
Quisieras continuar instalando esas conexiones
con los que te abren los brazos,
pero sabes que no perteneces a ellos,
tú sólo entendiste que no eres de allá y tampoco de aquí.
¿A dónde irás? ¿seguirás caminando?
Con el mismo temor que un anciano baja unas escaleras gigantes,
tú intentas brincar de una dimensión a otra,
no estás seguro de a dónde llegarás,
pero aun estando cerca de la Tierra
puedes sentir el calor que deja el
esfuerzo de las energías perdidas.
No busques ningún camino,
no corras hacia la oscuridad,
tampoco busques el color en cada tortura.
Mueve cada uno de tus músculos y sueña
con el Imperio utópico al que quisieras estallar.
Desnúdate hasta encontrar tu propio abismo.