lo ha prendido tu bocaza,
en pie de alta guerra tus carmines.
Acódate y acábame. En tu primer cigarro,
une a todas las divas de mi infancia.
Concédeme la gracia
de guardar en mis ojos tu antebrazo
donde quince lunares se congregan
para trazar la forma del caballo
donde espero llevarte
a cabalgar la noche.
Que después la mañana nos disuelva.
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Durante la mitad del siglo XX la poesía mexicana marcó un antes y un después no sólo en el género, sino en toda la Literatura nacional. Rodolfo Usigli y sus poemas de la muerte, y Rosario Castellanos con su valiente poesía del amor son grandes figuras entre los escritores mexicanos.
