Ella nació con el alma de un artista y luego conoció a quien le aplaudiría sus creaciones, quien le inyectaría una dosis de cariño y le inspiraría a crear cada vez más. El 9 de noviembre de 1966 en una visita a la Indica Gallery, John Dunbar le prometió a John Lennon que vería un happening que incluía una mujer japonesa dentro de una bolsa negra. El Beatle, entusiasmado, acudió con las expectativas tan altas que esperaba el día con suma ansiedad.
Sin embargo, al llegar a la exposición encontró que era una muestra avant-garde que implicaba vender una mañana por 200 libras para verla descomponerse. Era una vil estafa maquinada por la artista conceptual Yoko Ono, por la que Lennon no estaba dispuesto a pagar, pero hubo algo que atravesó frente a sus ojos:
«Cruzamos miradas, ella entendió, yo entendí y eso fue todo».

Desde entonces, Yoko y Lennon permanecieron juntos, ayudándose a sus respectivos procesos creativos, de los cuales surgieron grandes obras de arte como muchas canciones de The Beatles y algunas piezas autoría de Yoko, quien siempre se mantuvo inmersa en el arte. No obstante, cansada de siempre hacer lo mismo, decidió incursionar en la música con la ayuda de su esposo. Sin embargo, contrario a lo que los fans pueden pensar, la música de Yoko es únicamente creación de ella, Lennon le daba asistencia, pero jamás suplió sus ideas ni tampoco le impuso nuevas. John y Yoko se complementaban, pero cada uno maduró a su tiempo y en el caso de la artista se puede ver a lo largo de la evolución paralela de su persona.
Al principio era evidente la ayuda del cantante y la influencia que tenía sobre la creativa japonesa, pero al finalizar, Yoko parecía no necesitarle. Se estaba convirtiendo en alguien independiente que no requería de Lennon para hacerse notar ni para demostrar su pensamiento feminista; mismo que se ve reflejado en la solidez con la que sus producciones musicales evolucionaron.

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“Fly”
La primera producción que Yoko hizo basándose en sus sentimientos y vivencias, fue “Fly”. La presentación de éste era un performance, en donde al comprar el disco, era entregado en una caja en forma de libro, que incluía un póster y una postal con un código para ordenar el libro. Esta producción fue una fusión de ritmos experimentales, entre los que destacan el pop, el rock, glam y funk que culminan en una fuerte protesta sociopolítica. Lennon produjo el disco en su totalidad, lo que hace pensar que tuvo influencia directa. Si bien Yoko le permitió opinar, el concepto es completamente suyo.
Uno de los lados del disco es un track de 22 minutos que funge de banda sonora par aun cortometraje que hizo Yoko en el que destaca su peculiar voz. Otra canción es ‘Toilet Piece’, con medio minuto de sonidos para finalizar con un tema extra que consiste en sonidos ambientales muy abstractos hechos por un grupo de excompañeros de Ono. En general, el álbum derrama blues muy digerible para los escuchas. Pero si un tema es importante y sobresale en este disco es ‘Don’t Worry Kyoko (Mummy’s Only Looking for a Hand in the Snow)’. Esta canción es dedicada a su hija, quien sufría los altibajos emocionales de su padres, demostrando que Yoko Ono vivía una etapa muy inestable y melancólica, pero llena de preocupación por uno de sus mayores amores: su hija. Aún así, mantenía la fe y la esperanza en Lennon, lo que queda demostrado en ‘Mrs. Lennon’.

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“Approximately Infinite Universe”
Con un cambio no tan radical en el sonido, solamente lo vuelve lento, funk y toques electrónicos. Contrario al disco anterior, Yoko no exagera la voz, la deja fluir lentamente, pero logra englobar un sentimiento que no es más que el feminismo puro naciendo de sus entrañas. En aquella época, Ono pasaba por un momento estable con su esposo, ambos estaban involucrados en la lucha de problemas sociales, por lo que las canciones tiene mensajes muy directos como ‘Winter Song’ o ‘What a Bastard the World Is’ que hablan de su vulnerabilidad como mujer y de la manera en que serlo le afectó en la vida. Así que con frases como «Siempre puede conseguir un cerdo como tú», se convierten en baladas sombrías que hablan de cómo, a pesar de tener amor de pareja, a veces hace falta el cariño de la familia y amigos.

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“Feeling the Space”
Este disco no es más que la representación de las debilidades de la esposa de Lennon, quien se dedica a cantarle al desamor y a las malas jugadas por parte del mundo en el que vive. En especial, es una carta de reclamo a su esposo, quien se había mantenido alejado durante el proceso creativo. Sorpresivamente, este disco no es experimental, sino muy tradicional. Es decir, las canciones suenan a cualquier otra banda, lo que lo hace una rareza, debido a que la música de Yoko siempre ha sido considerada como experimental. En este disco ella reclama que la sociedad le hizo estar con John ya que permanecer a su lado fue lo ideal según las normas de su timpo. «Lo que aprendí de estar con John es que la sociedad me trató como una mujer que pertenecía a un hombre y en realidad, no era así». Este disco es un agradecimiento a John Lennon por haberle ayudado a perderse y así poder encontrarse de nuevo.

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Con esta serie de tres discos lanzados de 1971 a 1973, Yoko reinventó formas de estallar y hacer explotar su pensamiento feminista, humano y sensible, facetas que le ayudaron a crear canciones que la representaran, pero también al resto de las personas que lo escucharan. Esta serie de discos es muy personal, pero al mismo tiempo engloba el sentir de las mujeres de la época.
Yoko puede ser una mujer excéntrica, pero al mismo tiempo apasionada de la vida y luchadora incansable del derecho a vivir como más te plazca. Al final, lo más valioso está en disfrutar de la vida y no atormentarse. En caso de hacerlo, siempre está Yoko Ono y su incomprendida música para reconforta el alma.

