Por qué según Michel Foucault nuestro mundo cotidiano es como una cárcel
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Por qué según Michel Foucault nuestro mundo cotidiano es como una cárcel

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Por: Paola Vazquez

15 de enero, 2016

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15 de enero, 2016


"Somos vigilados por el Gran Hermano, él todo lo ve, todo lo sabe, todo lo crea, inclusive nuestra naturaleza humana y la realidad que percibimos de nuestro mundo. ¿Te atreves a pensar? ¿Te atreves a ser una persona con capacidad de analizar y dar argumentos de tu sociedad?"
– George Orwell, "1984".


Michel Foucault se preguntaba si el mundo moderno sería como una cárcel donde vivimos sin percibirla. ¿Será que quienes estamos dentro de las prisiones somos los que estamos fuera de las rejas? ¿Qué es una prisión o qué cualidades reúne para serlo? ¿Cómo saber cuándo se está adentro y cuándo afuera?

Alguna vez has sentido que no importa a dónde vayas, eres observado. En el metro, la escuela, el trabajo son cada vez más comunes las cámaras, esos ojos que nos observan están en las calles, en nuestros espacios de convivencia cotidianos y ahora hasta en la intimidad de nuestras comunicaciones, que parecieran vigilar lo que hacemos, con quién nos relacionamos y hasta como pensamos. Seguramente te has encontrado con "sugerencias" de amigos por Facebook acorde a afinidad, cuando esto sucede surge la interrogante, ¿quién está del otro lado de la cámara, el televisor, la red de Internet, las redes sociales?

imagenes Michel Foucault

Cada vez es más conocido el discurso de la "seguridad", de mecanismos que para "protegernos" vigilan lo que hacemos, con quienes nos relacionamos o qué pensamos. Quizá por ello uno de los temas más polémicos en nuestra actualidad es la persecución de Julian Assange por el gobierno estadounidense, ante el atrevimiento de este joven de calificar a Facebook, como una máquina de espionaje.

En nuestra actualidad, los aparatos de vigilancia se asemejan a lo que Michel Foucault nombró “tejido carcelario”.  Michel Foucault aseguraba que las cárceles se crearon como mecanismos para el control social y disciplinamiento, pero que en la época moderna se han extendido más allá de los muros de las prisiones, hacia todas las instituciones sociales. A manera de redes de una telaraña, los mecanismos carcelarios operan mediante un gran ojo observador que todo lo mira y lo disciplina.



Michel Foucault ojoTelaraña

Como en una historia futurista de ciencia ficción, nos hallamos atrapados en esta red como pequeños insectos, moviéndonos entre sus hilos sin percibirlo; sin darnos cuenta, nuestros comportamientos cotidianos pueden estar enredados en ellas. Caemos en esos pequeños nudos de la telaraña desde los que se instituyen formas de comportamiento, relaciones de poder, instituciones disciplinarias como la escuela, el trabajo, los hospitales, los manicomios y medios de comunicación como la televisión o la prensa, podríamos agregar también la Internet y las redes sociales.

Michel Foucault refiere a un sistema llamado panóptico que es una estructura que se ubica en el centro de las prisiones y desde la cual se puede tener una visión de 360° para la vigilancia de los prisioneros. Una especie de araña de mil ojos que se encuentra en el centro de la red y lo mira todo, lo reglamenta y disciplina; pero si el ojo de la araña es esférico, su cuerpo es jerárquico: observa desde arriba. Podríamos interpretar a las mismas redes sociales como el espacio que siempre soñó ese gran ojo vigilante: Facebook se convierte en aquel espacio que todo lo mira.

La sociedad moderna ha creado máquinas de observar permanentes que regulan las desviaciones de la norma y reproducen reglamentaciones absurdas. George Orwell en su obra “1984”, plasmó una sociedad futurista en la cual realizaba una sátira de los mecanismos modernos de control, sistemas que nos convencen de repetir sin cuestionar lemas contradictorios como “la guerra es la paz”.

Michel Foucault Panoptico

El poder de la araña es una maquinaria que tiene un jefe a la cabeza, un poder político y económico para el cual funciona. Sin embargo, para que funcione debe poner en marcha a una red entera que seduce y convence a los individuos de hacerse adeptos a las normas, por medio de lo cual adquiere múltiples ojos en cada uno de sus adeptos. De esta manera pareciéramos convertirnos en cómplices de este sistema de reglas morales y sociales, las cuales aprendemos desde pequeños en instituciones como la escuela, el trabajo, la familia y todas nuestras relaciones e instituciones sociales. Un sutil control cada vez menos físico y más ideológico.

En el nazismo estos mecanismos de control extendieron sutilmente sus tentáculos a todo el cuerpo social, convirtiendo a los ciudadanos alemanes en cómplices; los jóvenes de las "juventudes hitlerianas" fueron capaces de denunciar a sus propios padres por traiciones al Reich. El poeta Bertolt Brecht en sus “Historias Abominables. Terror y miserias del Tercer Reich”, muestra a esta sociedad corrompida por el poder, la cual se autodestruye.

Hoy, el control y la disciplina tiene mecanismos más "higiénicos",  la vida y la muerte se administran con medidas que ocultan la sangre, el dolor y disfrazan la muerte misma. Observemos la diferencia entre los aparatos de tortura de la inquisición, los hornos en los campos de exterminio donde se calcinaron miles de cuerpos y la actual inyección letal para "dormir" a los sentenciados a pena de muerte en el sistema penal moderno.

El ojo vigilante requiere de hombres y mujeres que realicen las funciones de control del tejido carcelario. Nos hemos descubierto adoptando roles sociales que no sabemos a qué intereses responden. En la película "El experimento" podemos ver a hombres comunes que entran a un proyecto que se presenta como un juego, el reto es entrar a una cárcel en la cual la mitad de estos conejillos de indias serán presos y la otra mitad guardias, periodo en el que deberán resistir sin desertar. En esta película se muestran los roles que comienzan a gestarse y lo capaces que somos  de convertirnos en monstruos y empoderarnos. 


Los mecanismos de disciplinamiento social deben además castigar lo que se considera que sale de la norma: el crimen y la locura, para lo cual existen instituciones como el manicomio y la cárcel. En "La Naranja Mecánica" de Stanley Kubrick, algunos jóvenes que se toman a la ligera la vida y se dedican a romper las normas, llegan a grados extremos de violencia, por lo que uno de ellos es sometido a un tratamiento psiquiátrico que lo obliga a ver escenas de extrema violencia. A manera de tortura psicológica se busca regresar al individuo desviado, a lo que se considera “normal”, moral, propio del buen ciudadano.

Las escuelas son otra institución disciplinaria desde la cual no sólo se instituye en los alumnos la figura de autoridad, sino que se reglamenta la vida cotidiana como un mecanismo que condiciona y prepara para obedecer. En la cinta "The Wall", de Pink Floyd, se observa cómo en nuestra sociedad los individuos somos producidos en serie, obligados a obedecer desde niños sin cuestionar, frente a la figura de autoridad, que es el maestro. Nos convertimos en sólo“otro ladrillo más en la pared”.



Los disciplinamientos que existen en todas las instituciones incluyen el control también de los cuerpos: horarios para levantarse, descansar, comer, acostarse; esto mediante mecanismos de vigilancia, control, medición, clasificación y exámenes dirigidos a los individuos por separado y a nuestra sociedad en conjunto. La cárcel entonces está también fuera de los edificios de reclusión y dentro de nosotros.

Michael Foucault mente

Sin embargo, Michel Foucault nos da pistas de posibles salidas y escapes de esa red. Para él, lo único que nos permitirá sobrevivir es el“cuidado de sí”, un espacio propio de  independencia y libertad que nos distancie de la máquina-sistema y sus reglas. La libertad es para él, ese espacio que nosotros construimos pensando, cuestionando, siendo responsables de nuestras acciones, negándose a la obediencia ciega.


En todos nuestros espacios de interacción y nuestras relaciones, debemos cuidarnos de aquellas normas que nos sometan y de no reproducir en nuestras acciones cotidianas, formas de poder que sometan a otros. Liberarnos de la cárcel que llevamos dentro no enamorándonos de lo que nos dé poder. 



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Referencias: