El siguiente poema de Quetzal Noah nos invita a imaginar realidades fantásticas.
Y sí, ojalá que un día se invente
la bofetada con polvo de violetas,
un sutil reclamo con sabor a miel
y no a reproche,

y sí, digo, hay que violar
unas cuantas reglas
para equilibrar el deseo
que nos tambalea
ojalá que nos salgan alas
después de arañarnos la piel,
ojalá que las balas
fueran de cereza y no de plomo,
que en vez de fuego
de las bombas estallara tequila,
frutas o semillas,

ojalá que los días de invierno
a nadie le faltara
otro par de piernas donde enrollarse,
ojalá que de los gritos
salieran nubes de chocolate,
ojalá que todos supieran
que la angustia puede ser
también un estado de inspiración,
ojalá que los ciegos
se atrevan a nombrar los colores,

que el poder sea
para dominarse a sí mismos
y no para aplastar a otros,
tal vez sin el capitalismo
los hospitales no nos venderían la vida,
ojalá que un día al año
lloviera cerveza,
que un poema pueda hacer
tanto eco como el de gritar un gol,

ojalá que cada uno de nosotros
tenga los huevos
y poner un poquito de lo que somos
para hacer un mundo mejor.
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