Una alta ejecutiva de una corporación grande trabajaba desde temprano hasta altas horas de la noche sin descanso. Emilio limpiaba los pisos de dicha compañía. Deambulaba por todo el edificio con su estación de trabajo y su radio móvil. Antes de llegar al despacho de la ejecutiva se acomodaba un poco el cabello. Cada noche él imaginaba hablarle, entablar algo con ella. La mujer era guapa. Atraía miradas en donde se parara.En una ocasión Emilio se arregló el cabello y se armó de valor. Este es tu momento, pensó. ¡Es ahora o nunca!Entró a su oficina. La miró tensa, como de costumbre. Admiró sus piernas cruzadas que se vislumbraban por el resquicio del escritorio. Bronceadas, carnosas, elegantes.El limpia pisos se encendió aún más.Nunca saludaba. Esta vez jaló aire y soltó un: Buenas noches.La mujer sin levantar la vista correspondió el saludo.

Él reviró: ¿Mucho trabajo?Bastante. ¿Le puedo ayudar en algo?Esta vez la ejecutiva alzó la vista.Él estaba frente a ella. Solo el escritorio les separaba.Buscó el costado para acercarse, ella reaccionó ligeramente asustada.¿Te llamas Emilio, cierto? …(El gafete de su uniforme lo delataba)Así es.Te pregunté. ¿Deseas algo?Le miró de cerca, sentada, indefensa, su blusa desabotonada dejaba ver unas suculenta promesas tibias, aromáticas, grandes….La ejecutiva respiró el olor de macho.Se relajó un poco y comentó:Ahhh… Ya sé lo que quieres.Mira hacia la ventana.Emilio obedeció. Las estrellas brillaban, había caído una lluvia torrencial por la tarde. El cielo estaba desahogado.¿Qué te inspira de mí? Comentó la fémina.Huelo deseo. Usted está ardiendo atrapada en la rutina. ¿Hombres? Hace ya varias lunas que no se da tiempo. Todo es trabajo y citas, reuniones, termina rendida… Lo percibo porque la he visto otras noches.Ud. y su estilo, su carrera y prestigio, pero su entrepierna luce acalorada desde hace meses. A grito pelado anhela ser poseída pero…Crees que te rechazo?Nunca me observa.Es por el exceso de trabajo. Si hueles el sexo, no te detengas.Emilio se sorprendió. No imaginaba docilidad en su plan previo. No creía que aquello sería un día de campo.La tomó de la mano y se la puso en su falo duro, erecto. Su mano embonaba. Ella bajó la cara. Él le tocó el mentón y la levantó. La miró y recitó : Atrás de esos lentes esconde el fuego. ¡Alcanzo a mirar en ese par de ojos una llama de afanoso ímpetu!En el piso 17 el aire estaba cargado de tensión sexual.¿Cuál es tu nombre?Camila. Lindo nombre, tenía una perrita que así la llamaba. Le atropelló un borracho. Mala suerte.La vida es dura, respondió Camila a la par que miraba a sus costados.Él la acarició sin pudor. Ella dejó escapar un jadeo como frío. En realidad era ansiedad contenida. Percibo que eres una mujer insaciable, apasionada, ardiente hasta la médula. Combinas con tu sillón de piel.Tus piernas me atraparon desde el primer momento que las vi.¿Ah sí? ¿Qué más chico?Percibo tu humedad. Voy a bajarme hacia tus jugos. ¡Quítate los anteojos!El teléfono sonó de pronto a la par que Camila jadeaba y apretaba su mano derecha por debajo del escritorio.Con la mano izquierda levantó el auricular y expresó:¡Ya se pudrió el café! Trae uno enseguida.Emilio estaba hincado abriendo las piernas buscando llegar a los adentros para lubricar su fantasía.El café nunca llegó. Dos bultos caminantes de 90 kilos como mínimo son los que pudrieron el sueño del limpia pisos. Tan sólo logró acariciar un poco los muslos de su musa. Arrastrado lo escupieron del corporativo no sin antes liquidarlo con unos buenos golpes secos y bien dirigidos.¡A la calle una vez más!Camila reflexionaba frente a la ventana. En el fondo Emilio tenía un poco de razón. Hace tantas lunas… Una estrella fugaz pasó. Ella regreso a su sillón, se desabotonó la blusa, se hizo a un lado la braga, cerró los ojos mientras introducía tres dedos en su humedal

