¿Qué carajo es la neutralidad de la red y porqué debe preocuparte su final?

Jueves, 14 de diciembre de 2017 18:02

|Alejandro López

¿Te imaginas tener que pagar a tu proveedor por ver Netflix, o no poder realizar llamadas vía WhatsApp porque tu compañía lo tiene bloqueado? Con el fin de la neutralidad de la red esto podría ser realidad...


Esta tarde, la Comisión Federal de Comunicaciones estadounidense revocó la normativa de ley que aseguraba el cumplimiento de la neutralidad de la red. Se trata de un peligroso rasero que elimina de tajo la libertad que caracterizaba a Internet, donde hasta hoy los proveedores estaban obligados a tratar por igual a cualquier sitio, sin importar nada más.


¿Qué es la neutralidad de Internet?



El principio de neutralidad de la red está claro: se trata de asegurar tratamiento idéntico de los proveedores a toda clase de tráfico, sin importar el contenido. Con el fin de esta máxima, quedará en manos de los proveedores de servicio (ISP) los sitios web que sus usuarios pueden visitar, la velocidad a la que cargan y sobre todo, la capacidad de pago para navegar por determinados sitios o adquirir servicios.


Gracias a la neutralidad de la red (mantenida desde sus orígenes, pero tipificada legalmente por Barack Obama en 2015), Internet llevaba años luz de ventaja sobre otros canales de comunicación y entretenimiento, como los servicios de televisión por cable. En la red no existía ningún trato de privilegio o discriminación. Sin importar quién era su proveedor de servicios, una vez dentro de la red cualquier navegante era idéntico a miles de millones de usuarios de distintas compañías.


Internet de pobres, Internet de ricos



Este golpe abrirá un abismo hasta ahora inexistente en el mundo virtual: la diferencia entre clases. Internet como un servicio básico (y decretado por la ONU como derecho humano) tiene sus días contados. Ante este nuevo paradigma, los únicos beneficiados serán los grandes proveedores de servicio, como AT&T, Verizon, Time Warner Cable o Comcast. Estos podrán llegar a acuerdos con las distintas compañías creadoras de contenido para ofrecer un servicio prioritario, como ofrecer una velocidad más alta del promedio o simplemente permitir que los usuarios naveguen en sus contenidos. Es el principio del temido Internet a dos velocidades, donde las ISP eligen quién tiene voz, quién queda silenciado y bajo qué precio pueden acceder los usuarios a distintos sitios.


Las implicaciones del fin de la neutralidad son doblemente riesgosas cuando las ISP forman parte de los mismos conglomerados empresariales que ofrecen servicios de entretenimiento y contenidos; por ejemplo, tal y como ocurre en México con Telmex y Claro Video. En un caso hipotético, esta ISP podría decretar una disminución en la velocidad de su servicio cuando sus usuarios visiten Netflix, con la intención de forzarlos a utilizar Claro Video.


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A pesar de que esta medida únicamente tendrá jurisdicción en los Estados Unidos, el impacto global del país donde nació, así como los distintos modelos de negocio surgidos a raíz de esta cambio, inspirarán a otros proveedores alrededor del mundo para presionar al gobierno en turno y modificar las legislaciones pertinentes, tal y como ocurrió con la Comisión Federal de Comunicaciones estadounidense.

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Editor de Historia y Ciencia
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