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Razones por las que la filosofía y la sociedad son culpables del machismo en el que vivimos

Letras Razones por las que la filosofía y la sociedad son culpables del machismo en el que vivimos


La sociedad Occidental se ha edificado sobre las desigualdades, una de ellas es la existente entre hombres y mujeres. Ésta se construyó con el apoyo de la religión, la historia y la ciencia en distintas épocas, lo que sentó la idea de que las mujeres son inferiores, incapaces, irracionales, pecadoras, viles, carentes de moral y ética, por lo cual requerían de la constante y permanente tutela masculina, ya fuera el padre, los hermanos, el marido o los hijos. Así lo explica el libro Machismo y vindicación: La mujer en el pensamiento sociofilosófico de la socióloga Esther Pineda G, publicado en Argentina por la Editorial Prometeo Libros.



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Según la autora, este pensamiento fue legitimado y difundido desde el cristianismo por diversos personajes, entre ellos Tertuliano quien afirmó: "el hombre debe ser su guía, pero también ha de guardarse de ella, pues como responsable y símbolo de la caída es un peligro mortal, es la puerta del infierno". San Agustín de Hipona señalaba: "es Eva, la tentadora, de quien debemos cuidarnos en toda mujer... No alcanzo a ver qué utilidad puede servir la mujer para el hombre, si se excluye la función de concebir niños"; y Santo Tomas de Aquino, quien no escaparía del machismo de la época al introducir la idea de que la mujer "debe estar sometida al marido como su amo y señor, pues el varón tiene una inteligencia más perfecta y una virtud más robusta".

 

El pensamiento filosófico también tributó a la idea de la superioridad masculina y la inferioridad femenina. Aristóteles creía que "la mujer y el esclavo están en una misma línea, y la razón es muy clara; la naturaleza no ha creado entre ellos un ser destinado a mandar". Pero los líderes del iluminismo no fueron la excepción, Montesquieu expresó: "el marido es el jefe, el amo de su casa, tiene mil medios de mantener a sus mujeres en el cumplimiento del deber, o de enderezarlas si se tuercen"; mientras que Jean Jacques Rousseau afirmaba: "el hombre debe ser activo y fuerte, la mujer pasiva y débil".


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El pensamiento científico también contribuyó a mantener la idea de la dominación masculina, René Descartes expresó: "estos pensamientos no me han parecido apropiados para incluirlos en un libro, en el que he querido que incluso las mujeres pudieran entender alguna cosa". Charles Darwin desde el biologicismo evolucionista también justificó las desigualdades diciendo que: "el hombre es más valiente, combativo y enérgico que las mujeres, y tiene una genialidad más inventiva. Su cerebro es absolutamente más grande"; idea a la que se sumó el sociólogo Emile Durkheim, afirmando la existencia de un "desarrollo considerable de los cráneos masculinos y un estacionamiento o incluso una regresión de los cráneos femeninos".

 

Pero, al respecto, ¿qué tenían que decir los pensadores más influyentes de Occidente como Karl Marx, Friedrich Nietzsche y Sigmund Freud, padres del marxismo, el nihilismo y el psicoanálisis respectivamente? Karl Marx, tanto en su obra individual como aquella desarrollada en colaboración con Federico Engels, criticó el estado de sobrexplotación al que se sometían a las mujeres obreras, la institución del matrimonio en el cual la mujer estaba supeditada, convertida en propiedad privada, y también denunció la mercantilización de los cuerpos de las mujeres a través de la prostitución. Aunado a ello, abordó temas aún polémicos como el aborto y la libertad sexual de las mujeres.



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En el caso de Friedrich Nietzsche, su pensamiento sobre la mujer pasó por diversas etapas durante su vida. En sus primeras obras insistió en caracterizar a las mujeres como inferiores, débiles, incompletas e irracionales, afirmaba que carecen de razón y son incapaces de construir cultura y civilización. En una segunda etapa, dio un cambio drástico en su pensamiento, consideró que las diferencias entre los sexos no estaban condicionadas por la biología y que eran producto de una construcción social. No obstante, al final de su vida y después del rechazo de Lou Salomé, las ideas de Nietzsche sobre la mujer se tornaron misóginas; el filósofo, en su obra, se dedicó a atacar de manera violenta e irracional a las mujeres, y descalificó sus intentos de emancipación social y al naciente movimiento feminista.


Sigmund Freud también utilizó el psicoanálisis para exacerbar las desigualdades entre hombres y mujeres, argumentó que las capacidades físicas y psíquicas de cada sexo estaban determinadas por sus genitales. En su obra, la mujer aparece como un cuerpo disponible para la satisfacción de los impulsos sexuales del hombre; además, consideraba que el valor de las mujeres radicaba en su capacidad de ser madre. Pensamiento influido por su relación con su esposa, de quien mencionó en repetidas ocasiones, que sólo tenía dos responsabilidades en su vida "mantenerse sana y quererle".


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Desde la religión, la filosofía y la ciencia también se desarrollaron teorías que buscaron reivindicar a la mujer, devolverle la dignidad y el poder que durante siglos le ha sido arrebatado. En el ámbito teológico destacan las reflexiones de François Poulain de la Barre: "debe sospecharse de todo lo escrito por los hombres sobre las mujeres, pues ellos son juez y parte a la vez". En el pensamiento filosófico Jean Antoine Condorcet reflexionaba: "¿no han violado todos el principio de igualdad de los Derechos al privar tranquilamente a la mitad del género humano del derecho de concurrir a la formación de las leyes, al excluir a las mujeres del derecho de ciudadanía?". John Stuart Mill también criticó la situación social de la mujer: "las relaciones sociales entre ambos sexos —aquellas que hacen depender a un sexo del otro—, deben sustituirse por una igualdad perfecta, sin privilegio ni poder para un sexo ni incapacidad alguna para el otro".


A estos pensadores se unieron durante el siglo XX autores como Erving Goffman, quien desde la sociología fue pionero en visibilizar los estereotipos y prejuicios sobre las mujeres reproducidos en los medios de comunicación y la publicidad. Por su parte, Pierre Bourdieu en su obra dejó claro que las desigualdades de género y la dominación masculina no son naturales, sino producto de la socialización de instituciones como la escuela y la iglesia; y más recientemente destaca Anthony Giddens, quien desde los años 90 ha cuestionado las desigualdades de género, los roles impuestos y la represión de la sexualidad; ante ello, ha propuesto la lucha política y el diseño de políticas públicas más igualitarias como el camino para la erradicación del machismo.

 

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Todos estos cuestionamientos y pensamientos son los que la autora deja plasmados en su libro. Por ello, hoy es cada vez más importante que obras como Machismo y vindicación: La mujer en el pensamiento sociofilosófico, de Esther Pineda G, se publiquen y se difundan, para que toda la sociedad pueda darse cuenta de que el machismo es un problema que afecta a toda la sociedad, y que las mujeres siempre han sido relegadas de la Historia, por lo que hoy, más que nunca, es necesario que reflexionemos y modifiquemos formas de pensamiento, ideas, estructuras, constructos y comportamientos en los que se erradique el machismo.


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Si te preocupan las desigualdades y por cuestiones de género, debes leer estos poemas feministas para las mujeres que ya no tienen miedo y quieren cambiar el mundo.


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Las imágenes que ilustran el texto pertenecen a la artista griega Eugenia Loli.



Referencias: