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Rotterdam: estupidez, mentira y locura como fuente de alegría

Letras Rotterdam: estupidez, mentira y locura como fuente de alegría


“¿Hay algo más feliz en esta especie de personas a las que el vulgo llama estúpidos, estultos, fatuos e insípidos (…)? En principio, carecen de miedo a la muerte (…) y de remordimientos de conciencia  (…) ni les turba el miedo de los males que amenazan ni les desasosiega la esperanza de bienes futuros (…) no se dejan atormentar por millares de preocupaciones que atosigan esta vida”.

Erasmo de Rotterdam, “Elogio de la locura”

¿Serán verdaderamente polos opuestos la estupidez y la inteligencia? La razón y la locura, la mentira y la verdad. En nuestro día a día realizamos actos son absurdos o contradictorios, pero aparentan ser racionales: decimos mentiras como verdades, nos encolerizamos por cosas absurdas, reaccionamos de manera violenta, creemos en mentiras a todas luces falsas, alabamos la estupidez, engañamos a quienes amamos, pero de todo ello sentimos culpa y nos atormentamos.

¿Por qué no admitir que nuestra sociedad tiene cierta dosis de irracionalidad disfrazada? Una razón que muestra signos de esquizofrenia en nuestro mundo moderno. ¿Quién en su sano juicio puede creer que son racionales actos que nos convierten en máquinas? Como el trabajo en las cadenas productivas, nuestros movimientos como autómatas, el asesinato de hombres a otros hombres en guerra o la obediencia a normas racionales y absurdas.

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¿Qué es la locura? ¿Quién o qué reglamente a una persona sana? ¿quién juzga qué es locura o qué es lo racional? Anteriormente la Iglesia, después la escuela, el Estado, la autoridad que regula lo que debemos hacer: lo que está bien o mal. Rotterdam dice que observamos dos tipos de locura en nuestro mundo, una de ellas que ejerce un poder y dice tener razón: las guerras, discursos de políticos, normas morales, celos que nos llevan actos absurdos. También la locura que revela la posibilidad de salir de las reglas, creer y crear un mundo: “La locura es sincera, transparente; no existe en ella daño alguno”. En la película "Les idiots" de Lars Von Trier, el cineasta plantea el dilema de  comportarse como locos como posibilidad de  liberación de las ataduras sociales.

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Admitir nuestra locura como aquella dosis que nos permite salir de esa "realidad", mantenernos cuerdos frente a una sociedad absurda. La fiesta, el carnaval, la risa, es la necesaria ruptura con reglas contradictorias y actos sinsentido. ¿Será que necesitamos de esa fantasía que nos cubra del horror? Irrealidad, locura, estupidez, ignorancia, sueño para sobrevivir frente a la razón que es sinrazón. Rotterdam, crítico de la moral religiosa y antecesor de la reforma protestante, hace una crítica que irrumpe, se burla, cuestiona las normas de la sociedad en que vive.

Desde su visión, el mundo exalta pero reprime también los impulsos. Vemos que se crean instituciones para regular el comportamiento: el matrimonio que regula el sexo, los reglamentos de la Escuela, las leyes del Estado, las normas morales que la Iglesia, que regulan lo que podemos y debemos hacer, el "buen comportamiento". Salirnos de la norma tiene su consecuencia y castigo, como el manicomio o la cárcel. De ahí que Rotterdam, crítico de la moral religiosa y antecesor de la reforma protestante, irrumpa en la moral y la racionalidad moderna. 

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La ironía, la burla, la broma son armas para criticar la razón. La locura es el espacio de fuga en el cual pareciera que el desenfreno nos regresa a nosotros mismmos:  es ese momento de descanso, recreo, juego, ocio, en que suspendemos el juicio para dejarnos llevar por la embriaguez del enamoramiento o el divertimento con los amigos, la creatividad, la aventura, la utopía. Observamos cómo la hipocresía esconde las contradicciones de nuestra sociedad: la mentira, la rigidez, las buenas conciencias y los pecados son advertidos como los males.

Rotterdam pensó en la posibilidad de realizar nuestros placeres como fuente de toda alegría: locura, placer, olvido, irreflexión, intemperancia, sueño… ¿Acaso no son también un medio de lograr la felicidad humana o de no amargarnos la vida.? ¿Acaso no es este mundo el de los locos y los guerreros, que se arriesgaron a romper con los cánones de su época, a contrariar verdades, a descubrir e ir más allá de la sociedad de su tiempo? Y acaso no también fueron juzgados y muchas veces perseguidos y sentenciados a muerte por la sociedad de su tiempo: cientíticos, revolucionarios, poetas…

Rotterdam invita a embarcarnos en "La nave de los locos": para soñar un mundo mejor hay que ponerlo al revés con las armas de la utopía, estulticia y la locura.

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El juego debe ser fuente de alegría y felicidad, la solemnidad no es una virtud.

“Juegan, cantan y ríen (…) llevan consigo el placer, la broma, el juego y la risa (…) para alegrar la tristeza de la vida humana”.


Disfrutar de la amistad y la compañía

“Dejarse llevar, cegarse, alucinarse con los defectos de los amigos y el sentir afición y admirarse por alguno de sus vicios manifiestos como si fuesen virtudes, ¿no es cosa parecida a la estulticia?”

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Situarse en el presente y disfrutar de él

 “¿Qué vale la hermosura, principal don de los dioses inmortales, cuando se corrompe con el morbo de la melancolía?”


Cierta dosis de ignorancia hasta de uno mismo es necesaria para no tomarse tan en serio:

“Si prescindieseis de mí, además de no poder nadie soportar a nadie, todo el mundo sentiría hedor de sí, asco de sus propias cosas y repulsión de su misma persona".

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Ser uno mismo sin prejuicios

“La principal parte de la felicidad radica en que uno quiera ser lo que es”.
 


La locura permite forjar almas guerreras

“Hacen falta entonces hombres gruesos y vigorosos, en los que haya un máximo de audacia y un mínimo de reflexión”.

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Amar al otro sin fijarse en los defectos

“Cupido, padre y autor de todo afecto, que, por obra de su ceguera, toma lo feo por hermoso, hace que entre vosotros cada cual encuentre hermoso lo que ama, de suerte que el viejo quiera a la vieja como el mozo a la moza”.

Olvidarse de los celos

“¡Cuánto mejor es equivocarse así que no consumirse con el afán de los celos y echarlo todo por lo trágico!”


Suspender el miedo: anticipación de lo que no ha pasado

 “La vergüenza que ensombrece con sus nieblas al ánimo, y el miedo que, una vez evidenciado el peligro, disuade de emprender las hazañas”.

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Gozar de los placeres del cuerpo, hacer grato el error, soñar y tener ilusiones, mantener la esperanza, decir la verdad sobre la mentira y el delito, son algunos de los principios de Rotterdam, que nos enseña que se puede sacar razón de la estupidez y ésta puede dar sentido a la razón.

Desterrar la culpa como mal y suspender el juicio para que nuestro pensamiento vaya más allá de la dicotomía del bien y mal. Locura y razón no son opuestos, saber mezclarlas  en proporciones adecuadas y en el momento preciso, puede hacer de la vida un camino más ligero, honesto y devolver la simple alegría de estar vivos.

¿No serán la locura un salvavidas para soñar otra realidad posible o bien un arma para despertar de la ficción que parece realidad? Quizá nuestra locura será la forja de una mejor realidad…



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Referencias: