Gorillaz en México es mejor que cualquier otro acto musical reciente no sólo por su estatus virtual y ajeno a nuestra realidad (pero a la vez cercano), sino por romper distintas barreras que suelen rebazar a cualquier banda real.
Aunque Gorillaz no es una banda virtual de este “plano”, tampoco es la primera en existir bajo ese modelo. “Alvin and the Chipmunks” y “The Archies” nacieron en los 60 como una forma de hacer más comercio con la música. Al crear un grupo “imaginario”, se convertía en un objeto incorruptible que estaba atado a ciertos estándares fijos para lograr el éxito.

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Ese concepto se trasladó a los artistas “reales”, especialmente a fines de los 90. Britney Spears, Spice Girls, Backstreet Boys. Todos vendían esa imagen fija que no exploraba ningún área, a diferencia de las bandas reconocidas que buscaban trascender explorando nuevos aspectos de la música. La admiración por los personajes populares se salió de control creando subculturas completamente ajenas a cualquier conocimiento intelectual.

Podemos imaginarnos a Damon Albarn y a Jamie Hewlett -creadores de la banda digital-, ver MTV y asquearse al ver cómo esas personas se convertían en una caricatura, un elemento estático como alguna vez lo fueron las bandas animadas de los 60. Ambos creadores decidieron entonces crear algo tan falso que al traspasar “universos”, mostrara algo tan genuino que sería imposible dudar de él.
Ya hemos hablado sobre la historia que cuentan los videos musicales de la banda, pero ese universo va mucho más allá. El desarrollo de su realidad, intercalada con la nuestra, está extendido a entrevistas falsas, videojuegos, tours interactivos en Internet, cortometrajes, sketches e incluso un libro donde describen toda su existencia. Justificando desde los nacimientos de los personajes hasta cómo se juntaron teniendo ideas separadas extrañas de una forma bizarra.
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La banda se transfiere a nuestro universo y vuelve al suyo, donde tienen un pasado, presente y futuro. Como si fueran unos místicos que simplemente vienen a regalarnos un poco de música. Y es que el engaño es tan grande que olvidamos que sus creadores son personas reales, sólo que a diferencia de la misma situación con Britney Spears y los Backstreet Boys –quienes eventualmente decayeron– tienen la libertad de llegar a un estado de perfección.
Después del lanzamiento de “Plastic Beach”, Murdoc declaró que un tal Damon Albarn lo iba a reemplazar con más músicos durante los conciertos de Gorillaz. Por un momento todos se convencieron de que eso era real, como cuando tocaron junto a Madonna en un escenario de MTV, representando la dualidad del pop.
Gorillaz rompe paradigmas, tanto de género musical como el visual. Tiene la habilidad de trasladarse de historias así como si fuera una serie en la que cada capítulo, se puede visitar o explorar elementos diferentes. Al estar libre de un plano, aprovecha esa condición “invisible” para reaparecer con una propuesta nueva o con una reinterpretación.

El producto de Albarn y Hewlett hace más que una crítica al sistema de la industria musical. Cubre temas como la guerra, soledad, abandono, tecnología y obsesiones respaldados con sus propias experiencias demostrando que, aunque sea una banda falsa, no se adhieren a un aspecto plástico de la creación cultural y pueden incluso ser mejor que un grupo material.
2-D, Murdoc, Noodle y Russell nacieron a partir de una necesidad de mostrarle al mundo que los ídolos no deberían ser incorruptibles y que la falsedad de un producto no significaba mostrar una mentalidad vacía. Gorillaz es una máscara para Albarn y Hewlett, una que tiene vida propia y acude a ellos cuando necesita alimentarse. Los personajes evolucionan e interactúan con nuestro mundo mientras se mantienen aparte, recordando que su existencia es efímera y que sólo vive en nuestra mente gracias al talento de diferentes personas.

Gorillaz invita a apreciar su falsedad, a descubrir el mundo que nace a partir de ella y en el proceso genera un cambio dentro de nosotros. Es una banda virtual para un tiempo así diseñado para personas que se inclinan cada día más a esa fantasía. Su perfección se debe a la independencia de su universo alterno, una libertad que nos entregan en forma de funk, hip-hop, blues, pop, rock y nuevas invenciones.
Cuando pensamos en Gorillaz, no aparece Damon Albarn ni Jaime Hewlett, sino aquellos cuatro seres que crecieron junto a nosotros. Nuestra conexión a ellos está directamente relacionada a nuestra psique. Quizás eso es lo que los ha mantenido vivos durante tanto tiempo: a pesar de ser formas imaginarias nos muestran las rarezas, maravillas y fantasías absurdas que nos definen como humanos, lo que, sin duda, se guarda muy profundo en la memoria.
Inspirado en un artículo de DazedDigital.
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