Lee la historia de Misuzu Kaneko y conoce algunos de sus poemas enseguida:
“El pajarillo, la campanilla y yo”
Aunque estire mis brazos
definitivamente no puedo volar,
pero a diferencia de mí, un pajarillo
no puede correr rápido sobre la tierra.
Aunque balancee mi cuerpo adelante y hacia atrás
no producirá sonidos bellos,
aunque a diferencia de mí, una campana
no conoce tantas canciones
Una campanilla, un pajarito y también yo,
Todos somos diferentes, todos somos buenos.
Unico retrato conocido de Misuzu Kaneko
“Amar todo”
Desearía poder amarlos,
a cualquier cosa y a todo.
Cebollas, tomates y pescados,
desearía poder amarlos a todos.
Guarniciones y todo.
Porque mamá los hizo.
Desearía poder amarlos,
a cualquiera y a todos.
Doctores y cuervos,
desearía poder amarlos a todos.
Todo en todo el mundo,
porque Dios los hizo.
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El único volumen en el que estaban impresos los poemas de la japonesa Misuzu Kaneko desapareció en uno de los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, su hermano menor salvó y conservó tres cuadernos en los que su hermana escribió 512 poemas con su puño y letra. Esta era la única muestra de la magia de una de las poetas japonesas más brillantes de todos los tiempos. Décadas después, en 1966, otra amante de las letras japonesas y escritora, Setsuo Yazakisu, descubriría uno de los poemas de Kaneko y se daría a la tarea de investigar más sobre ella al quedar prendada de su estilo.
Cuando Kaneko tenía 20 años, sus poemas infantiles, entre ellos ”Los peces”, fueron publicados en diversas revistas infantiles, con lo cual la poeta se ganó un lugar dentro del círculo de poesía amateur.

“¡Gran pesca!”
Al amanecer, glorioso amanecer
¡Hay una gran pesca!
¡Una gran pesca de sardinas!
En la playa, es como un festival
pero en el mar, celebrarán
funerales
para las decenas de miles de muertos.

Durante años, Yazakisu vagó en busca de información e investigó todo lo relacionado a la oscura poeta, de la cual no había grandes referencias bibliográficas. Hasta que en 1982 dio con el paradero del hermano de Kaneko, ahora un hombre de 77 años quien gustoso accedió a compartir con ella la obra de su hermana. Este hallazgo le permitió a Yazakisu dar a conocer la obra completa de la poeta, quien de esa manera se presentaba al gran público que, en su mayoría, no sabía demasiado sobre ella.
La poesía de Kaneko es, sobre todo, altamente emocional. En ella se expresa un deseo gigante de amar, de disfrutar lo que la vida y la naturaleza ofrecen al ojo y el corazón de los seres humanos. Penetra en el misterio de la naturaleza y revienta en pequeñas detonaciones de amor, deslumbramiento y algarabía. Pero siempre con algo de tristeza.

“¿Eres un eco?”
Si digo, “¿Vamos a jugar?”
tú dices, “¡Vamos a jugar!”
Si digo, “Estúpido!”
tú dices, “¡Estúpido!”
Si digo, “No quiero jugar más”,
tú dices, “No quiero jugar más.”
Y luego, después de un tiempo,
volverme solitaria
Digo “Lo siento”.
tú dices: “Lo siento”.
¿Eres sólo un eco?
No, tú eres todos.

“Pila de nieve”
La nieve en la cima
debe sentirse fría,
La fría luz de la luna la perfora.
La nieve en el fondo
debe sentirse agobiada
por los cientos que la pisan.
Nieve en el medio
debe sentirse sola
sin nadie que mirar en la tierra o en el cielo.

La vida de Misuzu Kaneko estuvo enmarcada en la tragedia. Exigió el divorcio a su marido -un hombre al que no amaba y con el que se vio obligada a casarse- cuando descubrió que él había contraído una enfermedad venérea debido a sus múltiples visitas a los prostíbulos de Tokio. Ella fue contagiada por él, situación que le generó muchos dolores físicos. Cuando su marido solicitó que compartiera la custodia de la hija de ambos con él, la poeta se suicidó como una especie de reclamo. Estaba por cumplir 27 años.
“El florista”
El florista
fue a la ciudad a vender flores
y las vendió todas.
Pobre florista solitario.
Las flores que cuidó se han ido.
El florista
está ahora solo en su choza
mientras el sol cuando se pone.
El florista
duerme contento
por las flores que vendió.

“Estrellas y dientes de león”
Profundamente en el cielo azul,
como guijarros en el fondo del mar,
yacen las estrellas invisibles a la luz del día
hasta que llegue la noche.
No puedes verlas, pero están ahí.
Las cosas invisibles siguen ahí.
Los dientes de león marchitados y sin semillas
escondidos en las grietas de la teja
esperan silenciosamente la primavera,
sus raíces fuertes no se ven.
No puedes verlos, pero están ahí.
Las cosas invisibles siguen ahí.
A pesar de llevar una vida enmarcada en el sufrimiento, su obra luce como un canto a la energía de la vida, a la libertad y el regocijo del alma, al mejor estilo de Walt Whitman. Misuzu Kaneko sigue aquí a través de sus versos; justo como los dientes de león, no podemos verla, pero sigue aquí.
Misuzu Kaneko es una de las grandes poetisas de la literatura de Japón. Su obra se lee desde los primeros grados de educación en su país, al considerarse que es la máxima expresión de la felicidad infantil. Al igual que ella, en otras latitudes del planeta han existido poetas destacados que brillan por un manejo del lenguaje y el sentimiento que exaltan el alma. Grandes ejemplos de lo anterior son los poemas de Beckett para el amor y la desesperación y los poemas para arder en la pasión del amor de Rubén Darío.
Las ilustraciones usadas en este artículo pertenecen a la artista japonesa Miho Hirano.
En portada: SCBWI Japan Translation Group

